1 jul. 2013

Loca.

Leer con esta canción de fondo:

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Abro los ojos: una ventana rota, rayos de sol colándose por ella, tu cabeza apoyada en mi pecho, tus cabellos castaños esparcidos entre mi cuerpo, la cama, y tu propio cuerpo.
Me muevo tratando de no despertarte, pero no lo consigo. Te incorporas al mismo tiempo que yo. Te levantas sin mirarme y te vas, dejándome a mí observando el desastre de anoche.
Botellas por el suelo, cristales, cojines rotos, plumas de almohadas sobre las que no pudimos dormir más tarde, cuchillos clavados en un cuadro. Todo ello decora mi habitación.
Me levanto decidido a ordenar este infierno, pero únicamente consigo marearme y acabar sentado, de nuevo, en el colchón que tiramos al suelo cuando rompimos el somier a base de saltar en la cama.
Me llevo las manos a la cabeza. Resaca, creo que tengo resaca.
Te oigo salir de una de las habitaciones de la casa. Oigo también tus pasos llegando hasta mi cuarto.
Me giro para verte llegar con esa cadera que tanto se contonea con tu caminar. Te apoyas en el marco de la puerta. Tu cabello liso oculta tus pechos, y tus ojos me miran con tanta locura como ayer por la tarde noche, cuando te conocí.
Se dibuja una sonrisa en tus labios. Esa sonrisa socarrona, burlona, atrayente.
Haces un gesto con la mano, abarcando mi cuarto, orgullosa de lo que hicimos. No puedo evitar hacer una mueca de disgusto con la boca, y entonces tú ríes.
- Lo pasamos bien - dices, caminando hacia mí con los pies descalzos.
- No deberías andar descalza, hay crist...
Me interrumpes con un beso directamente apasionado en la boca. Enrollas tu lengua con la mía y la haces retroceder, invadiéndome. Apoyas tus antebrazos en mis hombros, cargándome con parte de tu peso, y cuando trato de terminar el beso, me agarras de la nuca y me atraes más hacia a ti, obligándote y obligándome a abrir más la boca.
Me muerdes suavemente la lengua y luego te separas, bruscamente.
- Estás loca - te digo, limpiándome los labios.
- Sé que te habría gustado llegar a más - dices, esbozando esa sonrisa que podría llevar por el camino de la falta de cordura al más cuerdo.
- Tienes que ayudarme a recoger todo esto - digo, levantándome mientras busco con la vista al menos unos pantalones con los que taparme.
- ¿Tengo? - preguntas, irónica - No, no estoy obligada.
Me pongo ropa interior y cuando levanto la vista tú ya te estás poniendo el vestido apretado, negro, que llevabas cuando te vi desde la lejanía.
Me muestras tu espalda mientras te subes la cremallera.
- Oye, tú contribuiste a este destrozo, así que ayúdame - digo, acercándome a ti.
Giras el rostro hacia mí mientras te pones uno de tus altísimos zapatos de tacón, también negros, ayudándote únicamente de un dedo.
Tus ojos de loca, tus hermosos ojos de loca, me indican que no estás dispuesta a hacerlo.
- Oblígame - dices, para luego dejar de mirarme.
Te colocas el otro zapato, giras sobre los filos de los tacones, y te haces una coleta mirando hacia abajo.
Te observo, sin saber muy bien qué decir, o qué hacer.
Creo que deberías quedarte a ayudarme, y luego irte o hacer lo que quisieras. Creo que deberías desayunar. Creo que deberías lavarte.
Creo que no debería haberte traído a casa anoche.
Me siento impotente. No puedo obligarte a que hagas nada de lo que creo que deberías hacer, y tampoco puedo echar atrás el tiempo.
Caminas hasta la salida de mi cuarto y miras el cuadro. Sonríes, esta vez con alegría, y nostalgia en tus ojos.
- Estuvo bien lo de lanzar cuchillos al cuadro.
- ¿Y el resto? - pregunto, pensando en todo lo que hicimos.
- Lo normal - respondes, encogiéndote de hombros, y saliendo de mi habitación.
Entiendo, entonces, que no soy el primero al que haces esto. Todo esto.
El primero al que destrozas el cuarto, y no sé si algo más de la casa.
Te sigo antes de que te vayas de mi hogar, descubriendo que no hay nada más roto o desordenado en él.
Veo que abres la puerta pero te agarro del brazo antes de que salgas sin decirme nada.
No me miras, y por algún motivo te pregunto si volveré a verte.
Te giras, mostrándome una mirada un tanto apenada pero una sonrisa burlona.
- Puede que sí, pero no volverás a repetir lo de anoche. Al menos, no conmigo.
- ¿Por qué? - pregunto, y tú amplías tu sonrisa.
- Soy la locura dentro de tu cabeza - dices, apoyando tu dedo índice en mi frente - Anoche salí de fiesta. Anoche te encontraste conmigo. Anoche destruimos juntos. ¿Te gustó? - me interrogas, y al ver mi asentimiento de cabeza, continúas - No te gustará tanto arreglar los desperfectos. No volverás a dejar que la enajenación te invada. No volverás a disfrutar así - dices, deslizando el dedo por mi rostro hasta mi barbilla, siguiéndolo con tus ojos.
- Estás loca - digo, frunciendo el ceño, sin entenderte del todo, sabiendo que no eres la locura en mi cabeza, sabiendo que sólo eres una chica de unos veintitrés años que dice locuras y que me ha destrozado la habitación.
- Sólo en casa ajena - dices, guiñando un ojo, y luego cierras la puerta para no volver jamás.
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Este relato se me ocurrió mientras escuchaba la canción de ahí arriba. En mi cabeza hay aún más locura y destrucción, pero os dejo imaginarlo vosotros. Imaginad a esa chica por ahí, de fiesta, gritando, bailando, con sus ojos de loca. Imaginadla bebiendo, emborrachándose, fumando. Imaginadla con su vestido negro y sus tacones lanzando cuchillos a un cuadro. Ahora rompiendo una ventana con una pelota. Ahora descalza, saltando. Ahora saliendo por vuestra casa.
Ahí tenéis las imágenes de mi mente.

2 comentarios:

  1. WOW. Te quedó genial, la locura de la tipa se le sale hasta por los poros *O* Le queda perfecta a la canción.
    -Pao

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    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, Pao. Ya no solo por leer y comentar, si no porque me halagas. Me alegro de haber transmitido bien lo ida de la olla que está la chica ;)
      Y seeeh, la canción queda estupenda. Con esas bajadas y subidas y esos gritos en los que la puedo imaginar perfectamente destrozando cosas a cámara lenta, como en una película.
      En fin, que me enrollo.
      ¡Un besote!

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