16 sept. 2015

[Sangra, amor 2] - Los iguales

Llegamos a mi casa a trompicones. Marte no me deja un instante para respirar, atrapándome con sus manos, que recorren mi cuerpo sin pudor, y sus besos ardientes. Muerde mis labios, mi mandíbula, mi nuez. Antes pensaba en ella como una leona, ahora sé que es incluso más feroz: es humana. Cuando cierro los ojos para responder a sus besos, imagino la sangre que empapa su cuerpo fuerte deslizándose por mis manos.
Saco las llaves del bolsillo mientras ella devora mi boca, abro la puerta, la arrastro conmigo al interior. Aquí va a ser mía porque entre estas paredes se encuentra mi reino, el lugar donde puedo ser yo mismo.
Doy un paso adelante, su espalda choca con la puerta y la cierra. Desabrocho deprisa el botón de sus pantalones apretados, esos con los que ha salido del club justo a las tres. Ella afloja mi corbata y va abriendo mi camisa. Estoy a punto de meter la mano dentro de su ropa interior cuando me aparta de un empujón y se arrodilla frente a mí. En apenas segundos, tengo los pantalones por los tobillos y el calor de su boca envolviendo mi sexo.
Miro hacia abajo para toparme con la fiereza de su mirada, que desaparece cuando baja la vista al topar sus labios con mi pubis. Ella mueve la cabeza sin respirar, yo bajo la mano hasta su nuca y empujo con suavidad. Es ella la que me deja llegar a la profundidad de su garganta, pero me gusta pensar que lo hace por mí, porque mi mano dirige los movimientos de su cabeza.
No sé cuánto tiempo pasa, pero es la primera vez que una mujer me hace algo así durante tanto tiempo. Su respiración apenas son aspiraciones fuertes interrumpidas en largos silencios, para después soltar todo el aire de golpe y volverlo a tomar. Cuando se alza frente a mí de nuevo, jadea.
Me importa poco su cansancio, sin embargo. La levanto, atrapa mi cadera entre sus piernas, beso su boca hasta que estamos en mi cama. Desnudo deprisa su cuerpo, bajo a mordiscos por su torso, hundo los dientes en su muslo, su ingle, deslizo la lengua entre sus piernas. Una risa corta se escapa de su boca cuando me siente en su clítoris. Había ansiado con saborearla desde que imitó la escultura que le describí, y no me decepciona en absoluto, tampoco las reacciones de su cuerpo.
Atrapa mi pelo en sus manos, de cuando en cuando algún espasmo recorre sus piernas, arquea la espalda y me veo obligado a seguir sus movimientos sin parar de darle placer. Los gemidos salen de su garganta junto con gruñidos, llenan mis oídos, me guían por su sonido para cambiar la intensidad. Quiero llevarla al clímax y luego follarla hasta que me aburra, pero ella se aparta de mí de golpe.
Me yergo, apoyado en mis rodillas, pero ella me echa hacia atrás. Separa las piernas alrededor de mi cadera, baja deprisa, tanto que me pilla de sorpresa, también cuando empieza a moverse casi de inmediato.
Es casi como si bailara sobre mí, como si fuera su nueva barra. Sus caderas sacan de mí incontenibles gemidos, sus manos no se deciden entre tocar mi pecho o el suyo. Agarro sus muñecas, las dejo a los lados de mi cabeza, atrapo sus senos en mis manos. Nuestras voces se mezclan en el aire sin palabras, me noto arder, más aun cuando nuestras miradas chocan.
Llega al clímax de pronto. Su danza para un instante en la que se ve incapaz de controlar su cuerpo, y sus ojos no se apartan de los míos. Me observa como si me hubiera conquistado, como si en ese mismo instante fuera suyo completamente. Es Marte creyendo que ha ganado la batalla.
Cuando termina, vuelve a empezar, pero a mí no me hace falta saber más. Aprovecho el volumen de sus gemidos para meter una mano dentro del almohadón de mi cama y abrir un cúter. Espero unos segundos, embelesándome con la deidad más humana que he tenido en mi cama, con sus cabellos alborotados, el sudor entre sus pechos, el gesto de absoluto placer, la mirada fiera; y sintiendo todo el calor, la estrechez, la humedad. Me dejo arrastrar y ya puedo imaginarme su sangre caliente cayendo en mi rostro y mi pecho, ya estoy sacando la mano de debajo de la almohada dispuesto a matarla, cuando ella comienza a apretar mi cuello con fuerza. El cúter pasa a milímetros del suyo.
Un corte débil se marca en su piel segundos después mientras soy incapaz de respirar. Su pulgar y su índice están detrás de la curva de mi mandíbula, mi mano amenazante al lado de su yugular, un fino hilo de sangre cayendo por los músculos tensos de su cuello. Podría matarla ahora mismo, pero todo esto me sorprende tanto… Ella es un igual, el primer igual que encuentro.
Veo en sus ojos el mismo reconocimiento que siento yo, y aunque no me deja respirar todavía, espero que lo haga. Incluso diría lo intuyo.
-Baja el cúter y dejo de apretar – dice jadeante.
Obedezco. Sigue mis movimientos con la mirada, y en cuanto tengo el brazo apoyado en la cama, mueve la mano de mi cuello a mi muñeca, aferrándola con la misma fuerza contra la cama.
Tomo aire despacio para no estallar en toses, aunque pronto mi respiración se vuelve entrecortada. Marte agarra mis manos, las coloca sobre mi cabeza, y me monta hasta que me hace terminar. Acabo dentro de ella y cuando se levanta el líquido blanco cae por sus ingles hasta la cama.
-No te preocupes – dice, tumbándose sin cuidado a mi lado – Llevo un DIU.
-¿Corro al hospital para hacerme pruebas? – pregunto, todavía recuperándome del orgasmo y sintiendo mi voz ronca por el ahogo.
-¿Corro yo? – contesta. Niego con la cabeza y dice – Dime que tienes tabaco.
-No tenías pinta de fumar – digo mientras le indico con un gesto de cabeza el primer cajón de la mesilla que tiene al lado.
-Ni tú pinta de asesino – responde mientras saca la cajetilla – Y sólo fumo cuando mato.
-No me has matado.
-¿Seguro? – pregunta encendiendo el cigarrillo, recorriendo mi cuerpo con una mirada - ¿Sueles matar en tu casa?
-Para nada, pero insistías en venir y hacía tiempo que no encontraba a nadie tan digno como tú. Pásame la cajetilla.
-¿Y lo del cúter bajo la almohada?
-Hay que estar preparado para todo – contesto encendiendo el cigarrillo. Luego estiro el brazo hacia la mesilla y cojo un cenicero que dejo entre nuestros cuerpos.
-Nunca había encontrado a alguien como yo – comenta, sorprendida.
-Y yo pensaba que jamás lo encontraría. ¿Qué hacemos ahora?
-Yo quiero fumarme esto con tranquilidad, ¿y tú?
-Lo mismo.
-Después… - deja salir el humo de sus pulmones, perdiendo la vista en las formas que dibuja en el aire según se difumina – Después veo varias opciones: nos vamos cada uno por nuestro lado, empezamos algo juntos o nos enfrentamos hasta que uno muera.
-¿Qué idea te atrae más?
-He estado sola mucho tiempo, y quizás ahora alguien me comprenda. Podemos darnos una oportunidad, ¿no crees?
-Desde luego.
Dejo el cigarrillo en el cenicero, aparto el suyo un instante de sus labios, y me inclino sobre ella para besarla una vez más, en esta ocasión con menos fuerza. Después le devuelvo el tabaco y me llevo el mío hasta el baño.
-Sabes que todo esto terminará con uno de los dos bien muerto, ¿verdad? – le pregunto desde allí, mirándome al espejo. Necesito afeitarme.
-Lo sé, y no me importa. Asesinar significa ponerse en constante riesgo – la oigo levantarse y caminar hasta aquí. Se apoya en el marco de la puerta y me mira a través del reflejo – Sientes la muerte tantas veces entre tus manos que dejas de temerla.
-Y aun así, nunca te acostumbras.
-Y aun así, siempre quieres más. 

***

Bueno, antes de nada, gracias a los que leéis esta historia ^^ Me está gustando mucho escribirla, es muy divertido, y aunque no todos comentéis por el blog, recibir vuestras impresiones por privado es estupendo.
Ahora, me gustaría añadir que esta historia está en parte inspirada por un relato del blog "Stop! It's tea time" titulado "Love". Os dejo link AQUÍ si os pica la curiosidad.
Dicho esto, espero que la segunda parte os haya gustado. Aún quedan muchas por llegar.
¡Un abrazo!

2 comentarios:

  1. DIOOOOOOOOOOS.
    ME HA RECORDADO MUCHÍSIMO AL MOMENTO DEL PIANO. EL CRESCENDO. CUANDO SE QUEDAN QUIETOS. Y DE PRONTO NO HAY MÚSICA. ME HA RECORDADO MUCHÍSIMO A ELLOS. MUCHOMUCHOMUCHO.
    Me encanta, Juls. Leerte me da la vida.
    Un beso,
    C.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esta escena no es ni la mitad de sublime, pero que te haya recordado a la del piano es todo un halago ^^ Al igual que también lo es el hecho de que te guste lo que escribo, y que me dejes un comentario. Muchas gracias por todo :3
      ¡Un abrazo!

      Eliminar

¡Eh! ¡Ten cuidado conmigo! ¡Tengo una pierna! ¡Y puedo atacarte con ella en caso de no ser respetuoso en tu comentario! Así que vete con ojo...