8 sept. 2015

Y es que no me importa que me duela(s)

La cera caliente que eran mis lágrimas hace dos noches se ha endurecido. Cubre ahora mi piel a modo de armadura, es difícil moverse. Se resquebraja según escribo estas líneas, y a cada pedazo que cae sobre el teclado, un pensamiento atascado se libera. Por supuesto, queda entre las teclas, como los fragmentos de las pipas que evitan agresiones a mis pestañas. Así sé que conservaré la memoria, que aprendo una nueva lección, que libero pero no olvido. Estas líneas guardan estos días, estos dedos cada vez más ágiles desgastan las letras dibujadas. 
Pienso en ti, cómo no. Pensaré en ti mañana y pasado y dentro de una semana y toda mi vida. Quizás no con tanta asiduidad, quizás no de la misma manera. Al igual que ahora al pensarte siento un clavo en mi esternón, sé que en algún momento sonreiré -sonreiremos, espero.
Pero hoy... hoy me saco un rato el clavo, perdóname. Lo pulo a golpe de tecla, lo vuelvo romo, lo dejo aquí, en la mesa, en la pantalla. Mantendré con él las conversaciones que no tengo contigo, nos comprenderemos, lo revisitaré durante horas hasta convertirlo una aguja, y sólo entonces lo calentaré entre mis manos hasta que arda y lo clavaré, lentamente, dulcemente, entre mis costillas. 

2 comentarios:

  1. Me quema este abrazo que no puedo darte, te lo juro.

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    1. No te preocupes, estoy bien. Las entradas que puedan surgir estos días soy yo lidiando con todo lo que me pasa por la cabeza, desde ideas disparatadas hasta lo más lógico.
      Cuento este comentario como un abrazo, de todos modos ^^
      ¡Un abrazo, estupenda! Y gracias.

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