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25 feb 2014

¡Entrada número 100!

¡¡¡FIIIIEEEESSSSHHHHTAAAA!!!








¿Que por qué fiesta? ¡Pues porque esta es la entrada número 100 de Explosiones en la cabeza!


¡Y si estoy aquí es gracias a vosotros! Así que esta tanda de gifs, van a vuestro honor, a todos los que comentáis y seguís este blog (y Sangre sobre el pan), a todos los que leéis y no comentáis, a los que me decís cosas en privado... o simplemente a los que seguís el blog pero no leéis una caca de lo que escribo. A todos vosotros:





BUENO, ya vale de gifs. De momento. Hemos recorrido un gran camino hasta aquí, tanto vosotros, como yo. Hemos vivido historias (¿Recordáis a Sean y Lauren, de En otra vida cuando seamos gatos? Y seguro que no os olvidáis de Carol, de Día 500; de los recientes Ludwig e Yleendra; y ahora mismo estáis siguiendo Intoxicados), habéis descubierto cosas sobre mí (como que, a parte de hacer mucho el bobo, tengo un novio estupendo, soy muy friki, me gradué el curso pasado, pasé una depresión y que soy bi), yo he descubierto cosas de vosotros, hemos aprendido de lo que cada uno escribía... y todo eso, es parte de este camino. Gracias a todo eso, estamos ahora aquí, y estoy haciendo esta entrada de número redondo.
Pero no habéis visto todo el recorrido, y como no quería soltaros una moñada escrita, os la he soltado hablada. He decidido deciros una serie de cosas, con mi propia voz, y por eso aquí abajo hay un vídeo de nueve minutos (sí, un poco largo, pero al menos no es la media hora que duró la primera grabación que hice, ni los quince minutos de la segunda. A la tercera va la vencida y es lo máximo que pude resumir). 
Así que nada, aposentad vuestros traseros, poneros los auriculares y prepararos para escucharme hablaros durante nueve minutos mientras veis un vídeo más o menos cutrecillo que he hecho para no aburriros mucho.



Y bueno, yo después de esto, no tengo mucho más que deciros.
Que gracias, de nuevo. Que se me ha olvidado mencionar a muchos (Eternal Fighter, Teeburu Coriso, María, La Otra, Borya_14...), que sois de lo mejor que podría ocurrirme, y que os debo muchísimo. 
Sois todos vosotros gente maravillosa y os merecéis de lo mejor. Me siento muy afortunada de teneros a mi lado, muy halagada de que invirtáis vuestro tiempo en leer lo que escribo e incluso comentarlo. 
De todo corazón, gracias.

Y bueno, ahora ya dejando a un lado tema sentimental, ya sabéis por qué publiqué Intoxicados ayer (lunes) en lugar de hoy, cuando el día de subida normal es los martes. 
También, por cierto, si os ha molado el tema de que me grabe, podéis decírmelo xD "Misora, tíah, haz más grabaciones"; porque me las apañaría para hacerlas. Si no os ha molado, tiradme tomates y todo solucionado.
En fin, no tengo mucho más que añadir. Sólo que un fuerte abrazo para todos y que si hemos llegado a cien, podemos llegar a mil ;)



17 dic 2013

Artefactos - Para el final

La guerra se prolongó durante años. Durante ese tiempo, estuve aprendiendo y esforzándome cada día por ser mejor Representante. Las bases de Amalgama, como las de los otros bandos, sufrieron ataques. Perdía a algunos con los que conseguía llevarme bien. Me separaban de unos, conocía a otros. Y tenía que seguir estudiando, mejorando. Cuando ya estaba lo suficientemente preparada, por fin comencé a representar a mi gente y sus ideales. 
Las negociaciones fueron lentas, pero no paramos de insistir en ellas ningún día. Desde el amanecer hasta el anochecer estudiábamos lo que cada facción, cada general o jefe pedía. Lo que la gente quería. Y buscábamos soluciones a sus peticiones, soluciones justas. Hablábamos con ellos a diario, o al menos lo intentábamos.
Conseguimos, lentamente, el apoyo de unos y de otros. Poco a poco había más que se iban uniendo a nuestra causa, aunque no compartieran nuestras ideas. Lo que los unía eran las ganas de terminar la guerra, de dejar de sufrir, aunque sabríamos que los traumas de ésta nos atormentarían durante años.
Sin embargo, las guerras siguen siendo guerras. Como Yukiko me dijo, todas terminan con una gran ofensiva, y así fue. Llegó un momento que los más altos cargos de Amalgama ordenaron atacar las bases de los que todavía no estaban con nosotros. Murieron muchos humanos en bases de Unión Humana, muchos güns en bases de Federación de Güns. 
Eso, aunque hizo que Amalgama ganara la guerra, no evitó que los contratos y negociaciones siguieran en pie. Al terminar la guerra le dimos a cada uno lo que había demandado, y aunque los güns enemigos que se unieron seguían odiando a los humanos; y los humanos enemigos seguían odiando a los güns, se pudo llegar a un final mejor del que podría haber sido.
Desde entonces, ha pasado tiempo. Aproximadamente cuarenta años. Han sido tiempos difíciles: los países tenían que recuperarse de los ataques sufridos, la economía tenía que pasar de economía de guerra a economía de tiempos de paz, había que aceptar que humanos y güns tendríamos que convivir unos con otros, y junto con esto, seguir los tratos y acuerdos. Simplemente, había que normalizar el mundo.
Actualmente esa sigue siendo la tarea. Cierto es que todo va mucho mejor que hace años, que aunque sigue habiendo humanos en contra de los güns y viceversa; la aceptación cada día es mayor. Lentamente avanzamos a un futuro mejor.
Miro a uno de mis hijos, un humano de piel oscura y cabello siempre corto de lo rizado que lo tiene. Charla con su mujer, otra humana de su misma raza, mientras comen la cena que hemos estado preparando Ludwig y yo. Después, miro a mi otra hija, una humana de piel morena que me recuerda demasiado a Joana. De hecho, ambas siempre que se encuentran en esta clase de reuniones se sientan juntas y hablan durante horas.
Por último, miro a mi tercer hijo, un güns de piel rosácea, al cual adoptamos hace apenas diecisiete años. Él no vivió la guerra, pero sus padres le dieron en adopción. Eran un par de adolescentes que habían cometido un error.
Es un chico callado, al que le gusta observar su entorno. Se da cuenta de cosas de las que nadie más se percata.
Entonces, siento una mano sobre la mía. Giro la cabeza a la derecha y veo a Ludwig, que me dedica una sonrisa tierna. Su rostro se ha arrugado con el paso del tiempo, y en uno de los combates perdió su brazo derecho, al igual que yo acabé por perder cierta movilidad tras un combate en el que me vi obligada a intervenir con un Artefacto.
Es lo que somos: héroes de guerra, veteranos. Al menos, así nos denominan.
- ¿Estás bien? - me pregunta.
- Sí, tranquilo - respondo, sonriendo.
- ¿Seguro? Te has quedado muy pensativa de repente - insiste, apretando mi mano.
- Estaba mirando a nuestra familia, nada más - contesto. 
- ¡No somos familia! ¡SOMOS ADOPTADOS LOS TRES! - exclama mi hija, bromeando, y luego hace como que llora exageradamente.
- Pero no digas eso delante del enano... - dice mi hijo mayor, poniendo cara de tensión.
- Si nunca se entera de nada, ¿verdad, Rhün?
- ¿Qué? - dice Rhün, con gesto confundido.
Echamos todos a reír, y no puedo sentirme más feliz.
Cuando termina la cena, nos reunimos todos delante de la televisión. Estamos esperando a que sean las doce para poder celebrar el año nuevo. Mi familia bromea, canta y charla mientras tanto. Rhün se ausenta mentalmente, perdiéndose en resolver un cubo de rubik que lleva siempre consigo.
Joana se sienta a mi lado y hablamos tranquilamente. 
Cuando por fin es año nuevo, tras los abrazos y desearnos un año más de felicidad, decido llamar a Yukiko. Ella, como siempre, tarda en contestar. De hecho, contesta sólo con audio.
- Feliz año nuevo - digo.
- Igualmente, güns - responde.
E inmediatamente, termina el contacto. Sonrío con pena. Es el único momento del año en el que puedo hablar con ella, porque aunque sé que se esfuerza, no puede evitar odiarme por lo que soy. No puede perdonar a mi especie. 
Sin embargo, al menos puedo compartir con ella todos los años esas cinco palabras. Ese deseo de que nos vaya bien un año más. 
Me doy la vuelta para ver a Ludwig detrás de mí. Me abraza con cariño, y yo respondo a su abrazo.
Todo lo que hicimos, todo lo que hemos perdido, valió la pena para poder estar ahora así. Todo estuvo bien, porque puede que nuestra facción ganara la guerra, pero nosotros ganamos una familia, una felicidad, una tranquilidad.
Ganamos, simplemente, estar en paz.
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Bueeeno, pues esto ha sido todo, amigos.
Espero que os haya gustado de principio a fin ^^ Y que comentéis xD
Si tenéis alguna duda o algo, pues me preguntáis. Y si no la tenéis, pues no. Porque no me vais a preguntar dudas que no tenéis, es lógico (?)
Así pues, muchísimas gracias a todos los que lo hayáis leído, y agredecimientos especiales a los que habéis comentado, sobretodo a Cgm y Pao D'Cid porque comentaron todos y cada uno de los capítulos ^^ Sois geniales :D
Ah, respecto a la imagen que he puesto, sé que no tiene nada que ver con el fin de año ni nada, ni con el capítulo en sí, pero para mí es una imagen muy tranquila, cargada de paz; así que es bastante simbólica xD
En fin... creo que nada más que comentar.
Dentro de poco, llegará [Intoxicados]
De hecho, os dejo aquí una pequeña sinopsis, para picaros la curiosidad ;)

"- El mundo se va a la mierda, y nosotros nos enamoramos.
- La frase de la película era mucho más bonita, y sin tacos.
- ¿Tú te crees que tengo tiempo como para andar recordándola con un zombie a diez metros y tres exámenes la semana que viene?"

Lo acabo de improvisar, pero oc xD Todo oc.
Así pues... no sé, subiré unas cuantas entradas en plan... que no sean pertenecientes a relato largo, que sea más otras cosas xD Relatos de una entrada y tal, o reflexiones. Lo que sea. Después de eso empezaré con Intoxicados :)
¡Venga! ¡Un besote para tooooooodos vosotros! 
Un mi más sincero agradecimiento ^^


11 dic 2013

Artefactos - Para la comunicación

Joana me mira con seriedad a través de una pantalla. Me mira únicamente con el ojo izquierdo, pues el derecho lo lleva cubierto con un parche. Supongo que lo habrá perdido. 
Sin embargo yo le sigo contando mi plan, con Dhorley y algunos humanos y güns de Comunicación y Control cerca de mí, todos sentados en una mesa semicircular; al igual que la gente que acompaña a Joana.
Yo debería estar explicándole esto a un humano que es el jefe de los Representantes en la base en la que ella está, pero no puedo mirarle a él. Sólo puedo mirar a Joana, que parece haber perdido su sonrisa, y no sé si ha sido por las cosas que ha vivido en el tiempo que no la he visto, porque ahora mismo tiene que estar seria o por ambas cosas.
Cuando termino de contar mi propuesta, tanto la gente que está conmigo como los de la pantalla parecen relajarse. Se colocan en sus asientos, tosen, toman aire, suspiran. 
Joana aparta su mirada, frunciendo el ceño y posándola en la superficie brillante de la mesa que tiene frente a ella.
- Cadete Yleendra - me llama el jefe de la otra base - Su idea es descabellada. Siquiera sabe por dónde empezar.
- Sí lo sé - respondo, de inmediato - Yukiko, de Unión Humana.
- Yukiko - dice él, esbozando una media sonrisa que arruga su rostro - ¿Sabe lo que esa mujer ha hecho? Ella ha ordenado y dirigido muchísimos ataques que han acabado con muchos de los nuestros, y de Federación de Güns. Es conocida por su desprecio a los güns.
- Como cualquier humano de Unión Humana - replico - Estuve conviviendo con ella un tiempo. De hecho, ella me salvó de una muerte segura. No es un monstruo incapaz de razonar.
- ¿Cree que no hemos contactado con ella anteriormente? De hecho, ¿cree que no hemos intentado hacer lo que usted propone? - me pregunta en un tono con el que, interpreto, me está llamando imbécil.
- Creo que pretendemos ganar una guerra cuando lo mejor sería, simplemente, finalizarla - digo.
- Sería en vano finalizarla si vuelven a estallar odios y revueltas que desembocarían en una segunda guerra - dice otro de la pantalla, un güns que parece tener inmovilizada la mitad de su rostro.
- Por eso se firmarían acuerdos ya no solo para finalizarla, si no para que no volviera a repetirse - dice el jefe de los Representantes de mi sala, otro humano.
- Bien, Cadete Yleendra, ¿quiere probar algo así? Estableceremos ahora mismo una llamada con Yukiko, y hablará usted con ella. Veremos si puede llegar a algo.
- De acuerdo - respondo, y luego tomo aire.
Cortan la comunicación con nosotros, y me dejo caer en la silla que tengo tras de mí. Dhorley toca mi hombro, apretándolo suavemente, y el resto de gente empieza a hablar. Mas yo me interno en mi mundo, buscando calma, cerrando mi mente a los sonidos exteriores, a las conversaciones del resto; hasta que oigo el pitido que indica que tenemos comunicación.
Me levanto de nuevo, poniendo recta la espalda y endureciendo mi rostro, y ahora hay dos pantallas frente a mí, en el centro de la sala. Derecha, la otra base de Amalgama; izquierda, Yukiko y sus ojos rasgados mirándome.
- Yleendra... qué sorpresa - dice ella, mas su rostro no muestra nada más que frialdad - Me han comunicado que querías... - guarda un momento de silencio, buscando la palabra correcta, hasta decir - "negociar" conmigo.
- Así es - respondo - Me gustaría finalizar esta guerra.
- Como a todos - contesta ella.
- Podemos hacerlo, sin que haya más muertes innecesarias - digo, frunciendo el ceño.
- Una vez más, demasiado inocente. Las guerras siempre finalizan con una gran ofensiva por parte de uno de los bandos, lo que hace que el otro se rinda. O al menos así es en el mundo humano - dice ella, dándome lecciones de Historia.
- ¿Es justo que una mujer pierda a su familia por una enfermedad? - pregunto, y ella abre un poco los ojos, diciéndome con la mirada que no vaya por ahí - Igual que eso no es justo, tampoco lo es que la pierda por una guerra.
- Esta guerra es vuestra culpa - dice ella, frunciendo el ceño.
- Sea culpa de quien sea, las muertes que provoca son culpa de ambos bandos con sus ataques - replico.
- ¡No lo entiendes, güns! - exclama, una vez más - No se trata de quien muera o pierda, se trata de quien gane. Si mi bando gana, los humanos podremos echaros de nuestro planeta si nos place.
- Y así provocarías que madres güns perdieran a sus familias, y de paso, sus propias v
idas - digo, y al instante añado con cierta rabia - Hipócrita - veo que abre la boca para replicar, pero sigo adelante - ¿Te sentirías bien con eso, humana? Dime, ¿serías feliz provocando lo que te hace sufrir? 
- Te odio, Yleendra - me dice, entredientes - Te odio. Ni demasiada inocencia, ni un corazón demasiado grande: estupidez. Eso es lo que invade tu cabeza. 
- Pero tengo razón - digo, relajando mi cuerpo.
- Y eso acrecienta mi odio - responde, también relajándose ella - Hablaré con alguien que realmente sea un Representante de todo esto. Quizá tu estupidez consiga que empiece a mover cosas para que esto llegue a su fin - entonces, mira a Dhorley y añade - Aunque eso no le saldrá barato a Amalgama.
Asiento y veo cómo está a punto de cortar la comunicación, cuando me mira y añade:
- No lo olvido, por cierto.
Y entonces, su pantalla queda en negro.
***
Me despierto en medio de la noche entre gritos, sintiendo dolor en las uñas; pero inmediatamente una de mis compañeras de cuarto viene a mi cama y me agarra las manos en la oscuridad. Me dice: "Yleendra, estás bien, estás aquí, en Amalgama. Estás a salvo".
Lentamente me calmo, pero el dolor en las uñas no termina de desaparecer, y tampoco el recuerdo de la tortura, ni la pesadilla que ha traído consigo; por lo que acabo echándome a llorar, cubriendo mi rostro con las manos, y sintiendo los brazos de mi compañera abrazándome, acariciándome el pelo para calmarme.
Tras un rato, sabiendo que he despertado a todas mis compañeras de cuarto, salgo al pasillo. Mis pasos me guían directamente a donde Ludwig duerme, y cuando llego a su puerta, no dudo en golpearla con los nudillos.
Me abre, tras unos segundos larguísimos, uno de los chicos que duerme en ese cuarto. Me mira con cara de sueño y luego llama a Ludwig, el cual sale con la misma cara, pero también con gesto preocupado.
- ¿Qué te pasa? - me pregunta, cerrando la puerta tras de sí.
- He tenido una pesadilla espantosa - respondo, y luego levanto las manos, las cuales tiemblan.
Él las toma entre las suyas y luego las mueve hacia sus lados, haciendo que acabe por abrazarle.
- ¿Y qué has soñado? - me pregunta, una vez estoy bien pegada a él.
- Con lo que me pasó en Unión Humana - respondo, sintiendo cómo el terror me recorre con simplemente recordarlo.
- Aún no me lo has contado, cariño - dice, y me sorprendo.
Me alejo de él. No puede ser, se lo he estado contando a todo el mundo: John, Yukiko, cómo era la base, lo que hice allí, cómo me trataron los médicos...
Entonces comprendo: no le he narrado a nadie los días de tortura. Es como si mi cerebro hubiera decidido que una manera de olvidarlo era no contarlo, y yo no me he dado ni cuenta de esto.
- Vamos a otro sitio - me propone Ludwig, tomándome la mano, y yo asiento.
Acabamos por llegar a un vacío comedor, como aquella vez, donde nos sentamos en una mesa que hay en una esquina. Le empiezo a contar todo, y me sorprende la fluidez, la rapidez con que lo hago. Sin pausas para llanto. Siquiera me dan ganas de llorar, aunque sí que me empieza a temblar el cuerpo del miedo que siento al recordarlo.
Veo cómo los puños de Ludwig se van cerrando sobre sus piernas según se lo cuento, y cuando termino, tras sentir que me he quitado un enorme peso de encima, dice con rabia contenida:
- Me da asco mi propia especie.
- Bienvenido al club - respondo.
- Yleendra, no permitiré que nadie, nunca, jamás te vuelva a hacer algo así - dice entonces, mirándome profundamente a los ojos - Te lo juro.
- ¿Sabes qué? - pregunto retóricamente, sonriendo - Valió la pena mantenerme viva, luchar contra la muerte en aquél momento. Ahora estoy aquí, contigo. Estoy viva. No necesito más.
- Yo necesito saber que no volverá a pasarte eso. Ni a ti, ni a nadie, pero especialmente a ti - dice él, levantando una mano y acariciando mi mejilla.
- Creo que las cosas comenzarán a cambiar pronto, Ludwig. Creo que el fin de la guerra de acerca - comento, convencida de lo que digo.
- Espero que así sea, porque no puedo esperar a dejar de pasarlo tan mal, y tampoco puedo esperar a vivir contigo - me dice, sonriendo levemente, y respondo a su sonrisa con otra más amplia, porque yo tampoco puedo esperar.
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Bueno, bueno, bueno, bueeeenoooo...
Pues así están las cosas.
Aviso, por cierto, de que este es el PENÚLTIMO capítulo.
Sí, señores, el próximo será el ÚLTIMO.
Que no os de un ataque, por favor xD
Y bueno, no hay mucho más que comentar: que la imagen es algo así como Ludwig reconfortando a Yleendra, y yastá. Nada muy interesante.
Por cierto, deseadme suerte que mañana y pasadomañana tengo exámenes T^T
Ah, y respecto a la otra historia... pues ya llevo tres capítulos escritos xD Tira mucho al romance, la verdad, pero ya sabéis que a mí me gusta meter todo en ambientes difíciles, así que no será la bonita historia de amor en un sitio estupendo y maravilloso y con protagonistas dulces e inocentes que sólo sufren de amores xD Ya me conocéis. A mí me gustan los entornos chungos y hacer pasarlo mal a los personajes (aunque luego no les trato tan mal).
Que por cierto, intentaré que tire un poco a la comedia a través de diálogos o algo así. Más bien intentaré que represente la vida cotidiana, dentro del mundo en el que los personajes están viviendo... así que habrá momentos tristes y alegres... aunque llegará un momento en que habrá situaciones graciosas (y picantes, aviso xD) por algo que pasará... aunque antes de eso sucederán cosas chungas...
En fin, ya lo iréis viendo. Tampoco quiero desvelar mucho xD
¡Muchas gracias a Cgm y Pao D'Cid por haber comentado el anterior capítulo! Sois la leche :D
Uuun besote a todo el mundo :3
¡Nos leemos!

6 dic 2013

Artefactos - Para la negociación

Ludwig se mira en el espejo del baño. Veo cómo sigue con la mirada las quemaduras que abarcan prácticamente todo el lado derecho de su torso. No parece contento con ello, y no me extraña, yo tampoco lo estaría.
Levanta la mano izquierda y se la lleva al pecho, a la zona prácticamente cicatrizada, donde apenas acaricia su piel con las yemas de los dedos.
- Ya casi ni me escuece ni duele - comenta, levantando la vista y mirando a mis ojos a través de mi reflejo en el espejo - Debería estar contento - añade, con una media sonrisa, bajando la mano - Pero es que es horrible.
- Lo es - digo, sin mentirle, y suspira, apoyando el peso de su cuerpo en las manos, que agarran los bordes del lavabo - Pero no me importa - añado, acercándome a él - Sigues resultándome el humano más atractivo por estos lares - le susurro al oído desde su espalda.
Se ríe suavemente y se gira hacia mí. Me agarra suavemente de la cadera y me atrae hacia él. Paso los brazos por encima de sus hombros, tomándole la nuca con una mano. Se agacha un poco y me besa, al tiempo que estrecha más su cuerpo contra el mío y agarra con más fuerza mis caderas.
Siento rápidamente su lengua acariciar mis labios, y abro más la boca. Respondo a su pasión con más pasión si cabe, sintiéndome a cada segundo más excitada.
Entonces me levanta, sin dejar de besarme. Me agarro a él atrapando su cadera entre mis piernas, y me lleva hasta su cama, donde nos tumbamos quedando él encima.
- No sabes lo que te haría si pudiera - me dice, sonriendo con picardía
- Puedes - respondo de inmediato, y eso hace que su sonrisa se amplíe.
- No puedo, siendo la hora que es - responde - Al menos uno de mis compañeros de cuarto volverá en unos quince minutos.
- Lo que no puedes hacer es dejarme así - digo, enarcando sendas cejas, y agarrando su trasero, apretándole contra mi entrepierna.
Se ríe suavemente, y tras un beso rápido, le suelto y se tumba a mi lado.
- Necesitamos un sitio en el que encontrarnos y poder hacer lo que queramos sin estar pendientes de nada - dice, en un tono un tanto molesto.
- Siempre tendremos los cuartos de limpieza - digo, incorporándome.
- ¡Siempre nos quedará París! - exclama él, y le miro confundida - Es de una película - me aclara, y yo me encojo de hombros.
- En Gündhol no existía el cine - le explico, sonriendo al acordarme de ello - Descubrí todo eso, junto con la televisión, Internet y muchas más cosas al llegar aquí.
- ¿Me estás diciendo que tenéis naves capaces de atravesar galaxias y no inventasteis la tele, que era algo mucho más sencillo? - me pregunta, con sorna.
- Se ve que nos centrábamos en cosas mucho más importantes - respondo en tono de broma - Y ahora debería centrarme en irme - añado, levantándome, y una vez de pie le digo - Te quiero.
- Y yo a ti - me responde, y luego me guiña un ojo.
Contesto con una amplia sonrisa y salgo de su cuarto.
Tomo aire y comienzo a caminar con una dirección fijada en la mente. El Artefacto Dhorley está en esta misma base, según me comentó Ludwig, y de hecho es la entrenadora jefe de los soldados que aspiran, o que son, Artefactos. Por eso me dirijo a la zona de entrenamiento, porque ella siempre acompañaba a los soldados. De algún modo, estaba a nuestro lado más allá que físicamente.
Cuando llego, solicito acceso a la cabina de control, pero me lo deniegan. Normal, no soy nadie para entrar, ni tengo pase ni nada. Sin embargo, Dhorley escucha mi voz y sale. Me mira, un tanto incrédula, y luego revisa mis brazos, donde hay cicatrices de la tortura. Algunas pequeñas quemaduras que me hizo aquél humano.
- A ti te quemó la cara Astrid - dice, sin apartar la vista de mis brazos - Y luego te raptaron los de Unión Humana - levanta la vista, mirándome, y añade - Pensé que estarías más que muerta.
- Llegué aquí hace unos días - digo.
- ¿Y por qué no has venido a entrenar? - me pregunta, frunciendo el ceño.
- Porque podría perder movilidad o sensibilidad si vuelvo a conectarme a un Artefacto - respondo, desviando la mirada, y ella se lleva una mano a la cara, tapando sus ojos.
- ¿Qué vas a hacer, entonces?
- Ayer empecé a estudiar para Representante - contesto, lo que provoca que ella retire la mano y me mire con escepticismo - Sé que no es lo mío, pero... pero a la vez sí lo es. Tengo cosas en mente, es por lo que he venido a hablar contigo.
- Cuéntame - dice, mientras con un gesto de cabeza me indica que la siga.
Comienza a caminar y le cuento lo que me pasó en Unión Humana al tiempo que nos dirigimos a otro lugar. Le hablo un poco de John, de Yukiko, de cómo era el lugar, de lo que hice. De lo que pasó el día que atacó Federación de Güns, y cuando termino estamos en lo que parece ser su despacho.
- Lo que quiero - digo - es contactar con Yukiko. Ella es alguien importante para Unión Humana, y tengo la esperanza de que mi encuentro con ella cambiara su manera de ver a los güns. Si conseguimos convencer a al menos un jefe de cada bando, tendríamos más aliados. Ellos serían como un virus que contagiaría a más en su facción. Sería como tener gente de Amalgama mejor que infiltrada en otras bases. Serían todo un apoyo y podríamos terminar la guerra, puede que incluso de forma pacífica con alguna clase de acuerdo - le explico.
Ella me mira desde el otro lado de la mesa, sentada en una silla, con los codos apoyados en la tabla de madera. Cierra los ojos y frunce el ceño, pensando, hasta que tras unos segundos dice:
- Eres demasiado inocente, o tienes demasiado buen corazón.
- Eso mismo me dijo Yukiko - digo.
Abre los ojos y me mira. Apoyo las palmas de las manos en su escritorio y digo:
- ¿Ves? En realidad somos todos muy similares. Igual que tú y yo estamos aquí, ella podría estar aquí.
- Es muy descabellado - dice.
- Lo sé. Sólo pido hablar con ella, una vez, cuando sepa más de ser Representante - solicito - Si funciona, ya veremos lo que hacemos.
- Déjame pensar en ello.
Asiento con la cabeza y me despido. Estoy caminando para salir de su despacho cuando me giro, y pregunto por Joana. Dhorley, sin embargo, no parece conocerla por el nombre. De hecho me dice que tampoco sabe cómo me llamo yo.
Sin embargo, me dice que buscará dónde está, y que en cuanto lo sepa, vendrá a decírmelo.
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Bueno, ha tardado un poco, pero aquí está la continuación de Artefactos :)
Poco a poco nos vamos acercando al final.
No va a ser nada en plan "mindblown" como Sangre sobre el pan, aviso xD Artefactos es una historia mucho más sencilla (como ya dije, es plenamente improvisada en base a una idea xD).
En fin, ya sabemos que el plan de Yleendra es buscar aliados en bases enemigas, y que estos sirvan para acabar con la guerra a base de acuerdos. 
¿Sabéis qué? Habría sido interesante escribir esto desde Unión Humana, pintando a los güns como alienígenas usurpadores e invasores, mala gente; porque os habría manipulado para que penséis que son horribles cuando en realidad son totalmente normales xD 
EL PODER DEL AUTOR, MWAHAHAHA
En fin, muchas gracias a Pao D'Cid y Cgm por haber comentado el anterior capítulo (y la anterior entrada xD). Sois estupendásticas ^^
Por cierto, el dibujo es de Simon Weaner. Todos los derechos para su persona.
Una cosilla más: estoy pensando en escribir otra historia así improvisada. Lo que pasa es que no termina de aclararse la idea... estaría basada en esta imagen:
Así que bueno, a ver qué se me termina de ocurrir xD
Ale, con esto y un bizcocho, nos leemos cuando sea. 
¡Muchos besos!


24 nov 2013

Artefactos - Para el ascensor

Se recomienda leer con la siguiente canción:
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Abro y cierro repetidas veces la mano, observando cómo se arruga la piel, cómo mis uñas se introducen en las pequeñas ranuras que tengo en la palma, cómo todo parece funcionar correctamente. Y es así, todo está bien.
Pero no podré volver a usar un Artefacto jamás. Viajé durante tanto tiempo con aquél tan estropeado que, del uso, y del estado, mis nervios quedaron hechos polvo. Lo suficientemente bien como para que pueda seguir sintiendo y moviendo todo, lo suficientemente mal para que sea peligroso conectarme de nuevo un Artefacto. Podría perder sensibilidad, o movilidad.
Ahora tengo la opción de convertirme en un soldado normal, cosa que podría hacer perfectamente porque estoy más que entrenada para ello; o aprender a ser un Representante. Así podría acabar en Control, en Comunicación, o incluso podría ser jefa de algo. No lo sé. No estoy muy al día con esa subdivisión.
Me echo hacia atrás, apoyando la espalda en la pared, recordando la travesía hasta este lugar, una base de Amalgama a la que llegué ayer. Me propulsé durante horas hasta que vi, desde las alturas, un puesto de ayuda de mi facción. Se dedican a repartir comida, agua, mantas y demás cosas a gente que se ha quedado sin lugar al que ir por la destrucción de la guerra. 
Bajé hasta ellos y me identifiqué como Artefacto Yleendra. Tras una serie de comprobaciones y explicaciones, me dijeron que un camión partía a una base en unas horas, por lo que me quedé con ellos, desconecté mis Artefactos y ayudé como pude hasta que partimos. Tras menos de tres horas de viaje, estaba dentro de la base. Me volví a identificar y me llevaron inmediatamente ante un médico güns.
Estuvo evaluando mis daños físicos, y tras extraerme un par de balas, y preguntarme por las cicatrices que me dejó la tortura; me sanó y me comunicó lo de mis nervios dañados. Me asignaron una habitación, donde fui inmediatamente.
Dentro había otras cuatro chicas, tres humanas y otra güns. Fueron amables conmigo y me dejaron descansar. Llevo durmiendo desde entonces hasta hace una media hora, cuando me he levantado para encontrar una habitación vacía. Me he duchado, y he salido al pasillo, donde me he puesto a pensar, hasta ahora.
Suspiro. Después de toda la tensión en base enemiga en los últimos meses, después de todo el esfuerzo, estoy agotada. Necesito un descanso, pero más allá de dormir. Necesito asumir todo lo que ha ocurrido, aclarar mis ideas y fijar una meta. Y también necesito saber si los míos están bien.
Me separo de la pared y camino con seguridad a un ascensor, donde encuentro un pequeño mapa de la base. Lo recorro con la mirada hasta que, de pronto, comienza a ascender. Alguien habrá llamado desde otro piso. No importa.
Sigo inspeccionándolo exhaustivamente, sin importarme llegar al piso, sin molestarme en mirar quién entra. Veo, de reojo, una mano masculina humana con quemaduras prácticamente cicatrizadas pulsar un botón. Luego oigo al chico apoyarse contra la pared, cerca de mí, y segundos después noto que toca mi mano izquierda.
Me giro un tanto bruscamente, y no puedo creer lo que veo. 
Ludwig, con el pelo rapado, con sus ojos verdes mirando mi mano, con una pequeña sonrisa en los labios, con la herida de la ceja cicatrizada pero con una quemadura que parece recorrerle todo el brazo derecho y llegar hasta su cuello, abarcando un pequeño espacio en su rostro.
Agarro su mano haciendo que levante la vista. Me mira a los ojos y no me puedo sentir mejor. No dudo un segundo en abrazarle, en apretarle contra mí como nunca lo había hecho, en inspirar para que su olor se quede grabado en mi mente por si vuelvo a estar lejos de él. 
- Te ha crecido mucho el pelo - me susurra.
- Y tú estás calvo - respondo.
Se ríe suavemente, pero también oigo cómo se sorbe los mocos después. Rompe a llorar sin poder evitarlo. Noto cómo agarra mi ropa, cómo me estrecha contra él, cómo hunde las manos en mi pelo desde mi nuca. Parece como si no terminara de creerse que esté aquí. Y le entiendo, porque me siento igual.
- Estaba tan angustiado - me dice, entre sollozos - Te llevaron consigo. Lo vi con mis propios ojos. Y no pude hacer nada para evitarlo. 
- No volverá a pasar - digo, empezando a sentir dolor en la garganta, sabiendo que lloraré yo también dentro de poco.
- Te quiero, Yleendra. Te quiero - me dice, y las lágrimas salen de mis ojos.
- Y yo a ti. Mucho - respondo.
Nos separamos. Le miro a los ojos, que ahora mismo están rojos por el llanto, pero él se esfuerza en sonreírme. Le acaricio suavemente el rostro, devolviéndole la sonrisa. Me acerco a él, dispuesta a besarle, pero me dice:
- Aquí no. Podrían abrirse las puertas y que alguien nos viera.
- No me importa, Ludwig. Después de lo que he pasado, ya no me importa - respondo.
Y seguidamente, nuestros labios se unen. Nos besamos con el cariño que nos tenemos, y al mismo tiempo con el ansia que hemos acumulado. Fundimos nuestro sufrimiento y nuestro alivio en ese beso. Y no podría sentirse mejor.
................................................................................................................................................................
Estaba vivo.
ESTABA VIVO.
¿Veis? Si al final no soy tan mala.
Sólo os trolleo un poquito.
Sí, esa soy yo intentando poner Trollface, pero es muy difícil.
Por cierto, esas piernas que se ven son de mi madre.

¡Saludadla todos!

Si es que... os pensáis que soy muy mala y luego no lo soy :'D
En fin, pues eso. Yleendra está bien. Ludwig está bien. De momento todos bien.
Os aviso de que va quedando poco para el final. No creo que esto se alargue mucho más. ¿Cinco partes más? ¿Cuatro? No lo sé.
Pero que vamos, que disfrutéis cuanto podáis.
Claro, que siempre puedo alargar metiendo rellenaco erótico ._. Pero sería total y absolutamente innecesario xD Aunque escribir eso siempre es divertido y difícil y todo un ejercicio de escritura, como escribir torturas, y ya me callo porque me estoy alargando con una tontería que iba a ocupar una línea.
Por cierto, sé que no tiene nada que ver, pero ESTOY PREOCUPADA D: La semana que viene tengo un examen práctico. Esto no sería un problema de no ser que es cronometrado T^T Tengo que hacer una serie de cosas (montar unos focos, montar una cámara, iluminar una escena y hacer una serie de movidas con la cámara) en CINCO MINUTOS T^T Y no tengo manera de practicar en mi casa, y es poco tiempo y ains. 
Qué estrés.
Bueno, volvamos con lo del capítulo :'D
La foto que he puesto es... Ludwig, más o menos. La he sacado del videoclip de Royals, de Lorde, canción que deberíais escuchar si no lo habéis hecho ya porque suena fantásticamente bien. 
En fin, tras haberme enrollado cual persiana, doy las gracias a Cgm y Pao D'Cid por haber comentado el anterior capítulo ^^ 
También gracias a los que simplemente leéis. 
¡Un besote para todos! Y nos leemos... cuando surja.

20 nov 2013

Artefactos - Para el recuerdo

Se recomienda leer el capítulo con una de las siguientes canciones de fondo:

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El mundo parece ir a cámara lenta a mi alrededor. Mi oportunidad ha llegado y parece que mis sentidos se aguzan para que pueda evitar cualquier clase de obstáculo, para estar preparada ante cualquier cosa que pueda ocurrirme.
En mi mente está el único objetivo de ir al lugar que descubrí, en una pequeña escapada, hace unas semanas. John entró en el baño, Yukiko andaba fuera y yo llevaba varios días queriendo ir al "Almacén de Chatarra", lugar que había localizado gracias a un mapa de la base que había encontrado en la mesilla de noche de la asiática. Quería ir allí porque en cierta ocasión me había parecido oír hablar a dos humanas sobre piezas de Brazos y Piernas de Artefacto que había en ese lugar.
Todo una relación de casualidades, de hechos, que consiguió que llegara al lugar para encontrar unos Brazos y unas Piernas a medio desmontar. Había una serie de científicos experimentando con ellos.
Ahora corro hasta allí mientras el suelo tiembla por el impacto de las bombas contra la base, mientras oigo tiroteos, mientras los humanos de la base pasan por mi lado, algunos sin darse cuenta siquiera de que soy una güns.
Otros tratan de atacarme, pero clavo mis duras y afiladas uñas en su piel y araño, haciéndoles sangrar la sangre que yo sangré cuando me las arrancaron. A otros les aparto de mi camino. Depende.
Finalmente llego al almacén, que se encuentra sumido en el caos. Entro sin dudar, y aunque los científicos reaccionan a mi presencia, no dudo en meter mis extremidades en el Artefacto medio desmontado y gritar: "Conexión". 
Para mi sorpresa, funciona. Veo con más claridad que nunca todos los cables que reaccionan a mi orden, a mi voz, todas las agujas que se van a meter en mi cuerpo, todos los tubos que llevarán mi sangre, los chips, los electrodos que transmitirán mis movimientos. Todo lo veo un segundo antes de que se introduzca en mi cuerpo.
Intento resistir el dolor, pero tanto tiempo sin entrenarme, y tanto tiempo sin conectarme, tienen sus consecuencias. Grito hasta que todo pasa, y cuando abro los ojos descubro una visión nublada por las lágrimas.
Mas no hay tiempo para llantos. Me alzo con los propulsores, y oigo cómo las Piernas chisporrotean, se quejan ante el uso. No tienen capa protectora y las chispas de los propulsores dañan su interior, su zona vital. 
A pesar de que temo que este Artefacto se rompa a la mínima y tenga que desconectarlo yo sola, lo cual es aún más doloroso que una conexión normal, sigo adelante. Recorro los pasillos en sentido contratio que hasta hace unos minutos, abriéndome paso de nuevo para buscar a quien sea que está atacando, porque puede ayudarme. 
Por fin veo otro Artefacto. Otro güns, por el emblema que luce en su Brazo izquierdo: Federación de Güns.
Sé que me mira a través de su casco, y me sorprende la frialdad que tiene para, cuando un segundo después un aliado suyo, un soldado normal, cae muerto a su lado; quitarle el casco y lanzármelo. Lo agarro y me lo pongo, y la conexión se establece inmediatamente.
Alguien me habla. Se refiere a mí como "Aliado Desconocido". Me da órdenes, pero las ignoro. En primer lugar, porque no es mi facción. En segundo lugar, porque al ser de su especie tengo tiempo antes de que puedan considerarme en su contra. Y en tercer lugar, porque ahora que tengo el casco, puedo hablar con quien quiera.
Fuerzo a las Piernas para propulsarse con más fuerza. Me importan poco los chisporroteos. Sigo el sonido de las bombas hasta llegar fuera del edificio. La luz del sol me golpea por primera vez en un par de meses, o más, y no puedo admirarla. 
Alzo la mirada al cielo para descubrir una serie de helicópteros que vuelan bajo. Amplio la imagen sólo con pensarlo gracias a la tecnología del casco, y dentro, a través de los cristales, puedo ver gente dando órdenes. Comunicación, Control. Ellos manejan este combate.
Me alzo al cielo hasta situarme frente al helicóptero que creo es el más importante, quedándome quieta. Pasan un par de segundos hasta que establecen comunicación conmigo:
- Aliado Desconocido - me saludan - ¿Qué pretendes con este comportamiento insumiso? Estás en clara desventaja, contra unos y contra otros. 
- Pretendo la finalización de este ataque - respondo, sin que me tiemble la voz.
- Eres un güns - dice la voz que me habla, en un tono un tanto sorprendido - No sabemos cómo has acabado allí. Suponemos que eres un...
- Soy un ser vivo. Ellos son seres vivos. Racionales, como nosotros. No merecen ser masacrados de esta manera - digo, cortándole.
- No vamos a finalizar el ataque - me informan.
- Entonces tendréis que lidiar con un Artefacto en vuestra contra - digo.
- Nos hemos enfrentado a güns de Amalgama antes, y en mejor estado que tú - responde, y corta comunicación.
Las metralletas del helicóptero apuntan hacia mí, pero lo que hago es protegerme todo cuanto puedo e introducirme en el aparato rompiendo el cristal delantero.
Después bajo hasta el lugar donde se concentra el combate, y me dedico a destruir bombas que caen, a proteger humanos y güns a partes iguales, a absorber todas las bolas de energía que puedo. Doy lo mejor de mí a pesar de que a cada segundo me duelen más las conexiones con el Artefacto, y no entiendo qué clase de golpe de suerte me permite sobrevivir a balazos que solo aciertan en las partes menos importantes de mi anatomía.
Horas después, cuando el combate parece apaciguarse, y cuando los de Federación de Güns deciden retirarse, me quito el casco y lo tiro al suelo. Lanzo una bola de energía contra los escombros que hay a mis pies, provocando una fuerte explosión que capte la atención de los soldados, y mientras el polvo levantado a mi alrededor aún se esparce, grito:
- ¡No olvidéis este día! ¡No olvidéis este combate! ¡No olvidéis al Artefacto que luchó por ambos bandos cuando ambos estaban en su contra! ¡No olvidéis vuestras uniones!
Entre el humo, distingo a Yukiko con una metralleta entre las manos. Entrecierra sus ojos para tratar de verme mejor entre la neblina de polvo, pero lo que hago es acercarme a ella. Inmediatamente, todos los soldados levantan sus armas en mi dirección, apuntándome, aunque ella levanta la mano para que no disparen:
Pero yo lo único que hago es decirle:
- No olvidaré quien eres, ni nuestra conversación, ni lo que hiciste por mí, ni lo que me has hecho comprender. No olvides tú todo eso de mí.
Y antes de que puedan dispararme, me alzo a los cielos para huir y encontrar una base de Amalgama. 
En el suelo, sólo queda el sonido de unos disparos lejanos.
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Bueno, bueno, bueno...
Una vez más, aquí estamos con Artefactos.
Supongo que os habéis dado cuenta de que ha pasado algo IMPORTANTE xD Así sutil, pero importante. Ya veréis el camino que toma Yleendra ;)
Respecto al dibujo, es Yukiko dando órdenes. Me habría gustado dibujar a Yleendra disparando a una bomba, pero no pude conseguirlo D: Lo intenté, pero quedó una mierdecilla de dibujo, así que... nos conformamos todos con Yukiko dando caña y ya está xD
En fin, muchas gracias a Cgm y a Pao D'Cid por sus comentarios en el anterior capítulo ^^ Y también por leer siempre lo que escribo.
También gracias a aquellos que no comentáis :3
Nos leemos pues... dentro de poco.
Adelanto que se sabrá algo de Ludwig en el siguiente capítulo, pero... ¿serán buenas noticias o malas? Aaaah... la intriga. 
Venga, muchos besos a todos ^^

16 nov 2013

Artefactos - Para la enfermedad.

- ¡¡NO LO ENTIENDES, GÜNS, NO LO ENTIENDES!! - me grita.
Tiene los antebrazos apoyados en la pared, acorralándome. Es más alta que yo, siempre lo ha sido. Y más intimidante. Da igual que ahora su rostro se descomponga en sufrimiento y rabia. Es más alta que yo, más fuerte. Y me asusta que me grite. Me asusta aunque sepa que sus fuerzas están debilitadas porque está enferma y tiene fiebre. Me asusta aunque vista con un largo camisón y esté sudorosa.
- No lo entiendes... - repite, en tono más calmado, mientras comienza a deslizarse hacia abajo.
La agarro como puedo para que no se caiga, pero ella se deshace de mí con bruscos movimientos. Se lleva las manos a la cara. Durante un instante pienso que llorará, pero no lo hace. Sólo se queda ahí, quieta.
Me quedo de pie, sin saber qué hacer. Miro a la puerta porque temo que entren los guardias, pero no lo hacen. Entonces miro hacia abajo. Veo a esa rígida mujer, a Yukiko, a mis pies con las manos en el rostro; como si tratara de ocultarse del mundo.
Trago saliva. Se ha levantado tan rápidamente de la cama que ha tirado la sopa que le había preparado y llevado en una bandeja con patas, para que pudiera tomársela sin levantarse. Debería limpiar todo antes de que se seque.
Me muevo de su lado, dispuesta a seguir con mi constante trabajo de limpieza de este cuarto, pero ella me agarra del tobillo.
Levanta la vista, abriendo espacio entre sus dedos para que pueda ver la fuerza que sus ojos transmiten.
Parece pedir a gritos consuelo con la mirada, por lo que me arrodillo a su lado, y hago lo mismo que hice con John: quedarme ahí, en silencio, sin tocarla. Sólo compartiendo el momento con ella, escuchando cualquier cosa que esté dispuesta a decirme.
No sé cómo ha empezado esto, en realidad. No sé cómo he llegado siquiera a plantearle su odio hacia mi especie. No sé cómo he tenido el valor, el atrevimiento. Podría haberme pasado cualquier cosa por eso, pero ella únicamente ha dejado de tomar su sopa y me ha gritado.
Ha levantado la vista del plato y la ha clavado en mí. Me ha dicho que su enfermedad era mi culpa, culpa de mi especie, y he comprendido.
Nosotros, los güns, tenemos un sistema inmunitario más fuerte que el humano. Nuestro cuerpo aguanta sus enfermedades mejor que el suyo las nuestras. Por eso, cuando nosotros llegamos aquí, hubo un pequeño brote de una enfermedad nuestra que pasó a los humanos. Causó una pequeña epidemia que terminó pronto gracias a vacunas, pero... hubo gente, los primeros en tenerla, que murieron. Y otra gente que la tendría para toda la vida por ser tratada con lentitud. Para ellos se convirtió en una enfermedad crónica.
Yukiko es de estos últimos, y me ha contado que su familia murió de esa enfermedad. Que si no hubiéramos venido a la Tierra ella sería una feliz mujer, casada, con un hijo. Pero que todo se fue por culpa de los güns.
Le he dicho que no es culpa de todos nosotros y ha sido cuando se ha levantado, tirando la sopa. Me ha agarrado de la muñeca y me ha levantado a mí también a base de tirar, me ha empujado contra la pared y ha empezado a gritarme.
Y ahora, simplemente, está calmándose.
- No lo entiendes - me repite - porque tú no has perdido a nadie tan importante por culpa de los humanos. Ponte en mi piel. Imagínate que los humanos llegamos a tu planeta, nos acogéis, y os pagamos transmitiéndoos una enfermedad que mata a tu familia, y luego nos atrevemos a revelarnos y por nuestra culpa estalla una gran guerra - me explica, y me agarra de los hombros tal y como hizo John - ¿Lo entiendes, güns? ¿Entiendes cómo me siento?
Se queda agarrándome, esperando mi respuesta:
- Si le sirve de consuelo, yo también detesto un poco mi propia especie. Fue nuestra maldita culpa que nuestro planeta se pudriera, y por culpa de mi propia especie toda mi familia murió en mi planeta natal, y mis amigos, y ahora llegamos aquí y... se organiza todo esto - digo, esbozando una triste sonrisa - Pero tengo claro que yo no tengo la culpa. Por eso no me odio a mí misma, ni tampoco a otros güns que no han hecho nada en realidad - le explico - Y por eso mismo tampoco odio a los humanos.
- No sé si pecas de inocente o de buen corazón - dice ella, soltándome - Lo que sí sé que es que la muerte de mi hijo me duele cada día más, que tengo una enfermedad crónica y que, de momento, no puedo perdonar a tu especie.
- Espero que algún día pueda hacerlo - digo, y me levanto junto con ella - Por favor, túmbese en mi cama mientras yo limpio la suya y termina de secarse. Si quiere le sirvo más sopa, ha sobrado un poco y seguirá caliente.
- Dame algo de postre - responde ella, entrando en mi cama - Y olvida la conversación que hemos tenido. Han sido delirios de la fiebre, nada más.
Asiento con la cabeza y sigo sus órdenes, aunque ambas sabemos que la segunda es un imposible. Puede que ninguna de las dos vuelva a hablar de ello, puede que nunca volvamos a intimar de esta manera, pero no olvidaremos la conversación.
O al menos yo no lo haré.
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Un día más, estamos todos aquí con Artefactos.
Como podréis ver, he subido dibujos. DIBUJOS, algo que de momento con esta historia sólo ha pasado una vez xD
En fin, en el primero, podéis ver a Yukiko acorralando a Yleendra; y en el segundo, pues simplemente a Yleendra (concepto del dibujo: lo que ve Yukiko al tenerla acorralada).
Biem, pues eso.
Respecto a la historia, ahora mismo está todo tranquilito, pero... ya veréis al próximo capítulo. Yo ahí lo dejo.
Ah, y por cierto, para subiros el ánimo... Ludwig aparecerá dentro de poco :D
La pregunta es... ¿vivo o muerto? OMG xD
Ahí lo dejo, también.
Por otra parte, muchas gracias a Pao D'Cid y Cgm por comentar. Sois geniales, os lo agradezco muchísimo a las dos, de verdad ^^
Muchos besos a todos los que leáis esto, espero que os haya gustado, y nos leemos prontico. 

12 nov 2013

Artefactos - Para los sentimientos

Me levanto una mañana más en este lugar, en esta base enemiga. Llevo aquí, desde que llegué, casi un mes y medio. Eso hace un mes, más o menos, trabajando para Yukiko, la mujer que me permitió vivir y de la que dependo totalmente.
Ella se levanta conmigo. Dormimos en la misma habitación. Al principio me dio una separada, con guardias fuera que velaran por mi seguridad nocturna, pero durante las cinco noches que permanecí allí sufrí intentos de ataque, de manera que al final decidió que durmiéramos en la misma habitación.
Es realmente lujosa. Se nota que es la jefa de esta base. Tiene una pequeña cocina, con nevera. Un mini-bar, un escritorio con un ordenador, una cama matrimonial, una cama para mí, un baño propio. Está realmente bien. Soy afortunada de poder dormir aquí.
Camino a la cocina y, tras lavarme las manos en el fregadero debido a que Yukiko es estricta con la higiene personal, preparo el desayuno. Mientras tanto, ella se ducha. Sale del baño en menos de quince minutos tan perfecta como siempre.
En cuanto sale sirvo nuestro desayuno, el cual tomamos en silencio. Después ella va a su ordenador y yo paso rápidamente al baño. Me aseo lo más deprisa que puedo, para después lavar los platos. Estoy secándome las manos cuando ella se levanta.
- Vamos, güns. Tenemos trabajo que hacer - me dice, abriendo la puerta. 
Asiento y la sigo, al igual que un enorme guardia que protege sus pasos. O mejor dicho, mis pasos. La única que puede ser atacada en este lugar soy yo. 
Recorremos todo el edificio. Voy tomando nota de lo que ella me pide y de lo que yo misma observo: trabajo del personal de cocina, progreso de los soldados malheridos, limpieza general del lugar. También recibimos datos económicos. 
En general, cosas un tanto banales. A mí no se me muestra nada importante, como el progreso de los soldados en entrenamiento, o las reuniones con superiores e iguales mediante videoconferencia. Cuando termina esa ronda de cosas no muy importantes como estrategia de guerra, el guardaespaldas me escolta hasta una pequeña sala  donde hago un resumen de todo lo que he ido apuntando, el cual luego le daré a Yukiko para que lo pase a su ordenador.
Después vamos a su cuarto, donde con el escolta dentro vigilando todos mis movimientos, lavo la ropa de la asiática en una pequeña y funcional lavadora, limpio el baño y la habitación, hago las camas y lo dejo todo perfecto para su llegada ya entrada la noche.
Allí preparo la comida, también, tanto para el escolta como para mí. Al principio no la comía, pero debe haber pillado cierta confianza conmigo. Debe fiarse de mí aunque sea levemente. Y tampoco debe saberle mal.
He intentado hablar con él, porque hay momentos de tiempo muerto en los que el aburrimiento lo invade todo. Es curioso porque antes no me respondía, pero en las últimas semanas ha pasado de eso a decir cosas escuetas.
He averiguado, por ejemplo, que su nombre es John. Algo es algo.
- ¿Seguro que no quieres sentarte? - le pregunto, señalando con la cabeza una de las sillas que hay frente a la pequeña mesa de la cocina.
Él niega con la cabeza.
- Te pasas las horas ahí de pie, sin apoyarte en la pared. Debes acabar con los músculos de las piernas muy tensos - comento - Deberías sentarte.
- Eres como un diablo en mi hombro izquierdo tratanto de tentarme - dice, seriamente.
- Más bien soy un ángel cuidando de tus músculos - respondo, y luego resoplo.
Se hace el silencio de nuevo y él ni se mueve. Frunzo el ceño y me levanto yo de la silla. Me acerco a él y le miro a los ojos, aunque él no mira a los míos.
- ¿Por qué me odias? - pregunto.
No responde.
- ¿Por qué odias a los güns? - vuelvo a preguntar.
- ¿Por qué no odias tú a los humanos? - me responde.
- Porque que haya un humano malo no quiere decir que todos lo sean - contesto.
- Yo sólo sé que nada de esto habría ocurrido si vosotros no hubierais venido - dice él, y esta vez me mira - Que ni mis amigos ni mi familia estarían muertos.
- Los míos también lo están - respondo - Y no lo cargo contra los humanos.
Joana y Ludwig pasan por mi mente. También Dhorley, por algún motivo. Les echo de menos.
Echo de menos a Joana y su manera de decir lo que necesitaba oír; a Ludwig dándome el cariño que me faltaba; y a Dhorley preocupándose por mí desde el otro lado de un cristal.
Justo como Yukiko, pero de otra manera. Quien sabe, puede que llegue a echarla de menos cuando salga de aquí.
- Son puntos de vista - dice John sacándome de mis pensamientos, y para mi sorpresa, me pregunta - ¿Echas de menos a alguien?
- A algunos de Amalgama - respondo, alejándome.
- ¿Eres de Amalgama? - me pregunta, sorprendido, y respondo asintiendo con la cabeza.
Da entonces dos pasos hacia mí y me agarra de los brazos, casi a la altura de los hombros, casi levantándome del suelo. Me asusto. No sé qué me va a hacer, por lo que me remuevo, pero él dice:
- Pensé que eras de Federación de Güns. Mi mujer... está en Amalgama - dice, sin soltarme - Necesito saber si está bien.
- Éramos muchos en mi base, no les conocía a todos. Y podría estar en otra base... - digo, intentando soltarme.
- Se llama Nefertiti.
Nefertiti... había una mujer de las que servían la comida en el comedor común que todo el mundo llamaba Nefer... quizá sea ella.
- ¿Es baja, de mejillas siempre sonrojadas, y cabello rubio? - pregunto, y él asiente - La última vez que la vi estaba bien. Trabajaba en cocina, y la trasladaron a otra base.
Él me suelta y susurra algo. Creo que dice "está viva, está viva. Está bien".
Le miro con cierta confusión. Veo cómo da un par de pasos hacia la silla en la que le había propuesto sentarse, y dónde se desploma. Apoya los codos en la mesa, y la frente en las manos.
Es entonces cuando veo a un humano de metro noventa, tan ancho como un hombre y medio, e impasible ante todo lo que ocurre ante sus ojos; derrumbarse emocionalmente frente a mí, su mayor enemigo.
Y no puedo evitar sentarme a su lado y apoyarle, sin tocarle, pero en un silencio compartido que sólo es roto por sus sollozos.
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Aquí estamos una vez más con Artefactos.
Las "aventuras" de Yleendra en Unión Humana siguen ocurriendo. Todavía nos queda un poquito de esto, luego... a ver qué pasa ;)
Respecto a la imagen, que es de Fdasuarez (por fin puedo poner un link a un artista xD), es más o menos una representación de John. Más o menos, porque John va con su uniforme, no va descamisado.
Así pues... muchas gracias a Pao D'Cid y Cgm por haber comentado el anterior capítulo ^^ Sois essstupendas las dos.
Espero que os haya gustado a todos :)
Y por cierto, pensaba haber subido esto ayer, pero me he pillado un catarro y ayer cuando me disponía a subir esto estaba fatal y me fui a dormir xD
Ale, muchos besos a todos.

5 nov 2013

Artefactos - Para la moralidad

Llegué a la enfermería. Caminé apoyándome en las paredes, sintiendo que me desvanecía a cada momento, y finalmente arrastrándome. Nadie me ayudó, al menos no de una manera directa. Pero sí lo hizo la mujer asiática que paró mi tortura. Cuando conseguí salir de la habitación donde había estado encerrada tres días, ella estaba allí. Fue gracias a ella por lo que ningún humano me atacó, aunque me miraban con asco. Incluida ella, por supuesto.
Pero estuvo a mi lado. Caminó conmigo, protegiéndome con su presencia, permitiéndome llegar a la enfermería, donde la oí dar órdenes a los médicos, diciéndoles que me sanaran. Fue entonces cuando me permití desmayarme.
Recuerdo que lo último que vi fueron sus duros ojos mostrando cierta admiración hacia mí.
Ahora mismo descanso en un camilla. Los médicos me han tratado, digamos, correctamente. Se han limitado a sanarme, nada más. No han hablado conmigo, ni se han preocupado por mi estado anímico. Simplemente han curado mi cuerpo. Siquiera me han mirado a los ojos.
Creo que les molesta o incomoda tener que curar a un güns. 
Suspiro al ver llegar a una enfermera con un carrito donde trae mi comida, que consiste en una sopa caliente y un filete de a saber qué.
- Gracias - digo cuando la deja a mi lado, en una mesilla, pero ella no responde. 
Nuevamente suspiro y me incorporo. Me giro para empezar a comer, y llevo ya media sopa cuando oigo la voz de aquella mujer.
Llega a donde yo estoy, y dejo la cuchara dentro de la sopa. Me mira con seriedad durante un par de segundos, y después pregunta:
- ¿Te encuentras bien, güns?
Asiento con la cabeza para responder, y ella añade:
- Vengo a verte porque tengo un dilema moral. No puedo mantenerte más tiempo aquí, estás gastando recursos que podrían ser invertidos en humanos. De hecho, nadie te quiere aquí. Siquiera yo. Eres una güns, y estás en una de las bases de Unión Humana. No eres bien recibida - me explica - Sin embargo, aunque podría haberte dejado morir, cuando vi lo que ese psicópata te estaba haciendo, tuve que intervenir.
Abro la boca para preguntarle por qué, si yo para ella no soy más que un ser inmundo que debe ser eliminado, pero la cierro al instante. Sé en qué situación me encuentro. Necesito mostrar todo el respeto posible. 
- Si te preguntas por qué - continúa ella - fue debido a que los güns sois inferiores, pero no por ello debéis ser asesinados. Podéis sernos útiles a los humanos. No hablo de esclavizaros, eso sería, precisamente, inhumano. Pero sí podéis trabajar para nosotros y facilitarnos la vida. Por eso te salvé, porque no mereces morir - me explica. 
Aunque no es una teoría que me agrade demasiado, la prefiero a la exterminación de mi especie.
- Pero no puedo mantenerte aquí. Tampoco puedo soltarte porque sabrías la localización de este lugar y a saber qué harías con esa información. Vendarte los ojos y dejarte en algún lugar perdido de la mano de Dios sería inmoral, y matarte, aún más - sigue contándome - Tampoco puedo devolverte a tu base, obviamente.
Sí. Obviamente. 
Es imposible devolverme allí. 
Unión Humana comenzó a atacar de nuevo la ciudad que destruyeron, donde estaba el edificio. Descubrieron nuestra base subterránea y se introdujeron allí. Hubo una defensa enorme para la base, no podíamos permitirnos perderla, pero la perdimos. Hubo mucha muerte, y también prisioneros güns.
Sé que algunos se salvaron porque llegaron una serie de helicópteros de rescate, pero no sé quienes. No sé si Joana y Ludwig siguen vivos.
Tampoco sé si hay más güns en esta base que han sido torturados. 
- Bien, pequeña güns, dime qué puedo hacer contigo - dice la mujer, levantando mi barbilla con un bolígrafo y mirándome con curiosidad.
Trago saliva, buscando durante un par de segundos una respuesta en mi mente. Una respuesta que llega y que me disgusta, pero que aún así pronuncio por las promesas que he hecho.
- La serviré - digo.
- ¿A cambio de qué? Ya te he dicho que la esclavitud no es una idea que vaya conmigo.
- A cambio de protección en este lugar, porque según lo que me has dicho, usted está en contra de mi muerte, pero no sé si el resto lo está - digo, firmemente, mirándola a los ojos con el ceño fruncido.
Ella esboza una leve media sonrisa, y luego añade:
- Eres lista, güns. Y resistente. Eres útil. Acepto tu oferta. Levántate y sígueme.
Ella empieza a moverse rápidamente y yo me levanto tan veloz como puedo, a pesar de que algunas partes del cuerpo me siguen doliendo. Desconecto los cables y parches que tenía pegados al cuerpo y la sigo sin quejarme.
Mientras recorremos pasillos veo cómo todo humano que se cruza la saluda al estilo militar, y luego cómo me miran a mí con repugnancia y desconfianza. Algunos, incluso, con terror.
Finalmente llegamos a un ascensor, donde entramos. Mantengo mi espalda recta a su lado, mirando al frente, a las puertas.
- Confías en que atacarán esta base antes o después - me dice ella rompiendo el silencio, y su voz parece menos dura que de costumbre - Al igual que confías en que ésa será tu oportunidad para escapar.
No respondo. Sí, esa es mi gran esperanza. Que ataquen esta base y poder huir. Sean Federación de Güns o sean Amalgama, en cuanto me vean, tratarán de ayudarme. 
- No impediré tu huida - me dice, sorprendiéndome - Pero si hay un ataque, aunque yo no iré a matarte, otros sí lo harán, y no estaré para defenderte. Ni yo, ni nadie. Al fin y al cabo, no te necesitamos aquí.
Las puertas se abren y vuelvo a seguirla, sabiendo que soy completamente innecesaria en este lugar, que si me ella ha salvado ha sido porque ha querido, y que dependo totalmente de ella para sobrevivir aquí.
Al menos, hasta que alguien ataque.
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Bueeeno, pues ya sabéis por qué le pasó a Yleendra lo que le pasó, por el ataque a Amalgama por parte de Unión Humana.
(Frase anterior extraída de un INCREÍBLE videojuego llamado Fallout 3, al cual no he podido jugar pero sí he jugado a Fallout: New Vegas y sé que Fallout 3 es estupendo. Si clickáis en la frase, podéis ver la intro del primero; y aquí la del segundo, pero no es ni la mitad de épica.)
[Si os he contado todo eso, es porque Fallout es uno de mis videojuegos favoritos y una de mis mayores inspiraciones. Tiene de todo: acción, decisiones morales, una historia muy buena de fondo, ambiente post-apocalíptico, paisajes preciosos, humor, ciencia-ficción... Si algún día podéis, jugadlo. Tiene mucho que ofrecer, a parte de fallos graciosos como éste...
]
Tras soltaros todo ese rollo... pues deciros que la mujer asiática es más o menos como la mujer de la imagen, que es Makina de un anime llamado Deadman Wonderland, el cual dejé a medias.
En fin, pues a ver qué ocurre con Yleendra dentro de Unión Humana... territorio enemigo, amigos xD
Muchas gracias a Cgm y Pao DCid por haber comentado el anterior capítulo ^^
También gracias a los que leéis y tal :D
Un besote y nos leemos dentro de unos días ^^

2 nov 2013

Artefactos - Para la vejación.

[ADVERTENCIA: este texto contiene fragmentos de tortura explícita, aunque tampoco es nada demasiado terrible, por lo que aviso más que nada para que preparéis vuestras mentes antes de leer. Y eso.]
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Le dije que lucharía por mi vida hasta el último momento. No, se lo prometí. Se lo prometí. Es una promesa. No puedo echarme atrás. 
Siento que mis fuerzas se desvanecen por segundos, que los párpados me pesan. Pero no es sueño, es algo distinto. La vida parece escaparse de mi cuerpo a cada segundo, a cada respiración. Pero intento mantenerme consciente. Tengo que hacerlo, por Ludwig. Por mi futuro, el futuro de mi especie, mis amigos y familiares muertos. Por todos ellos.
Toso y, al tensarse mis músculos, me recorre un latigazo de dolor que hace que apriete los dientes. Duele tanto, o más, que la conexión con un Artefacto. Duele por todas partes.
Lo peor es tener los brazos elevados todo el tiempo, enganchados a la pared con grilletes, y tener que estar de pie. Si me dejo caer para que las piernas descansen, los músculos de los brazos se estiran demasiado y duelen, pero si me mantengo en pie, acaban por picarme y dolerme las piernas desde los pies hasta el final del muslo.
De pronto abren la puerta frente a mí. Me encojo de terror, tratando de protegerme, pegándome a la pared todo lo que puedo. Intento esconderme, es un instinto. Una voz que me grita que me cubra.
Me tiran un cubo de agua fría por encima que, aunque provoca una sensación más que desagradable, también me limpia un poco y, de algún modo, me revitaliza, aunque sea muy levemente.
- ¿Qué tal está la más resistente de nuestras prisioneras? - me pregunta el hombre que me ha estado torturando estos días, con una voz repugnantemente dulce.
Se acerca a mí y me agarra la barbilla, obligándome a mirarle. Sus humanos ojos azules se clavan en los míos como las agujas que decidió hundir en mi lengua hace... no sé cuánto tiempo. He perdido el sentido del tiempo.
- Tienes los labios muy secos y llenos de heridas - me dice, observándolos - Tranquila, tengo una solución - añade, apartándose de mí.
De uno de los bolsillos de su pantalón saca medio limón, y yo no puedo evitar que un grito ahogado salga de mi garganta. Él me mira, fingiendo estar sorprendido, y empieza a decirme que no me preocupe, que lo hace por mi bien, para que las heridas cicatricen bien y para que mis labios se humedezcan.
Intento evitarlo, pero lo exprime sobre ellos, provocando una sensación de escozor horrible, y luego lo mete en mi boca y me obliga a morderlo. El ácido zumo entra en contacto con las heridas de mi lengua y escuece aún más.
Un par de lágrimas de dolor caen por mis mejillas y entonces él saca el limón. Empiezo a jadear, emitiendo suaves quejidos, mientras la sensación desaparece. Cuando estoy empezando a sentirme mejor, me pega un rodillazo en el estómago que consigue que me doble a pesar de los grilletes y del dolor en los brazos. Vomito del golpe, pero no sé qué vomito. Llevo mucho tiempo sin comer. Son los propios ácidos de mi estómago que vuelven a hacer que la boca me escueza.
- Puto asco - dice el humano, y luego me agarra del pelo y tira de mi cabeza - Es una pena que haya tenido que hacerte todo esto. Para ser una sucia güns, eras agradable a la vista. Mírate ahora: asquerosa, maloliente, vomitando, con un ojo tan hinchado que ni lo puedes abrir, moratones y quemaduras por todo tu cuerpo, sin algunas de tus garras...
Entonces, sus ojos se iluminan, y empiezo a negar con la cabeza. Mira a mi mano derecha, donde me quedan dos uñas de tres que debería tener. Me falta la del índice.
- Por favor, no - suplico, y él me pega un puñetazo en la cara.
- Cállate - me dice, masticando las palabras, y luego me escupe.
Empiezo a llorar desconsoladamente. Otra uña no, por favor. Rezo a todos los dioses posibles para que no sea una uña más. Es... lo peor. Están tan pegadas a la piel, son tan fuertes, sangran tanto, y tardan tanto en separarse.
Sin embargo, veo como vuelve con unos alicates. Grito de puro terror, empezando a temblar, más aún cuando noto los alicates apretando el final de la del meñique. Aprieto los ojos, preparándome para lo que va a venir. Nada me va a librar de esto.
- Sabes que podrías librarte si dices los planes que tenéis los imbéciles de Amalgama - me susurra nuevamente en ese tono dulce de antes.
- No sé nada, de verdad. Sólo soy un simple Artefacto. Los que llevan los planes son otros, no yo. Sólo sigo órdenes que - mi respuesta se corta por mi grito al notar cómo tira de mi uña. 
Siento la piel separándose, es un dolor profundo, punzante. Empiezo a marearme y temo desmayarme, pero una patada en la rodilla me devuelve a mi horrible realidad.
- ¡Así no te vas a librar! - grita, y luego tira más de la uña.
Grito mientras lloro, sollozo, y acabo por notar un líquido caliente descendiendo entre mis piernas. Qué degradante. 
No me merezco esto. Empiezo a suplicarle en mis pensamientos a cualquiera que pueda oírlos, a algún dios que sea real, que me salve de esto, que me mate, lo que sea. Que todo esto pare.
No puedo más, no puedo más.
Termina por arrancarme la uña y emito un último alarido de dolor.
- Eres un asco - me dice - Todos los putos güns lo sois, y además sois unos blandos - dice, y noto que echa limón sobre mi nueva herida, provocando que grite de nuevo - Mírate. Llevas aquí apenas tres días y seguro que estás suplicando tu muerte, rezando a tus dioses de mierda - se acerca a mí mientras yo lloro, y nuevamente me agarra la cara y me obliga a mirarle - Seguramente mueras hoy. Estás fatal. Pero no puedo dejar que te vayas sin probar un poco de sexo con humanos, para que sepas que incluso en eso somos superiores. 
Aprieto los ojos. No, por favor. No quiero ser humillada hasta ese punto, hasta la violación. Lo he sido ya suficiente.
Oigo cómo se desabrocha los pantalones y aprieto los dientes, suplicando nuevamente que no ocurra, y cuando ya me tiene agarrada y está a punto de suceder, una gran cantidad de luces se encienden.
El humano se aleja de mí y se sube los pantalones rápidamente, para luego erguirse y mirar hacia arriba, saludando de manera militar.
- Eres asqueroso - le espeta una voz femenina, pero curiosamente grave.
Miro hacia donde él está mirando y veo a una mujer de mirada dura tras un cristal que parece estar en un piso superior. Sus ojos rasgados y negros miran al hombre con desprecio, y luego me miran a mí con eso mismo, pero también curiosidad.
- Güns - me llama - ¿Te gustaría mantener relaciones sexuales con ese hombre?
Niego levemente con la cabeza.
- A mí tampoco - dice, y luego añade volviendo a mirar al humano - No sé quién ha sido el oficial que te ha encargado semejante barbaridad, pero yo soy quien lleva las riendas aquí, así que te comunico que, primero, serás gravemente penalizado por esto, y segundo, te despediremos - dice, y no puedo evitar alegrarme sobremanera - Humanos como tú hacen que a veces me pregunte si realmente somos superiores a los güns.
Dos hombres entran en la sala en la que estoy y le ponen unas esposas al que me ha estado torturando. Se lo llevan. Después llegan otros dos que sueltan mis grilletes.
Me caigo al suelo de rodillas, y me cuesta no acabar tumbada sobre él. 
- La enfermería está dos pisos más arriba de lo que estás, güns - me indica la humana - Si consigues llegar allí y  suplicas, quizá te proporcionemos algún tipo de ayuda.
Alzo la cabeza como puedo para ver nuevamente su fría pero curiosa mirada, y asiento con la cabeza casi a modo de agradecimiento.
Si tengo que arrastrarme y suplicar para vivir, lo haré.
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Espero que no os haya resultado demasiado desagradable xD
Bueno, como veis, Yleendra está metida en algo chungo. Pero chungo de verdad. El asunto es... ¿qué exactamente? Aaaah, lo sabréis en el siguiente capítulo, aunque os invito a intentar adivinarlo en los comentarios ;) Siempre me gusta leer vuestras teorías.
Por otra parte, muchas gracias a los que comentáis ^^ Cgm, Pao D'Cid y Dolores Enima Neag, sois estupendas ;) 
También gracias a los que sólo leéis, pero nuevamente os animo a comentar.
Por cierto, la tipa de la imagen... Yleendra no es tan guapetona, lo sentimos xD Ni está en tan buen estado como ella. Realmente, está hecha mierda, así de claro.
Eeeeen fiiiiin, ya veréis lo que pasa.
Muchas gracias a todos ^^ Y un besoooote enorme, además de un abrazo.
¡Nos leemos!