8 sept. 2015

Desafinado

Eh, chico. Acércate un rato, aunque pon antes algo de bossa nova. No la de la niñata rubia, no me toques los cojones. Sé que puedes hacerlo mejor.
Haz como que fumas un puro mientras yo finjo aspirar el humo de un cigarrillo. Estamos solos tú y yo, como tantas veces. Nos apoyamos en barras imaginarias, damos vueltas en una tercera persona muy primera dentro de un espacio sin límites ni tiempo. Al ritmo que acaricio mis pestañas, caminamos, reímos. ¿Te he dicho que te sientan bien las gafas? Sé que a mí me sientan mejor, pero no me halagues así. Hasta una mierda en el hombro me sentaría bien.
Pienso que no debería decir estas palabras. Quizás tus pasos, tus verdaderos pasos, acaben en esta esquina si es que pretendes torturarte un rato. Pero no pares de escuchar si estás aquí, me estoy comunicando contigo en el único medio que me dejas, que me dejo: el más ineficaz e improbable.
Has llegado -hemos llegado- a esta esquina. Levanta la vista un instante. ¿Qué ves? ¿Cielo nocturno? ¿Vas a despedirte de mí en la puerta una vez más o tengo que imaginármelo? ¿Guardo ya las llaves que he colocado entre mis dedos? Tú me dirás. Podemos estar aquí cuanto queramos. No tienes por qué decirme adiós, no aquí, no ahora. No hay tiempo, como te he dicho. No hay límites. 
Si me echas el humo en la cara, no me importará, al igual que si quieres darme a probar tu tabaco. No tengo problemas en compartir saliva, ni en compartir en general. Quiéreme como quieras que aquí estamos seguros, que en este sitio puedo dejarme querer. 
Pero mira, no. En realidad, no. Vete, es lo mejor. No me apetece brindar con una botella nuclear mientras la onda expansiva de un hongo nos despelleja, nos atrapa, a nosotros y a todos, desprevenidos en nuestros pensamientos imposibles mientras caminamos sin rumbo. ¿De qué nos vale eso, querido, a ti y a mí?
Vete que yo espero. Me siento en el suelo, ya sabes que me da igual. Me cruzo de piernas, pego la espalda a la pared, rasco por encima de las medias. Tengo tiempo, tengo amor suficiente para esperar todo lo que necesites, para recibirte con la mejor de mis sonrisas cuando quieras volver.
Entonces, ambienta de nuevo con bossa nova. Mejora mis noches y mis días con la mera posibilidad de hablar contigo, con tu presencia constante por lejano que estés. Daremos más vueltas con la calma.
Pero no te olvides de que ambos habremos cambiado para entonces, y que aunque nada pudo haber sido, te confieso con brutal honestidad y deleznable cobardía que aquí, exactamente en esta esquina, sí lo fue. 

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