26 sept. 2013

Artefactos - Para el encuentro.

Tras una semana entrenando en solitario, siendo atacada por esferas de diversos tamaños hechas de metal, madera y plástico que surgían de las paredes por las que aparecieron mis Brazos y mis Piernas; aprendiendo a moverme con agilidad, utilizando la energía del aparato para disparar bolas de pura electricidad, e incluso enfrentarme a Dhorley en un combate; por fin han decidido aceptarme en la clase con el resto de alumnos que también utilizan Artefactos.
Ahora mismo observo a un chico y una chica humanos luchar. Son los más avanzados de la clase. Seguramente en menos de un mes comenzarán a tener misiones.
Él parece tener problemas para golpearla. El chico güns que tengo al lado, más mayor que yo, suspira y niega con la cabeza. No puedo evitar suspirar yo también.
Sinceramente, no entiendo qué tienen los humanos con eso de pegar a las mujeres. Por supuesto, los güns no aprobamos la violencia, pero esto es diferente. Es un entrenamiento, una simulación de combate. En el campo de batalla no importará si frente a ti tienes un hombre, una mujer, un humano, un güns, un anciano o un niño. Si es tu enemigo, si va a matarte, le matas tú antes. Es cruel, pero es lo que hay.
Pero los chicos humanos tienen problemas para pegar a las chicas. Es algo que tiene que ver con respetar a las mujeres. Creo que por encima está respetar a los de tu misma especie, porque antes de lo que se tenga entre las piernas, está lo que eres. Yo, como mujer, tengo ciertas ventajas físicas que los hombres no tienen; y el chico que tengo al lado tiene unas ventajas por ser hombre que yo no tengo. Estas ventajas igualan ambos sexos respecto a físico. Puede que los hombres tengan más fuerza, puede que peguen más fuerte; pero las mujeres tenemos más elasticidad y podemos esquivar mejor los ataques. 
Por eso al chico humano que duda tanto en pegar a su compañera no debería importarle hacerlo. Esto es un entorno controlado, no la va a matar y no lo hace porque sea violento, si no porque está entrenando. Es lo que debe hacer. Y si sigue negándose a golpearla, estará impidiendo su propia mejora y también la de ella. Incluso la de los que observamos el combate, porque de esto no estamos aprendiendo nada.
- Vamos, Jean, deja de esquivar sus ataques. Haz algo más productivo - dice el profesor, un güns de piel amarillenta, de mi misma raza. 
El tal Jean sigue las instrucciones y comienza a atacar. Así su compañera demuestra dos cosas: que ella también puede esquivar y que puede utilizar la fuerza del otro para devolver un ataque. 
Esto hace que el chaval comience a combatir en serio. Tomo aire, aliviada. Han sido dos minutos de exasperante espectáculo sobre leyes no escritas sociales humanas. Todo demostrado en un combate que no llevaba a ninguna parte, hasta ahora.
La verdad es que los movimientos que realizan son impresionantes. Se nota que llevan meses entrenándose a diario. Incluso puede que en sus horas libres. Se atacan muy rápidamente, sin cesar. Ven los movimientos del otro antes de que yo siquiera los adivine, se lanzan bolas de energía y las esquivan o las absorben en sus Artefactos. Suben y bajan con los propulsores de las Piernas, saltan, se pegan bien fuerte, se lanzan lejos, paran ataques que yo sería incapaz de parar. Es sorprendente.
El profesor va comentando lo que ocurre como si hubiera visto antes mil combates de este estilo. Él sí que es rápido adivinando sus ataques. Lo que queda de clase, una hora, es la observación y análisis de este combate.
La hora anterior estuvimos practicando movimientos. Me sentía como un pato en un garaje. Todos eran capaces de hacerlos y yo seguía el ritmo por los pelos. El cuarto de hora final, al menos, lo he tenido controlado. El profesor no ha bajado el ritmo ni el nivel porque yo fuera nueva, o eso espero. No quiero retrasar a mis compañeros.
Al finalizar la clase, nos quitamos todos los Artefactos y los llevamos al casillero de la pared de la que surgieron. Tengo entendido que dentro de las paredes del edificio no sólo hay un complejo sistema de cables y tuberías; si no también de pequeños ascensores y láminas que llevan diversos objetos, desde Brazos y Piernas hasta mensajes o comida, de un lado a otro. Esto lo controlan una serie de individuos que pasan sus días en los sótanos más profundos.
Salgo de la clase y voy directamente a un ascensor. Subiría en escaleras, pero no me apetece. Estoy cansada, y por una vez que suba en ascensor no me va a pasar nada ni voy a estar menos en forma.
Estoy a punto de pulsar el botón del piso de residencias femeninas cuando una mano masculina se me adelanta. Su piel humana, de un tono claro, acaricia la mía. Aparto la mano de inmediato, sorprendida ante el tacto. Siempre me fascinará la suavidad de la piel humana. 
Levanto la mirada para descubrir unos ojos más pequeños que los de mi especie, de un color verde oscuro. 
- Lo siento - se disculpa, sonriendo levemente - ¿A qué piso vas?
- Al noveno - respondo.
- Noveno - repite el chico, pulsando dicho botón.
Es curioso, pero estamos solos en el ascensor. Normalmente sube mucha gente en ellos, pero esta vez somos sólo nosotros dos.
- Te he visto hoy, en clase - me dice - Lo creas o no, te has adaptado rápido.
- No me mientas - digo, esbozando una media sonrisa.
- Bueno, o te has adaptado rápido, o yo soy muy torpe. Tardé tres días en conseguir lo que tú has conseguido en tres cuartos de hora. Ya sabes, seguir el ritmo.
- Entonces, eres muy torpe - bromeo, y él se ríe.
- Me llamo Ludwig - dice, estirando su mano derecha.
- Yleendra - respondo, tomando la suya con la mía.
Al apretarla, puedo sentir los huesos debajo, lo cual me da un poco de grima. Mi piel es más gruesa, y la de cualquier güns en general. Sé que hay huesos debajo pero jamás he llegado a sentirlos, y jamás se me han marcado. Siquiera en las rodillas o los codos. Como mucho, en la cabeza. Pero nada más.
- Pues gracias a ti he dejado de ser el novato, que lo sepas - comenta, soltándome.
- Supongo que ahora la novata soy yo - digo, y no puedo evitar poner los ojos en blanco - Dime que no me harán novatadas.
- No, son todos una panda de serios, aunque tampoco es tiempo de bromas - responde, y entonces me fijo en cómo baja la mirada al suelo.
Puedo ver en sus verdes ojos un sentimiento de frustración y tristeza. El mismo que ponemos todos en nuestras habitaciones cuando miramos imágenes de nuestras familias y amigos. El mismo que he visto más de una vez en alguien que mira por una ventana, a veces apoyando los dedos en el cristal, como si así pudieran tocar aquello que recuerdan. El mismo que tiene cualquiera que camine por estos pasillos.
Pero todos somos de hierro en el exterior. Mostramos cualquier sentimiento excepto tristeza, aunque generalmente la seriedad reina estos lugares. La procesión va por dentro, en privado, y es por eso que nuestras bocas se tuercen hacia abajo y nuestros ojos se llenan de lágrimas únicamente cuando estamos solos.
Sin embargo, este chico es capaz de mostrar esto delante de mí. Es capaz de quitarse de encima todas sus máscaras y abrir paso a sus sentimientos más profundos delante de una completa extraña.
Y por esto, un impulso me lleva a tocarle la mano de nuevo, esta vez de otra manera. Entrelazo apenas el tercer dedo de los tres que tengo con el último suyo, el que ellos llaman meñique. Lo aprieto y responde, apretando el mío también.
Se lleva el antebrazo a los ojos y se sorbe los mocos. Mueve su mano y acabamos por entrelazar, como podemos, todos y cada uno de nuestros tan diferentes dedos.
Me aprieta y entonces le veo levantar la mirada, endurecerla, tragarse todo lo que había mostrado. Se yergue, poniendo recta la espalda, y frunce el ceño.
- No te preocupes, todos nos sentimos así aunque lo ocultemos - digo, bajando la vista a nuestras manos.
- Lo sé, y eso es lo peor - responde, y me suelta.
Justo entonces las puertas se abren. Séptimo piso, residencias masculinas.
Le veo salir y despedirse de mí sin girarse, simplemente moviendo la mano con la que me ha tocado.
Yo levanto la mía en principio para responder a su despedida con el mismo gesto, pero me sorprendo a mi misma estirando el brazo hacia él, como queriendo agarrarle.
Es la primera vez en mucho tiempo que me siento unida a alguien, aunque haya sido unos escasos segundos, y es por eso que no puedo evitar sentirme un poco triste cuando las puertas del ascensor se cierran.

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Bien, pues aquí os traigo la tercera parte de Artefactos.
Y no sé qué más deciros xD Llevo como cinco minutos pensando qué escribir aquí abajo y no se me ocurre nada en particular.
He estado haciendo bocetos de Yleendra, de Dhorley, de los Artefactos y también ahora de Ludwig. A ver si dibujo alguno decente y lo subo, que ya vale de fotos chorras.
Y por cierto, supongo que se entenderá, pero eso de la foto es un ascensor abriéndose (o cerrándose, como veáis).
En fin, pues eso. Gracias a Cgm y Pao D'Cid por haber comentado la segunda parte ^^
Espero que os haya gustado esta parte también, que comentéis y todo eso que ya sabéis porque siempre os estoy dando la tabarra con ello al igual que el resto de blogeros.
Venga, un abrazo para todos y nos leemos próximamente :3

4 comentarios:

  1. Aaaaayyyy, que monos, un Beethoven (Ludwig) y una gün enamorados.
    Qué cosita más mona

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    1. Eeeeh, has pillado que es el nombre de Beethoven ;) Bien, bien. Es que estuve buscando nombres alemanes, me encontré con ese y pensé: "Perfecto". Me gusta mucho Beethoven. Sin duda un enorme compositor.
      Respecto a su enamoramiento, no adelantemos acontecimientos :P
      ¡Un besazo!
      Y muchas gracias por leer y comentar ^^

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  2. Awwwww, que adorables que son *u* Me encantó.
    -Pao

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    1. La verdad es que sí que me quedaron un poco adorables, sí :P Y me alegra que te encantara ^^
      Muchas gracias por comentar y leer, Pao :D
      ¡Un besote!

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