24 may. 2017

Rendidos


Que alguien grite que ya está,
que nos rendimos.
Alguno de nosotros, ahora,
bien alto: nos rendimos.

Que no basta con nuestra piel
contra la pared, tiras de dermis
ahí, en la acera, en las vallas,
en un paso de cebra.

Que no es suficiente la ira
ni la risa para cubrirla,
ni el hastío que quiebra
estas espaldas desesperadas.

Que está bien, no valemos,
nunca lo haremos,
no hay luz si nacimos
para soplar las velas.

Que haremos lo que podamos
con ese peso de los santos.
La historia es cíclica
y nos ha tocado ser Atlas.

Que nos arrojamos al suelo
a veneraros si hace falta,
somos el asfalto cuyos baches
son vértebras que sobresalen.

Que la oscuridad de una habitación
en la más cerrada de las noches
es la que verá el astronauta
al que ahora decís que no valdrá nada.

Que está bien, no lo entendemos,
no hemos sufrido, somos blandos,
y como un mártir se arroja otro más
por la ventana al no ver puertas.

Que si alguna llora en una esquina
por cualquier cosa tachada de tontería
es su culpa y sólo suya,
nada tiene que ver la odiosa lengua.

Que hemos aceptado que el humo
nos llenara hasta la pupila,
y no podemos sino refugiarnos
en el resplandor de una pantalla.

Que da igual, da exactamente lo mismo,
si ante la promesa de que al partirla
abrazaríamos al que responde al otro lado,
lanzaríamos el puño dispuestos a sangrar.

Que vivimos llenos de sanguijuelas,
que caminamos como ánimas
desde que al dar los primeros pasos
nos decís que no tan rápido.


Que está bien, de verdad,
es una promesa: nos hemos rendido,
alguien lo grita desde el vacío
y  ni con esas os entra hasta el tímpano.

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