17 feb. 2013

[Día 500] Once de la mañana.

En cuanto suena el timbre, miro a Fran. Me lo encuentro mirándome, expectante. Le indico con la cabeza que me siga, y nada más el profesor sale del aula, ambos nos disculpamos con nuestros amigos y compañeros por las prisas y salimos los primeros de clase.
Le digo que me siga, y vamos contracorriente por el instituto. Todos los alumnos se dirigen al patio, y nosotros a un lugar que encontré en estos días, en los que me he dedicado a desaparecer en los recreos para explorar el instituto. Finalmente, encontré un lugar donde hallo la tranquilidad: en uno de los descansillos de las escaleras secundarias del centro hay una figura enorme, me atrevería a llamarla estatua, del fundador del colegio. Está situada contra una esquina y el fundador está subido en una base rectangular, así que hay espacio suficiente tras esta hasta para dos personas. Es un lugar oculto, tranquilo y perfecto para desconectar porque incluso si alguien pasa no es capaz de ver en el espacio tras la estatua. En este caso, es ideal para una conversación privada.
Fran, cuando me ve acercarme a la figura y subir un pie, exclama en un susurro:
- ¿Pero qué haces, loca?
Me río sin poder evitarlo y le miro. Está ahí, echado un poco hacia atrás, con los ojos muy abiertos y mirándome como si estuviera a punto de cometer el peor acto delictivo del mundo.
- Vamos, no pasa nada - respondo.
- ¿Pretendes que entre ahí detrás contigo? - pregunta, enarcando una ceja, sin terminar de creérselo.
- Por favor - respondo, y entonces me dejo caer en el umbrío hueco tras la estatua.
Espero unos segundos hasta que oigo cómo se acerca. Me encojo, sentándome, para dejarle espacio, y entra. Mira a su alrededor y luego se sienta frente a mí. Estamos bastante cerca el uno del otro.
- Estás loca de atar - dice, sonriendo. En realidad se lo está pasando bien.
- No lo sabes tú bien - respondo, mirando a sus ojos castaños; y luego tomo aire para preguntar - ¿Qué harías si estuvieras atrapado en el tiempo?
- Locuras, haría miles de locuras. Faltaría a clase a diario, jugaría a videojuegos, iría al parque de atracciones, robaría un banco con una pistola de agua... ¡cualquier cosa! - responde al instante, emocionado. Sus ojos se llenan de luz al imaginarse las posibilidades, y consigue que sonría con cierta pena.
Pobre, no sabe lo que es llevar tan pesada carga sobre los hombros.
- Aunque supongo que al tiempo sería cansado no poder avanzar - dice, y su mirada se vuelve pensativa - ¿Por qué lo preguntas?
- Porque yo estoy atrapada - respondo, agachando la cabeza.
Entonces se lo cuento todo, como hice con mi hermano. Él me escucha con atención, y cuando termino de hablar, teniendo los ojos llenos de lágrimas y la garganta ardiendo al tratar de retenerlas; él pone sus dos manos en mis hombros y, después, me empuja hacia él y me abraza.
Durante un segundo no reacciono, pero luego hundo la cabeza en la curva de su hombro y me aferro a él con todas mis fuerzas. Como si no hubiera mañana, porque no lo hay.
- Estás loca - me susurra, pero sé que no lo dice en serio.
- Tú más por creerme - respondo, y contengo un sollozo. Él lo nota y me aprieta más contra sí, dejando que respire su piel y que sienta el reconfortante calor que desprende.
- Te creo porque no estabas mintiendo - dice - Lo sé el sufrimiento que había en tus gestos cuando me lo contabas - explica, y luego me aparta de él sin soltarme los hombros y añade - Pero hay algo que no me has dicho, ¿verdad?
- Verdad - respondo, asintiendo con la cabeza.
- Dilo - dice, eliminando el contacto físico entre nosotros.
- Sé que no somos mucho más que compañeros de clase, pero me gustas desde hace años. Bueno, para ti no son años, para ti son unos tres meses; pero yo llevo aquí los tres meses tuyos y casi dos años - digo, sonriendo tristemente - Me gustas mucho, Fran. Y tenía que decírtelo - finalizo, mirándole profundamente a los ojos.
Temo su respuesta, pues no dice nada. Se queda unos segundos en silencio, mirándome, y luego noto su mano sobre la mía. Mueve los dedos, y respondo a tal movimiento entrelazando los míos con los suyos, mirando cómo se unen y encajan. Para cuando levanto la vista, tengo el rostro de Fran a pocos centímetros del mío. Mi corazón comienza a latir fuertemente, y siento que mis mejillas se calientan. Seguro que mis labios tiemblan y que tengo las pupilas dilatadas.
Ladeo un poco la cabeza y me acerco yo también a él, mirando sus labios entreabiertos. Aprieto su mano cuando siento su suave aliento contra mis piel, y menos de un segundo después nuestras bocas se unen con suavidad. Disfruto del calor que emanan su labios y muevo un poco la mandíbula, cerrando los míos sobre su inferior. Nos damos un beso lento, suave, cariñoso. Mi mano libre asciende hasta su rostro mientras nuestras bocas se abren a cada movimiento un poco más, y después tras su nuca cuando me atrevo a rozar con la lengua su labio superior.
Al instante él responde dejando que la suya entre un poco en mi boca, y después nos besamos con pasión, atreviéndonos con un beso profundo que consigue me ruborice más de lo que estoy y que me acalore una barbaridad.
Pero ambos conocemos donde estamos, por lo que bajamos gradualmente la pasión en nuestros cuerpos y acabamos por separarnos con un último roce de labios. En cuanto su boca deja de estar en contacto con la mía, siento como si el alma se me escapara por la garganta; pero sé que en algún momento nos teníamos que separar.
- Salgamos de aquí - dice Fran, levantándose un poco.
- Si aún no ha tocado el timbre - digo, agarrando su jersey y tirando de él, pues no quiero que este momento acabe.
- No me refiero a volver a clase. Salgamos de aquí, del edificio. Quiero que pases el mejor día de tu vida, Carol - dice - O bueno, al menos un día divertido dentro de esta repetición.
- Luego la loca soy yo - respondo, esbozando una sonrisa alegre ante la posibilidad de un día diferente.
- El problema es cómo salir - dice mientras sale de detrás de la estatua.
- No es un problema, en estos quinientos días me he escapado en varias ocasiones. Sé como hacerlo - digo, y justo cuando termino de hablar es cuando acabo de salir tras la figura.
- En ese caso, muéstrame el camino - me insta, extendiendo su mano hacia las escaleras para que vaya yo delante.
Vuelvo a sonreír y comienzo a caminar, sintiéndome mínimamente viva tras mucho tiempo y agradeciéndole a Fran el estar tan pirado como yo.
..............
Bueno, pues aquí estamos con la tercera parte de Día 500.
Muchas gracias a todos aquellos que lo leeis ^^
En fin, el capítulo de hoy ha sido muy cariñosón :3 Así me ha salido.
Espero que os haya gustado mucho a todos.
Gracias, as always, a Pao D'Cid y a Cgm por leer lo que escribo y comentar ^^
En serio, chicas, sois estupendas.
Bueno, no tengo mucho más que añadir. La imagen la he encontrado en Google Imágenes, y espero que nadie me venga a reclamar su autoría xD
Muchos besitos a todos :3

6 comentarios:

  1. Awwwww qué bonito, me he emocionado mucho. Cambiando de tema, ahora no sería ya el día 501?

    Un Besazo

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    1. No sería el día 501 porque el relato empieza a las doce de la noche del día 500, así que estas son las once de la mañana de ese mismo día. Y me refiero a "día" como "día y noche", no sólo como "día" en el sentido más literal de la palabra (horas de luz). Espero que se me entienda xD
      Y bueno, algo bueno le tenía que pasar a la pobre Carol :P
      Muuuchos besos y muuuchas gracias por leer y comentar ^^

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  2. OH DIOS QUÉ LINDOS. *U* Te quedó estupendo, sobre todo la parte romanticona... me encanta.
    -Pao

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    1. Hohoho, me alegro de que te encantara ^^ Y sí, la verdad es que son muy monos :3
      Muchas gracias por leer y comentar ^^ Y por decir que me quedó estupendo ;)
      ¡Besos!

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  3. me he leido todos los capitulos de golpee y me encantaan!!!esta genial:)bss

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    1. Me alegro de que te haya gustado *O*
      Y gracias por decir que está genial, me subes la moral :3
      ¡Muchos besos! Y muchas gracias por leer y comentar, claro ^^

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