22 jun. 2016

Las aventuras de Trashy Girl - Un tres piezas

A veces Trashy Girl necesitaba dinero, y yo se lo daba sin molestarme en preguntarme para qué. Una parte de mí quería saberlo, la otra tenía demasiado miedo para preguntar. Me engañaba pensando que ese mes andaban mal en su casa, o que simplemente se le había antojado algún capricho de los suyos, pero sabía que ese dinero, probablemente, iba para cosas más oscuras. Pero me daba igual. Sabía perfectamente que en realidad era una necesidad para ella, y que yo podía vivir sin lo poco que pedía en realidad.
Lo cierto es que perdía más dinero del que creía con ella: cenas, comidas, favores, caprichos, regalos... y yo caía en pagárselo todo, sabiendo que me lo devolvería con cosas intangibles, si es que lo devolvía. Pero no importaba ni importa ahora, siquiera. A mí me hacía feliz, a ella también. Se necesita mucho presupuesto para arreglar las consecuencias del huracán que Trashy Girl afirmaba ser, y de algún modo era, ambos lo sabíamos. 
Prefería pagárselo yo, de todos modos, sabiendo lo que ella era capaz de hacer por conseguir lo que necesitaba. Sabía que había robado, por ejemplo, más de una vez. "Pero siempre por necesidad", me dijo, "igual que aquella vez. Fue por necesidad también".
Hacía un año, o dos, o tres... o quizás hacía unos meses, "no lo sé", Trashy Girl había conocido a un tipo, que conocía a otro tipo. La habían invitado a una fiesta demasiado elegante para ella, había llevado el vestido inadecuado con unos zapatos inadecuados pero un recogido perfectamente adecuado para su color de pelo inadecuado. Les había resultado encantadora, como a todo el mundo, pero más ellos. Les gustó su inocencia o así, al parecer, o su falta de conocimiento sobre las reglas sociales, no escritas, de aquel mundillo en el que ella no pintaba nada. Pero a ella parecía darle lo mismo.
El segundo tipo puso interés en ella toda la noche, y Trashy Girl era dada a hablar cuando bebía demasiado, cosa que hizo, y cuando tenía algo ilegal ya corriendo por sus venas, inyectado en el cerebro, algo que el primer tipo le había ofrecido en su coche y ella, sabiendo que era gratis y probablemente de mejor calidad que todo lo que conseguía, cuando lo conseguía, no dudó en tomarlo.
Así, aquel tío, "que debía sacarme veinte años, o diez... joder, no lo sé", se enteró de que las cosas no eran fáciles para ella, tampoco en sentido económico. De hecho, por aquel entonces, Trashy Girl estaba peor que de costumbre. Eso le llevó a decir que sí a el trato que él propuso. "Al fin y al cabo, no estaba tan mal, y salíamos a sitios caros", a restaurantes caros, a los que llegaban en vehículos más caros todavía, después de haber visitado las tiendas caras de la zona cara de la ciudad. Iban al cine y él invitaba, butaca VIP, todo lo que ella quisiera para comer. Iban a caras exposiciones y caros espectáculos, butaca VIP. Él se gastaba todo el dinero necesario en complacer a Trashy Girl. "Me lo pasé bien, en realidad, la mayoría de las veces, y estuvo pagando también lo que necesitaba de verdad". Ella, a cambio, no tenía que hacer tanto, o eso dice ella. Que no era un precio tan alto, que no le importaba demasiado, que la mayoría de las veces estaba incluso bien.
Hay veces que puedo imaginarla de rodillas frente a él, y no sé si suplica o si se dedica a otras cosas. Ambas a la vez, probablemente. 
Había veces en las que, cuando estaba desnuda sobre la cama y pasaba la mano por su cintura, podía imaginar mi mano con otro aspecto, más adulta, más fuerte, quizás. Aquella historia no me gustó demasiado, aunque me fascinó como todas, me revolvió algo por dentro. Fue el tono de su voz, que le quitaba importancia, cuando la tenía toda. Me llevó a entender por qué, a veces, cuando pagaba algo para ella, luego insistía con hacerme cualquier cosa. "Me apetece lo que quieras, en serio", decía en esas ocasiones, cuando llegábamos a casa, sus susurros en mi oído, "lo que quieras". 
Solía pedirle, entonces, que hiciera palomitas, o café, o que bajara a comprar, yo qué sé, el refresco de turno.

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