20 ene. 2013

Ser un monstruo

Suficiente monstruosidad hay en el mundo como para que cualquiera se deje afectar por ella y contribuya a que siga habiéndola.

Monstruosidad. Nos rodea, nos sigue, nos llama, nos tienta, nos acaricia con las uñas prácticamente arañándonos, nos hace sufrir para que caigamos en ella, nos seduce. Está ahí, constantemente, con nosotros. Forma parte de nuestras vidas desde el día que nacemos, aunque no seamos capaces de percibirla en esos momentos. La monstruosidad se empieza a hacer perceptible cuando se alcanza cierto nivel de consciencia, aunque los niños no saben que ella no reside bajo sus camas, si no en el interior de muchas personas.

Una de las cosas que más importan es quizá mantenernos íntegros ante la monstruosidad. Inevitablemente, al existir, nos va a afectar. Van a pasarnos cosas malas, es así; pero si dejamos que esas cosas nos lleguen y se queden con nosotros, vamos por el mal camino. Cuando lo malo empiece a ocurrirnos, tenemos que evitar que esté con nosotros durante mucho tiempo. Tenemos que aceptar eso y buscar soluciones para no anclarnos, para que luego esas monstruosidades no nos afecten en un futuro, que no quede resentimiento, ni tristeza, ni dolor acumulado. 

Básicamente, si tenemos que llorar, debemos llorar. Si tenemos que gritar, debemos gritar. Si tenemos que hacer algo, debemos hacerlo. Antes o después, no importa, pero no debemos guardarnos nada. No debemos ser como los camellos, almacenando agua. Hay que aprender a quedarse con la monstruosidad, pero depurándola, limpiándola, aprendiendo de ella, dejando que fluya y se vaya de nosotros, como si un fantasma atravesara nuestro cuerpo y se fuera. Si dejamos que ese fantasma se quede con nosotros, no seremos nosotros, si no el fantasma. Hay que ser resistente y echarlo de uno, aprehendiendo de él.

Entonces, cuando hagamos eso, seremos monstruos; pero aquellos monstruos a los que la gente alaba. Aquellos que cuando meten un gol la gente dice: "¡Es un monstruo!" Nosotros debemos, y podemos, ser de esos. Dejando que las cosas fluyan en nosotros, tomándonos el tiempo necesario para ello pero jamás toda una vida. Aceptando quienes somos. Aprendiendo. Cambiando. Mejorando. Dejando que la mala monstruosidad nos rodee, pero caminando nosotros por ella siendo monstruos, buenos monstruos.




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