1 sept. 2015

Memoria - Primeros días - (#ProyectoParaDos)

12 de noviembre
               
                Cae el Sol una vez más y como las criaturas nocturnas comienza mi desvelo. Las noches son interminables en esta casa. El silencio, que tanto necesitaba antes, ahora se vuelve un potenciador de las palabras que surgen en mi mente, preguntándome cuántos misterios esconde este lugar.

He descubierto que la zoología es importante aquí: durante el día me descubro como un ave de presa buscando comida, solo que mi alimento son las respuestas que trato de encontrar. Cuando la Luna domina el cielo, brotan de mi cuerpo nuevas plumas que uso para mojar en tinta y describir a lo que me he dedicado durante el día, qué nuevas presas he logrado cazar. Soy así una lechuza sobre el hombro de Palas Atenea, recordando la batalla diurna y plasmándola, inmortal, en hojas de papel.

Es invierno, aquí igual que en el resto del país, y se nota en el frío que encoge mi alma. Me siento tan desnudo como los árboles del jardín delantero, al que suelo salir para respirar, intentando aclarar los pensamientos tan confusos que se generan aquí dentro. Recuerdo las manos de Catherine tejiendo durante las tardes: cómo creaba armonía y utilidad a partir de un ovillo, y pienso que, si supiera coser, quizás podría poner orden a lo que corre por mi mente y conectarlo. Sería tan fácil como ir desenvolviendo el hilo de los acontecimientos y, mediante un patrón lógico, crear algo que me hiciera comprender. ¿Qué se oculta en los pasillos? ¿Quién los mantiene limpios y ordenados? ¿Qué mano escribió las letras que me llevaron hasta aquí?

Aunque no he visto a nadie desde que llegué, a veces me parece oír pasos en otros pisos, suspiros en el corredor. No sé si se trata de paranoia, pero aunque lo sea, está claro que no estoy solo. Alguien deja comida siempre a las mismas horas en el comedor principal, alguien ordena mi cuarto cuando no estoy, alguien se ocupa de que esta casa no se desmorone. ¿Dónde se esconde esa gente? Por muchas vueltas que dé, jamás encuentro a nadie. ¿Acaso me evitan? Y si lo hacen, ¿por qué me invitaron? O quizá soy víctima de un juego macabro. Es posible que esta casa la habiten presencias extrañas, o incluso espíritus que se divierten a mi costa. No sé si me estoy volviendo loco.

Por muchas veces que recuerde mi vida hasta hoy, no encuentro nada que me lleve a pensar que merezco esto. Aunque hay un episodio que, tal vez, explique mi estancia aquí: fueron muchas las operaciones que he dirigido en quirófano como cirujano y cada una de ellas con resultados diversos. La muerte es algo que va adherido a mi profesión como una segunda piel y más de una vez he tenido que enfrentarme a ella. Pero en el caso de una de mis pacientes fue diferente. Era una niña de diez años, con los ojos más vivos que he visto nunca, y aun así no pude salvarla. Todos mis intentos de mantenerla con vida después de su accidente fueron en vano. Sus padres confiaron ciegamente en mí y yo les fallé. Aunque no veo a esa gente capaz de hacerme esto, además que no gozaban de un estatus tan elevado. No puedo imaginarles manteniendo un hogar como este, pero ¿es acaso un hogar? La actividad es mínima y parece enfocarse en mí, como si nadie más necesitara cuidados, como si hubieran esperado a mi llegada para poner en marcha el complejo mecanismo de asistencia.

Hoy he cenado de pie. Daba vueltas alrededor de la mesa alargada, masticando despacio cada pedazo de carne que cortaba, de un sabor exquisito como todo lo que sirven, pensando en qué escribiría esta noche. Quizá este es el único momento en que pienso con claridad, justo antes de que el agotamiento que supone pensar constantemente en el enigma de este lugar me arrastre hacia la cama.

He decidido, durante un instante de plena lucidez, que si no encuentro a nadie en los próximos días, me marcharé. He caminado antes hasta el portón del jardín y lo he abierto con la intención de salir. He observado largo rato el exterior, pero finalmente no crucé el umbral. Es demasiada la curiosidad que siento por este sitio, quizá la misma curiosidad científica que me impulsó a estudiar medicina hace años.

Ahora tengo claro, sin embargo, que no encontraré las respuestas solo, que éste es un misterio que se escapa a mi lógica. Necesito respuestas salidas de la boca de otro ser humano, o al menos la confirmación de que esto no es nada sobrenatural, de que, efectivamente, son otras personas las que hacen y deshacen a mis espaldas. Si no encuentro a nadie, si los responsables de toda esta locura no aparecen, me iré para no volver. Regresaré a la tranquilidad de los brazos de Catherine y trataré de olvidar toda esta pesadilla sin sentido.




15 de noviembre
               
Definitivamente, me voy, dado que sigo tan solo como al principio. Mi maleta me espera cerrada a los pies de la cama. Cuando termine las líneas que resumen el día de hoy, volveré a casa con Catherine. Estoy hastiado de recorrer los pisos y no hallar más que lo mismo que el día anterior. Este diario no me acompañará, no quiero recuerdos de este extraño episodio. Que se lo queden los fantasmas de este lugar, que hagan con él lo que quieran, a mí esta locura ya no me importa. No tiene sentido y no debo buscárselo. Hay cosas que jamás podremos explicar, creo que lo mejor es aceptarlo por mucho que la curiosidad nos

Acabo de deshacer la maleta. Por fin mis dudas empiezan a aclararse. Ya tengo un hilo del que tirar, un hilo en forma de mujer. Escribiré ahora el episodio que me ha obligado a interrumpir mi narración tan abruptamente, para no olvidar ni el más mínimo detalle:


Un golpe al otro lado de mi puerta me ha sobresaltado, seguido por unos pasos ligeros alejándose por el pasillo. Antes también había oído movimientos y suspiros, pero no tan cercanos. Enseguida he sabido que debía averiguar el origen de tal estrépito, esa era la oportunidad que esperaba. No he tardado más que unos segundos en salir de mi habitación, pero han sido suficientes para ver una sombra girando en la esquina, al fondo del corredor, huyendo quizás. Con una vela como único instrumento para guiarme, seguí aquella figura misteriosa dispuesto a llegar a donde fuera que me condujeran sus pasos. Las alfombras ahogaban el sonido de nuestras pisadas, la luz rojiza alargaba siniestramente las sombras de los cuadros y las esculturas. Avanzaba a través de un bosque de obras de arte que me miraban amenazantes.

Nunca perdí de vista aquella silueta. La seguí cuando subió las escaleras de mármol, cada vez más seguro de que se trataba de una mujer. Los pasillos nos tragaban a ambos y nos escupían en salas que no había visto antes, pero que mantenían la estética del resto de la casa. Los techos, abovedados y afilados como espinas, ofrecían la posición perfecta a las figuras pintadas en ellos para observar nuestra carrera. Ellas conocían el misterio y ahora estaba a punto de acompañarlas en su sabiduría.

La figura se perdió de pronto entre la oscuridad, tratando de esconderse, pero cometió el error de hacer ruido al cerrar una puerta. Me guié por ese sonido hasta un pasillo estrecho similar al que sirve de acceso a mi habitación. Abrí cada puerta con rapidez, echando vistazos que duraban apenas segundos a cada dormitorio vacío, hasta que en uno encontré mi premio: una mujer miraba fijamente en mi dirección. En su mano derecha un candelabro la convertía en una amalgama de sombras y luces, y hacía sus rasgos inhóspitos, tétricos, envolviéndola en un aura rojiza y titilante. Su mirada parecía angustiada, y se sobresaltó cuando cerré la puerta a mi espalda.

-¿Quién es usted? - Le he preguntado. Como respuesta, un silencio entrecortado por su respiración agitada. No he podido contenerme, he expulsado todas las preguntas que llevaba tiempo almacenando - ¿Por qué estoy aquí? ¿Hay más gente como usted? ¿Quién mantiene todo esto? ¿Durante cuánto tiempo piensan seguir con este juego?

Las palabras salían atropelladamente, se me atragantaban y las vomitaba. Estaba tan ansioso por obtener todas las respuestas que ni siquiera dejaba tiempo para que la mujer me las diera. Al igual que un buitre picotea rabioso el cuerpo sin vida de otro animal para saciar su hambre, yo era guiado por el mismo instinto, aunque preguntar sin pausa no tuviera efecto alguno.

-No debería estar aquí - ha dicho ella de pronto, interrumpiéndome. La luz  de las velas parpadeaba, iba y venía al ritmo del temblor de su manos nerviosas.

-¿Por qué no? - he preguntado.

-No puedo responderle. Por favor, váyase.

-Insisto. Tiene que contestar.


En ese momento, ha parecido reunir fuerzas. Ha tomado una gran bocanada de aire, centrados sus ojos en los míos, y ha comenzado a caminar hacia mí. Por un momento me ha recordado a Catherine, la misma determinación en su rostro, la mirada de amenaza que me lanzaba cuando se enfadaba.

-Necesito respuestas - he dicho cuando ha llegado a mi lado. Ha abierto la puerta detrás de mí y ha intentado echarme de su habitación - No puedo seguir con esta incertidumbre - he dicho como último intento de no marcharme con las manos vacías.

-Lo único que puedo decirle es que tendrá respuestas a su debido tiempo - ha especificado, dándome un pequeño empujón que me ha dejado en el pasillo - Por favor, no me busque de nuevo. No sé mucho más que usted.


Esas han sido sus últimas palabras. Al contrario de lo que pretendían, sólo han conseguido generarme más dudas. Nuevos interrogantes que se unen a este baile psicológico. ¿Cómo despejar mi mente si no dejan de llegar invitados indeseables? Que acabe todo esto cuanto antes, que pare la música y se vayan todos. Necesito el salón de baile para mi solo. Necesito estar cara a cara con este anfitrión informe.

***

Este relato es la primera parte (los primeros días) de lo que he escrito con Rodrigo Sánchez Nieto, que es estupendo, para el proyecto de Reivindicando Blogger llamado #ProyectoParaDos. Si queréis continuar leyendo este relato, id a su blog: Stop! It's tea time
¡Esperamos que os guste! Un abrazo.

10 comentarios:

  1. Ha sido grandioso, Ju. De los mejores textos tuyos que he leído, sin duda, es magnificente, poderoso, sólido y vibrante como un volcán dormido. Me ha fascinado desde el primer momento, tanto que estoy casi sin palabras. Voy a leer ahora la parte de Rodrigo, que seguro es igual de fantástica. Felicidades.

    Un frío beso,

    Emily

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    1. Muchísimas gracias, Em. Me alegra muchísimo leer esas palabras, saber que te ha cautivado desde el principio, y si te soy sincera, coincido contigo en que es como un volcán dormido, sobre todo en esta parte, en este inicio.
      Estoy segura de que la parte publicada en el blog de Rodrigo te gustará tanto o más como esta. Lo mejor está por llegar ;D
      Muchísimas gracias por comentar, y un abrazo muy fuerte.

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  2. Querida Ju: tienes una forma de escribir que encandila. Te lo suelto así porque es una de las cosas que más me ha llamado la atención del relato: lo bien escrito que está. Es por eso porque lo que estoy seguro de que vas a llegar muy lejos escribiendo, y de que vas a escribir muchísimas más cosas a lo largo de tu vida. Estoy convencido.

    Dejando eso al margen, también me gustaría decirte que este relato es una maravilla. Tiene intriga, muchísimo orden y muchísimo suspense, y creo que son los ingredientes clave :) ¡Muchas gracias por escribir algo así! (Y nunca pares de hacerlo).

    ¡Un beso!
    Paco M.

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    1. Sólo he podido escribirlo tan bien gracias a la ayuda de Rodrigo, que tiene un estilazo increíble (aunque yo sola tampoco me quedo atrás, pero sí es cierto que juntos somos mejores :P). Aprecio lo que has dicho de que llegaré lejos ^^ Espero que sea así, la verdad, y que lo hayas dicho con tal convencimiento me da ánimos, así que gracias.
      Gracias también por halagar así el relato, por leerlo, por comentar... me alegra muchísimo que te haya gustado tanto :D Siento que el esfuerzo se ve recompensado.
      ¡Un abrazo!

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  3. *respira hondo* *otra vez* *tranquila* *no hiperventiles*
    ME ENCANTA, JODER, ES QUE SOIS MARAVILLOSOS Y OS BESABA LA VIDA AHORA MISMO. ES GENIAL, ABSOLUTAMENTE GENIAL, ESTOY AQUÍ QUE SE ME ENAMORA EL ALMA Y ES COMO AAAAAGH ME HABÉIS DEJADO TONTO EL CEREBRO Y NO PUEDO PENSAR SOLO PUEDO GRITAROS QUE ME E-N-C-A-N-T-A.
    Gracias, en serio, ambos sois increíbles. Y ahora me voy corriendo a visitar a Rodri porque necesito más, MÁAAAAAAS.
    Un beso,
    C.

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    1. NO HIPERVENTILES CARLA. NO HIPERVENTILES Y BÉSAME LA VIDA ENTERA.
      Me alegra muchíiiiisimo que te encante, que te parece genial y que se te enamore el alma, se te enamore ^^
      Y gracias a ti por comentar y leernos, guapa. Escribir es algo que hacemos con gusto, no algo que se nos deba agradecer.
      Espero que la parte en el blog de Rodri te guste tanto como esta y que le dejes un comentario de este rollo xD Seguro que le encanta.
      ¡Un abrazote!

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  4. ...
    Increíble. Me habéis hecho pensar. Me habéis dejado maravillado.
    Increíble.

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  5. Es sorprendente cómo todos los sonidos de la noche vuelven a mis oídos cuando finaliza la lectura, cuando los cansados engranajes se detienen y las paredes óseas dejan de estremecerse. Habéis hecho que desee más, que la delicada lengua que ansía conocimiento pasee atenta sobre el rugoso papel, en un intento de saborear su perfección y comprender su fin.

    Me ha gustado mucho esta primera parte, y antes de que concluya la noche atacaré a la segunda. Un abrazo,

    Naif.

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    1. Antes de que la noche concluya, mientras el solitario lobo aúlla a la ciega luna y en los fríos ojos del fiero se refleje el cálido aliento de su amada, el palpitar de una llama iluminará el abismo que separa al escritor y al lector del deseado papel.

      Me ha gustado mucho el relato. Personalmente me ha apasionado más la primera parte, si bien la segunda ha borrado los contornos de este mundo además de sus sonidos. Ha sido perfecto y adorable.

      Deseo seguir leyendo de ambos,
      un fuerte abrazo,

      Naif.

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  6. Tremendo. La narración es espectacular y la historia me deja con ganas de ver más. Felicitaciones por tan buen resultado, me voy a seguir leyendo.
    ¡Un beso!

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¡Eh! ¡Ten cuidado conmigo! ¡Tengo una pierna! ¡Y puedo atacarte con ella en caso de no ser respetuoso en tu comentario! Así que vete con ojo...