22 jun. 2013

Impresiones sobre Quico.

He visitado tu hogar los últimos dos años, y siempre venías a saludar.
Incluso el día que me conociste, llegaste hasta mí, subiste tus patas delanteras a mí abdomen, y ladraste, alegre de ver a un desconocido en tu hogar.
"Hola, perro", te saludé - me acuerdo porque siempre te saludé así.
Y acaricié tu pelaje encrespado y grisáceo, con alguna que otra mancha de otro tono aquí o allá.
Tu aliento apestaba, pequeño, pero yo ya estaba avisada. Sabía que no debía acercar mucho mi cara a la tuya, pero aún así, tú siempre conseguías arrimarte a la mía, y yo me apartaba, entre risas, entre ladridos, entre caricias y rascarte el lomo.
Nos saludábamos siempre igual, llenos ambos de una alegría increíble, como si no nos hubiéramos visto en años. Pero luego pasábamos el uno del otro. Tú te tumbabas por los suelos, yo en los sofás. Tú dormías en un dormitorio, y yo en otro. Tú salías a pasear con tus amos, y yo me quedaba en tu hogar. Tú comías en tu comedero, yo en la mesa con los humanos - aunque en esos momentos te acercabas, ponías tus patas delanteras en la mesa y pedías con la mirada, y a veces con sonidos de lamento, algo de comida.
Recuerdo un día que te paseé, que tu amo, ese chico que te conoció con unos siete años y que desde entonces estuvo contigo hasta los veinte que tiene ahora - y que ahora mismo es el chico de mis sueños, me advirtió de que te gustaba caminar en zig-zag.
Y tenía razón. Tenía que dar vueltas, cambiarme de mano tu correa, porque eras caprichoso y cambiabas de lado constantemente. Y recuerdo mirar tus orejas, que tenían una leve caída, moverse arriba y abajo según caminabas en un gracioso movimiento que se veía también en tu sombra. Verano, por aquél entonces. Verano en el que, lentamente, empezaste a empeorar.
Porque bueno, ya de por sí estabas algo enfermo. Epilepsia, aunque eso son palabras de humano que a saber si tú entiendes. Pero, como decía, empezaste a empeorar. Eras ya perro viejo, o como dijeron en un programa de televisión, perro senior. Era lo suyo, y de algún modo tú lo sabías, porque siempre fuiste tan listo como el hambre.
Dejaste de venir a saludarme corriendo. Pasaste de eso a ir andando, y luego ni si quiera venías, en las últimas veces que te vi.
Dejaste de correr tras los juguetes que te lanzaban. Pasaste de eso a andar tras ellos, y luego ni si quiera los devolvías, los mordisqueabas un poco y los dejabas en el suelo.
Dejaste de saltar de sofá en sofá. Dejaste de pedir tanta comida. Dejaste de subirte a las sillas por ti solo.
Tu respiración se volvió pesada, tu corazón estaba dañado, y tus pulmones se llenaban de un líquido. Consiguieron parar eso, un poco, gracias a pastillas de humano partidas que tú te tomabas, alegre, envueltas en lonchas de jamón york, o pavo, o algo de carne. Según te dieran.
Pero luchar contra el ciclo vital es complicado, por lo que aunque esas pastillas te ayudaron, no pudieron parar el proceso.
Y anoche, tu amo, con el que te has criado, me habló. Me dijo que estabas muy mal, que sus padres, también tus amos, te iban a sacrificar.
Hoy ha ocurrido eso, y me da lástima no poder haberme despedido de ti. No poder haberte mirado a esos ojos tapados, casi siempre, con pelo. No poder haberte acariciado, y rascado en la parte baja del lomo, cerca de la cola, donde más te gustaba.
Te imagino hoy, cuando te han llevado al veterinario, pisando con tus patitas la acera por última vez. Me imagino que te cambiaste, en al menos un par de ocasiones, de lado. Me imagino tus orejas moviéndose de esa manera tan graciosa. Me imagino tu respiración pesada, y que intentarías volver a casa para descansar.
Pero siempre fuiste buen perro. En algún momento debiste darte cuenta de que tus amos te llevaban al veterinario de toda tu vida, y no fuiste como otros perros. No luchaste para no entrar, porque sabías que tus amos siempre te habían llevado allí por tu bien. Siempre tan listo, pequeño. Siempre tan avispado.
E imagino que te fuiste, tumbado tranquilamente sobre una camilla de metal, sin dolor. Supongo que te dormiste, y nunca más despertaste.
Supongo que ahora estás en un lugar mejor, con otros perros, saltando, jugando, lleno de vida, feliz.
Supongo que esperarás a tus amos, y que cuando lleguen, les recibirás corriendo, ladrando.
Supongo que algún día volveré a verte, que correrás hasta mí, que te apoyarás en tus patas traseras y pondrás tus delanteras en mi abdomen.
Y yo te diré: "Hola, perro"
Y los dos sabremos que nunca habrá un adiós.


-Descansa tranquilo, Quico-
-Te echaré de menos-

6 comentarios:

  1. Buaaaaa qué nonito!!! Y que triste, ahpra estoy llorando por tu culpa; mala!

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    1. Si te soy sincera, yo tuve que parar de escribirlo porque me dio la llorera. Así que hemos llorado las dos xD
      En fin, a pesar de que no pude conocer muy bien a Quico, quería escribirle algo. Se lo merecía. Era un perro genial.
      Muchas gracias por tu comentario y siento haberte hecho llorar :P
      ¡Un beso!

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    2. Espera, Quico era un perro que ha existido de verdad???
      Creí que era sólo un relato

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  2. Awwwwwwwwwwwwwwwww pobrecillo TT-TT Qué trágico, madre mía, qué trágico. Iba a preguntarte si era real, pero ya ví la respuesta. RIP, Quico :(
    -Pao

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    1. Sí, pero bueno, es el ciclo de la vida (como dice Mufasa en El Rey León). No se puede hacer nada para evitarlo, y casi que mejor así.
      Y bueno, seguro que Quico está estupendamente ahora mismo, estoy más que segura ^^
      Muchas gracias por leer y comentar, Pao :3
      ¡Un besote!

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