1 jul. 2014

Treinta de Junio tardío - Con toda tu fuerza

Quería besar las líneas rosadas en tu brazo. Todas seguidas, todas juntas, en un pequeño espacio más cerca de la muñeca que del codo. Quería besar esas heridas, decirte que no me importaba que estuvieran ahí, que tus motivos tendrás, que algún día podrás dejar de hacerte eso para escapar. Me preguntaba mientras las miraba, de reojo para que no te dieras cuenta, cuáles serían tus motivos. Con qué lo habías hecho. Si llorabas mientras, si tenías ganas de gritar hasta que tus pulmones no aguantaran más. Lo único que sabía es que habían surgido de un sufrimiento que no podía ayudarte a sobrellevar -y no sabes la rabia que me da, C-. Que era algo que sufrías, y sufres, en silencio. 
Por eso seguí acariciándote la mano, y a veces las sentía al descender por el brazo. Las sentía en las yemas
de los dedos, y me daban ganas de quedarme ahí, de acariciarlas. De hacerte ver que estaba contigo también en eso. Que conmigo no sólo hay risas y chistes malos y "venga, chula". Que puedes hablar conmigo de lo que quieras y estaré ahí para escucharte. Que si me despiertas con una llamada a las cinco de la madrugada, estará bien. Que hablaré contigo. Que haré todo lo que esté en mi mano para que estés mejor.
Y ojalá pudiera correr a tu casa cuando estuvieras mal. Ojalá poder ir para abrazarte y decirte que todo irá bien, confiando ciegamente en el futuro. O quizá no tan ciegamente. Quizá es que confío en ti, que veo en ti cosas que ni tú misma ves o sabes. No lo sé. Confío en ti. Sé que eres fuerte, tan fuerte que prefieres hacerte daño a ti misma que preocupar a los demás. Tan fuerte que aguantas el día a día tan bien como puedes. Tan fuerte que nos ofreces a los demás una sensación de seguridad cuando estamos a tu lado. Tan fuerte que siempre tienes sonrisas para el resto aunque por dentro no estés bien del todo.
Sé que eres inteligente. Sólo me basta estar contigo para saberlo. Sólo me basta con mirarte a los ojos. Nunca sé qué es lo que pasa exactamente por tu cabeza. Nunca sé qué es lo que realmente piensas o quieres. Sé que las conversaciones contigo me hacen ver que rebosas inteligencia. Que estudiando apenas una hora consigues aprobar, incluso con notas superiores a un seis. Que te interesa el arte y la ciencia a partes iguales.
Sé que luchas por tus sueños. Que te esfuerzas por levantarte cada día de la cama. Que aguantas el peso de tu vida sobre tus hombros. Que no te rindes. Que dibujas y mejoras y llegarás lejos. Que algún día nadie podrá parar tus pasos e irás a dónde quieras, con tu cabeza de colores, con tus botas marrones, con la mochila colgada de un sólo hombro.
Lo que no sé es si tú sabes todo eso. Todo eso y más. No sé si sabes que eres preciosa, que tienes los ojos más bonitos que he visto jamás, que no podía parar de fijarme en su forma y lo grandes que eran. Que se llenaban de alegría cuando sonreías, y que tu sonrisa se ha quedado grabada en mi cabeza. Pienso en ti y de las primeras imágenes que aparecen frente a mis ojos, son las comisuras de tus labios levantándose, junto a tus mejillas. Ese gesto de felicidad no se olvida. Ojalá pudiera hacer que todos los días de tu vida fueras feliz.
No sé si sabes que iluminas con tu mera presencia a los demás. Que provocas alegría y una sensación de pecho lleno en cuanto quien te conoce te mira, o en cuanto hablas. Que sólo con estar ahí ya alegras las horas. Que Madrid se queda un poco vacío cuando te vas. Que verte conectada en Skype significa querer hablar contigo durante horas -que si no hablo contigo a veces, es porque no quiero que te hartes de mí, no quiero perderte por ningún motivo. En este tiempo, desde que te conocí, te has vuelto tan importante para mí que perderte sería difícil se asumir-. Que ver tus reblogs en Tumblr se traduce en un saber que estás bien, que estás ahí... y que demuestras con todos ellos que eres una persona genial, con un corazón que no le cabe en el pecho, con una sensibilidad que muestras en cuanto te cuento alguno de mis problemas, con intereses diversos, con mucho sentido del humor.
Todo esto te puede parecer que lo digo desde mi punto de vista, pero no es verdad. Encantas a quien te conoce. Los que has conocido aquí, en Madrid, sólo han tenido palabras agradables sobre ti una vez te has ido. Sólo han podido decirme que ojalá vinieras más veces.
Ayer, cuando después de abrazarte te fuiste, me quedé esperando a que el autobús arrancara. Te vi mirando al móvil, sentada, con el bus en movimiento; y me sentí repentinamente triste. Ahora escribo estas líneas y me siento igual. Saber que no podré volver a verte en meses, quizá. Que no podré reír a tu lado, que no tendré ocasión de abrazarte, que me estoy perdiendo el sonido de tu risa y de tu voz, conversaciones y paseos por aquí y por allá. Que no tendré que girarme en el metro para saber si estás a mi espalda, para saber que estás bien. Que no me daré cuenta ni de la mitad de los mozos que pasan a mi lado. Saber que no podré disfrutar, simplemente, de que estés cerca.... todo ello consigue que me sienta triste, que quiera ir a donde estás sólo para verte un rato más. Que si un genio de la lámpara apareciese, uno de los deseos que le pediría sería vivir cerca de ti -o que tu vivieras cerca de mí, porque te consultaría antes-. Aunque ese sería el segundo. El primero sería un "que ella sea feliz, para siempre".
Porque eres tan importante para mí. Tan importante para tanta gente. Y quizá no lo sepas. Pero para los que eres importante, eres también todo lo que he dicho de ti. Todos esos adjetivos y expresiones y frases largas describiéndote. Y seguro que todos queremos verte sonreír y que seas feliz. Seguro que todos responderíamos esa llamada a las cinco de la madrugada. Seguro que todos nos sentimos un poco mejor cuando estás conectada. Seguro que si pudiéramos, correríamos hasta donde estuvieras cuando estuvieras triste para darte un abrazo, para que te sintieras mejor.
Todos querríamos besar tus heridas y hacerte saber que no pasa nada. Que algún día podrás darte la vuelta y mirar al pasado y sólo sonreirás al darte cuenta de que eres más feliz de lo que nunca has sido. Definitivamente puedo verte así, con tu cabeza de colores, tus botas marrones, tus ojos expresivos, con la sonrisa más bonita jamás vista. Igual que puedo verte girándote y caminando, un día más, una vez más. Aguantando la vida sobre los hombros. Con todo lo que eres. Con toda tu fuerza.

2 comentarios:

  1. *expresión tan conmovida que no sabe qué comentar excepto por* BELLÍSIMO
    Espero que a C le vaya excelentemente.
    -Pao

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. C... va tirando como puede, y es lo mejor que puede hacer. Se esfuerza en todo lo que hace y en seguir adelante cada día y eso la hace fuerte. Pero algún día le irá excelentemente, eso seguro, porque se lo merece y porque está luchando por ello.
      Me alegra que te pareciera bonito y te conmoviera ^^
      Muchísimas gracias por tu comentario, y también por tus buenos deseos para ella, que eso nunca está de más :3
      ¡Un abrazote!

      Eliminar

¡Eh! ¡Ten cuidado conmigo! ¡Tengo una pierna! ¡Y puedo atacarte con ella en caso de no ser respetuoso en tu comentario! Así que vete con ojo...