19 dic. 2015

Aquella semana en verano

Despierto entre tus sábanas, esas tan blancas y bien colocadas, en el frescor de las primeras horas de esta ya luminosa mañana. Has llegado de pasear a Ninja. Tus manos huelen al jabón con el que las lavas cuando la dejas a mi lado, ordenándole que me despierte.
Ella, tan tranquila, no hace nada.
Tú, tan nervioso, me agitas.
Me río todavía con los ojos pegajosos, estiro los brazos, me rodeas con los tuyos. Me concedes mis cinco minutitos más mientras sirves la mesa. Esto es en lo que pienso mientras lo oigo, estas frases, y unas cuantas más:
No quiero que esta semana de libertad y cariño se acabe. 
No quiero dejar de ver series, besarte, juguetear, desayunar en la terraza viendo cómo el sol escala y cenar ahí mismo con las estrellas sobre nuestras cabezas, darnos al placer de los abrazos y las risas y el sexo y el charlar y el no hacer nada.
No quiero dejar de admirar tus arruguillas cuando sonríes al mirarme.
La vida se ha vuelto sencilla aquí. No le pido más a los días que tu compañía y esta paz, este tiempo que parece tan largo pero avanza lentamente deprisa.
Sé que acabará, sin embargo.
Aprovechemos cada instante. Duérmete a mi lado.

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