11 jun. 2016

Las aventuras de Trashy Girl - Trashy Girl

Para el día que Trashy Girl desapareció, ya me había contado todas sus aventuras, o eso quiero pensar. Probablemente no lo hizo. Lo que Trashy Girl tenía era que había vivido demasiado para lo poco que llevaba en el mundo, algo que en ocasiones, cuando creía que nadie la miraba, se reflejaba en el gesto que transformaba su rostro.
No me sorprendió demasiado que desapareciera, supe desde un principio que algo así pasaría, que se trataba de un suspiro tristeza, de amor, de felicidad plácida y hastío al mismo tiempo, y todos sabemos que los suspiros, por largos que sean, sólo aguantan unos segundos antes de expirarse. 
Tuve ese enfoque sobre ella desde que cruzamos las primeras palabras, y se fue confirmando con cada día que pasaba a su lado, cada nueva historia que surgía de sus labios. Vivía rápido, corría más deprisa que el paso del tiempo, empezaba a asimilar lo que había pasado cuando ya estaba dentro de lo siguiente. 
Estaba agotada, pero era una adicta a ese no parar, quizás más que a cualquiera de las drogas que había probado. Los problemas eran una constante en su vida, tenía pocos momentos de paz en los que solía decirme "ojalá esto se alargue todo lo posible, y más", pero pronto caía ella sola en el siguiente contratiempo. Solía pensar que se trataba de mala suerte, pero ahora sé que Trashy Girl era así, que necesitaba de aquello para seguir adelante. Cuando no ocurría nada externo en su vida, se veía forzada a mirarse, y no se aguantaba. 
"Soy un huracán", me decía en esos momentos, "Soy un huracán que arrasa con todo". De alguna manera, tenía razón. Su mera presencia parecía atraer los problemas, que se removían donde ella estaba, que nos removía a todos, nos zarandeaba con una fuerza que no podíamos resistir hasta dejarnos tirados en alguna parte. Y ella seguía en pie.
Pero era adictivo estar a su lado. No por los problemas, odié cada uno de ellos, simplemente... cuando las cosas iban bien, era un constante chute de euforia, de arte, de conexión con algo que todavía no puedo explicar. Trashy Girl era una fuerza de la naturaleza metida en un cuerpo humano, sin duda podría ser un huracán... pero para mí, era su poder, su súperpoder. Si la conocías, te conectaba al mundo de la manera más cruda posible, para lo bueno y para lo malo. Te conectaba al modo menos pulido de sentir, a una pureza extraña, en ocasiones hasta desagradable, que te llenaba de todas las formas posibles hasta casi asfixiarte. 
Me resultaba imposible negarme a esa asfixia sólo porque me hacía sentir presente a cada instante, como si realmente estuviera viviendo. Todavía puedo sentirme así.
Trashy Girl había nacido con ese poder, y estar con ella suponía sentirlo y ya no olvidarlo. Pero para que pudiera ponerse en marcha, Trashy Girl debía sentir, sentir sin parar, y daba igual qué. De ahí los problemas, de ahí las aventuras.
La última vez que la vi se despidió con la mano, se iba con un amigo, o un amante, no estaba muy claro. Puede que ambas. Me quedé observando su espalda mientras caminaba, su pelo descolorido de todos los colores. Se giró un instante para mirarme y volvió corriendo para darme un beso rápido en los labios, y fue quizás el más intenso que nos dimos. El nombre de Trashy Girl surgió en mi cabeza en ese instante, ella se despidió para siempre, y nos dimos la vuelta para seguir con nuestras vidas.
Ahora, probablemente, ella esté en una de sus relaciones esporádicas, una de sus fiestas, uno de sus problemas, una de sus largas caminatas de vuelta a casa, despertándose en casa desconocida, jugando su pelo, a punto de teñirlo una vez más, metida en la cama hasta medio día o llorando por alguna película.
Seguramente esté generando el siguiente huracán, corriendo en círculos por una azotea pensando en saltar y marcharse volando, en saltar y dejar caer su peso muerto contra la acera, en saltar y viajar por el espacio-tiempo en la caída para ser la nueva manzana de Newton, en saltar y que alguien tome una foto en el momento justo y convertirse en el alma gemela de TheFallingMan.
Pero Trashy Girl jamás saltaría. Trashy Girl corre hasta que no aguanta más y utiliza las últimas fuerzas para quedarse al borde de la azotea, para no ver suelo frente a sí, solo aire. Aire y edificios, aire y carreteras, aire y campo, aire y aire. Trashy Girl levanta los brazos al cielo y se deja caer hacia atrás, hacia la gravilla. No le importa hacerse daño cuando su cuerpo entero choca contra el suelo. Merece la pena desplomarse sólo para estar en el momento que sólo siente que el mundo se tuerce y ella cae, una sensación que elimina todas las demás.
Trashy Girl, por último, se sonríe al descubrirse tirada de nuevo, se levanta, se coloca la ropa y camina otra vez porque sabe que es Trashy Girl y que tiene que hacerlo, como sabe que habrá una próxima azotea en la que intentarlo.

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