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18 abr 2014

[Intoxicados 24] - Felicidad

El anterior capítulo tuvo algún problema de publicación. Es decir, fue publicado el día correspondiente (Viernes 11 de Abril), pero no se muestra en el blog por motivos que desconozco. Si no has podido leerlo, CLICKANDO AQUÍ podrás. Gracias y perdón por las molestias.
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Es mi turno. Llevo casi hora y media haciendo cola, con Kiyoshi al lado. Al menos nos hemos estado acompañando el uno al otro, charlando y esas cosas. Él, cuando el enfermero ha dicho ese escueto: "siguiente", me ha dicho que pasara primero.
Entro en una pequeña sala con tres o cuatro personas más, y una serie de doctores. Me piden que me siente en una silla, y pronto llega un médico con una caja en la que sale la imagen de una jeringuilla. Me subo la manga del jersey hasta cerca del hombro y aparto la mirada. El tipo me dice que esté tranquila, que es una vacuna efectiva, que no me pasará nada... que como mucho mañana tendré un poco de fiebre pero ya está. Tomo aire y asiento. Primero noto frescor en el antebrazo y después la aguja pasando por mi piel. Cierro los
ojos, aguantando el punzante dolor y la extraña sensación que le sigue, pero para cuando me quiero dar cuenta, ya vuelto a notar el frescor de antes.
Agarro el algodón con líquido, pegándolo a mi piel, sosteniéndolo. El doctor, animadamente, me dice que estaré contenta, que ya prácticamente soy inmune.
- Bueno, igualmente me pueden comer viva - digo, bromeando.
- No seas pesimista, mujer - dice él, partiendo un pedazo de esparadrapo - Si cada vez quedan menos. 
- Las previsiones son que para dentro de veinte años estarán casi todos exterminados... o curados si se consigue hacer una cura - digo, mientras el pone el pedazo partido sobre el algodón para que no tenga que sostenerlo más.
- El único problema para curarles es la putrefacción interna y externa. Un ser humano en esas condiciones no puede vivir - me explica en tono triste - Pero bueno, ya verás cómo poco a poco el mundo se recupera.
Asiento con la cabeza y esbozo una sonrisa. Le doy las gracias por haberme puesto la vacuna, sintiéndome en realidad bastante feliz porque sé que nada me ocurrirá si me muerde un zombie, porque sé que aquella mujer que rescaté verdaderamente era inmune y porque gracias a ella el resto también podemos serlo.
Salgo de la sala, viendo que Kiyoshi observa con cierta fascinación cómo la larga y fina aguja de la jeringuilla entra en la piel de su brazo, y le espero fuera hasta que sale, momento en el que nos ponemos nuestros abrigos, guantes y bufandas y salimos al helador frío de la calle para ir a casa.
***
Me miro en el espejo, y no puedo evitar sonreírme. Llevo casi una hora arreglándome, pero ha merecido la pena, aunque igualmente sigue resultándome extraño. El pelo me ha crecido estos últimos meses, pero he conseguido tener un peinado decente a base de echar todo hacia un lado, colocar mechones con pinzas, y echar laca. Por otra parte, me he puesto un brillo de labios discreto, y he maquillado mis ojos más que de costumbre, echando un poco de sombra de ojos.
El vestido es simple: de tirantes anchos, azul un tanto grisáceo, apretado en la cintura y con una falda que llega hasta un poco más allá de la mitad del muslo. Para ir más abrigada, dado que es invierno, me he puesto una camisa blanca de manga larga, y unas medias gruesas de color gris. Los zapatos, negros, con apenas tres o cuatro centímetros de tacón, parecen escolares.
En general, parezco una colegiala de instituto muy pijo. Pero igualmente, estoy muy guapa.
Camino hasta el cuarto de Kiyoshi, aunque últimamente se ha vuelto nuestro cuarto, y le encuentro inyectándose su cura particular en el abdomen, a medio vestir. Hoy nos hemos puesto la vacuna contr
a el virus zombie, pero hace apenas mes y medio, salió la del gas venenoso. Por desgracia para los intolerantes, aquello no fue suficiente para ellos. Ahora son como los diabéticos: necesitan dosis diarias de lo que sea para poder llevar una vida normal.
Entonces levanta la vista, aunque no me ve. Deja la jeringa en su pequeño estuche y luego se limpia la escasa sangre con un pañuelo. Es cuando cierra el estuche y se da la vuelta cuando me ve. Se queda unos segundos mirándome y luego me dice:
- Estás preciosa.
Sonrío, bajo la mirada y me coloco un poco el pelo. Para cuando vuelvo a alzar la vista, está frente a mi. Me mira con cariño al tiempo que acaricia mi rostro con su mano. Subo yo la mía hasta la suya y cierro los ojos, manteniendo su mano en mi mejilla. Me hace sentir bien.
Entonces siento que se acerca un poco más a mí. Abro los ojos y le descubro ya agachándose para besarme. Levanto la cabeza, mirando a sus ojos castaños, aunque enseguida mi vista queda en negro cuando le beso.
Cuando nuestros labios se separan, él se limpia los suyos con el dorso de la mano y se ríe:
- ¿Te he dejado lleno de babas o qué? - pregunto, con cierta sorna.
- No, pero sí de pintalabios o lo que fuera - responde, todavía entre risas.
- Ah, cierto - digo, llevándome las yemas de los dedos a los labios - Debería volver a ponerme...
- Déjalo - dice él, y le miro enarcando una ceja - Pienso besarte muchas otras veces esta noche.
***
La celebración de Navidad del instituto es modesta, pero para mí es más que suficiente. Estoy contenta de que, tras cosa de tres años sobreviviendo al apocalipsis, ahora pueda celebrar una Navidad normal. Incluso me alegro de saber qué fecha es. Cuando sobrevivía sólo podía intuirlo por el paso de los días y el tiempo que hiciera.
Pero bueno, ahora estoy aquí picoteando lo que han puesto para comer, escuchando música marchosa de fondo, viendo a casi todos mis compañeros de instituto vestir con trajes y vestidos. Estamos todos contentos de estar aquí, a pesar de ser, en nuestra mayoría, personas que hemos perdido a gente que queremos. Ahora estamos aquí, disfrutando de esto, y es lo que importa.
Decido que será mejor dejar de atiborrarme a patatas fritas, y estoy bebiendo un poco de Fanta de naranja cuando Kiyoshi me da la mano. Dejo el vaso sobre una mesa y le miro. Con un gesto de cabeza me indica que quiere bailar conmigo.
Me lo planteo un segundo. Bailar nunca ha sido lo mío, y tampoco es que me guste mucho... pero después de haber estado meses ensayando con las chicas del Club de Danza, y después de haber bailado enfrente de medio instituto subida a un escenario porque hicimos un pequeño espectáculo; pues me siento más segura. Además, ahora camino sobre tacones, pero no tan altos como aquella vez.
Sigo a Kiyoshi hasta el centro del recinto, donde bailan otros, y me uno a ellos. A él se le da mejor que a mí, se nota que le gustan las discotecas y está acostumbrado a estas cosas; pero por suerte baila conmigo y me hace seguir sus movimientos y esas cosas. Está bien, es divertido, y acabo por reírme a carcajadas.
Entonces, el ambiente cambia, como aquella vez en el karaoke. Las luces se vuelven menos intensas y empieza a sonar una canción que más romántica no podía ser. Miro a Kiyoshi, que está estupendo con su traje negro y su corbata. Se encoge de hombros, esbozando una media sonrisa, y me tiende la mano. Se la doy y sube el brazo a un lado de su cabeza, para luego atraerme hacia él tomándome de la cintura.
Comenzamos a girar lentamente, y a veces me hace dar una vuelta debajo de su brazo, sin soltarme la mano. Cuando vuelvo a su lado, sin apartar mi mirada de sus ojos medio asiáticos, medio caucásicos; le pregunto con cierta sorna:
- ¿Has dado clases de baile o qué?
- Ni que esto fuera muy difícil - me responde.
- Para mí un poco - digo yo, y él niega con la cabeza y dice:
- Si lo estás haciendo genial.
- No me mientas - le digo, enarcando una ceja y esbozando una media sonrisa.
Él se ríe y, de pronto, me suelta la mano y me acerca más a él, haciendo que tenga que pasar los brazos por encima de sus hombros. No me quita el ojo de encima. Me mira como si fuera lo más bonito que ha visto en su vida. Normalmente una mirada así me haría sentir incómoda, pero esta vez... esta vez está bien, porque sé que yo le estoy mirando igual. Aunque todo esto no evita que sienta calor en mis mejillas. Pero no importa. Él también está un poco sonrojado.
- Saya.
- Dime.
- No sé qué va a pasar con nosotros - empieza a decir, haciendo que frunza un poco el ceño -, pero quiero que sepas que ahora mismo lo único que puedo pensar es que, ojalá, algún día seamos un par de vejetes casados recordando este momento, y que nos dé por echarnos un baile lento sin música en medio de nuestro salón.
Me río ante la imagen mental que provoca. Es bonito, sí.
- Estaría bien - comento.
- Entonces, ¿te casarías conmigo? - me pregunta, y le miro sorprendida.
- ¿Me lo estás pidiendo? - le pregunto mirándole con escepticismo.
- No, leches - responde, sonriendo - Sólo pregunto si lo harías en un futuro.
- ¿Para qué? Podemos ser una de estas parejas que viven sin casarse toda su vida.
- Uy, qué modernos - dice él, sarcástico, y luego añade más sarcásticamente aún - Pero eso es vivir en pecado, Saya. No se puede.
Me río ante su comentario y luego acerco un poco mi rostro al suyo:
- Si nosotros ya vamos de cabeza al infierno - le digo - Entre yo que soy una asesina, tú que has tenido polvos de una noche, y los dos teniendo relaciones sin estar casados...
- Shhh, no pueden enterarse - dice, nuevamente bromeando, señalando con la cabeza a la gente que nos rodea.
- Que se enteren - respondo, y entonces subo la mano a su nuca y le atraigo hacia mí.
Le beso suavemente, haciendo que los dos dejemos de girar, de movernos. El mundo se reduce a nosotros, a la música de fondo. No hay nada más. Y está bien así.
***
Y sigue estando bien. Ahora, a mis casi treinta años, miro las fotografías que conseguimos de aquel baile, y sonrío. Hace tiempo que no hacemos cosas tan románticas, pero no importa. Kiyoshi sigue sacándome sonrisas a diario con sus ocurrencias, con sus tonterías, sigue tocando el piano para mí, sigo cantando con él... y sigue colándose en el baño cuando me estoy bañando, o duchando, o lo que sea. Lo hace para juguetear, como siempre, para hacerme reír. Al menos ya no me roba la ropa... no siempre.
Pero bueno, por todo eso, tengo pensado pedirle que se case conmigo. Normalmente lo pide el hombre de la relación, pero... a mí esas cosas siempre me han importado poco. Creo que ya va siendo hora de terminar de sentar la cabeza.
Y bueno, no va a ser nada especial. En cuanto le oiga llegar de su trabajo, iré a la puerta y le diré: "Kiyoshi, casémonos". Así. Lo llevo pensando desde hace unos días y me parece lo mejor. Y no puedo esperar a ver su cara de sorpresa cuando se lo diga.
Espero que no me rechace, porque si no, la hemos liado. 
Oigo la puerta de casa abrirse, y me levanto de golpe. No sé por qué, pero mi corazón se acelera. Siento lo mismo que la primera vez que le besé, la primera vez que canté con él, la primera vez que me enfadé realmente y le grité, la primera vez que me perdí por las sábanas. Toda la adrenalina de nuevo corriendo por las venas.
Trago saliva y comienzo a caminar. 
Llego a la entrada. Está quitándose los zapatos y desajustándose la corbata. Me lanza una mirada breve y está a punto de decirme algo cuando yo digo:
- Kiyoshi, casémonos.
Se queda quieto, muy quieto. Luego se mueve lentamente, me mira a los ojos, y me dice:
- No sabía que podías hacerme aún más feliz de lo que era.
Y eso es un sí.
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A ver, A VER, antes de nada: siento haber tardado un huevo y medio en publicar. La verdad es que el martes tuve una fiesta de la parra, llegué a casa a las 9 y media de la mañana del miércoles tras pasar toda la noche despierta, y me pasé el día durmiendo.
Ayer, jueves, estuve haciendo los dibujos que salen en este capítulo. No es que sean una maravilla, pero quería hacer algo "especial". Y bueno, ahí están.
Y hoy, por fin, POR FIN, publico este último capítulo.
Podéis tirarme tomates por la tardanza, no lo dudéis.
Dicho esto, pues nada. Agradecer a Pao Del Cid que comentara el anterior capítulo. Estoy segura de que Cgm también lo habría comentado de no ser porque es un capítulo fantasma, como he dicho al principio de este. Es que madre mía, estar, está; pero no aparece. Es una locura.
Y bueno, gracias ellas dos también por haber seguido la historia. También a Dolores Enima Neag y a algún que otro anónimo. Si me dejo a alguien, lo siento de veras.
Espero que todos lo hayáis disfrutado tanto como yo escribiéndola ^^ Y sois estupendos, de verdad :')
Por otra parte, a ver si para la semana que viene ya de una vez contesto a todos los comentarios, QUE YA ME VALE.
Y dentro de un par de semanas, empiezo con Carne entre los dientes ;)
Muchas gracias a todos nuevamente ^^ 
¡UN ABRAZO ENORMÍSIMO!

17 abr 2014

[Intoxicados 23] - ...y salva.

Llevo desde las ocho de la mañana esperando. Han pasado más de veinticuatro horas desde que Saya se fue ayer. Recuerdo que me levantó el dedo corazón y tuve que hacer que me desmayaba porque no podía aguantar más una sonrisa. Cuando se dio la vuelta, me dediqué a observar cómo se iba, notando que con ella marchaba cualquier resquicio de alegría.
Estuve horas en el recibidor, mirando hacia fuera. Tenía la absurda esperanza de que volvería a cada instante. De que me diría: "¿Sabes qué? Se lo han asignado a otra persona. Puedo quedarme aquí". Acabé por quedarme dormido, tumbado en el suelo. Desperté cuando eran ya las cuatro de la tarde y el silencio de mi casa me abrumó. Saya no había vuelto, obviamente. No estaba siendo todo una pesadilla. Era de verdad. Se había ido y no volvería.
Me levanté y me hice algo para comer. No demasiado, no tenía apetito.
Me avergoncé un poco de mí mismo al pensar que las últimas palabras que le había dedicado eran sobre que todavía no nos habíamos acostado. Quería gritar que la quería, que necesitaba que volviera... pero ella no quería eso, ni lo necesitaba. Ella necesitaba subir sus ánimos, al fin y al cabo, se enfrentaba a algo peor que yo.
Y quien sabe si se sigue enfrentando. No sé a qué hora volverá. Se supone que vuelve hoy, pero... ¿cuándo? ¿Y cómo sé que volverá? ¿Cómo sé que podré volver a estrecharla entre mis brazos, a verla metida en la bañera, a disfrutar de sus risas, a observar con fascinación cómo sonríe, a sentir la suavidad de su piel, a dormir a su lado, a sentirme tan feliz o a hacer duetos con el piano? 
No puedo... no puedo saberlo, ni puedo perderla. Tengo demasiado por vivir con ella. No sé hasta dónde llegaremos, pero el asunto es que podemos llegar tan lejos, tan absolutamente lejos... y si de pronto no vuelve, todo eso se desvanece. Volveré a estar solo, y no deseo eso. Quiero a Saya a mi lado.
Apoyo la cabeza en la mesa, y comienzo a pedir en silencio, sin saber bien a quién, que por favor haga que Saya esté bien, que vuelva, que no le ocurra nada malo. Que pueda volver a oír su voz. Sólo eso.
Suplico no sé cuánto tiempo. Suplico por ello al vacío y silencio que me rodean hasta que los párpados empiezan a pesarme y termino por quedarme dormido.
***
Me despierta un ruido. Levanto la cabeza inmediatamente, aturdido, confuso. El primer pensamiento que pasa por mi cabeza es que alguien ha entrado en casa. Escucho con atención hasta que identifico varios sonidos que vienen de la entrada. Me levanto rápido como el rayo, pidiendo que por favor sea Saya.
Salgo del salón y miro a la entrada. Ahí está, sentada en el suelo. Se quita una de sus botas, y yo me acerco. Me quedo a su espalda, observando su uniforme manchado por una salpicadura de sangre en un lateral, preguntándome si está bien. Entonces se quita la segunda bota y se levanta. 
Se gira hacia mí. Tiene una herida en la mejilla derecha, pero está bien. Nos quedamos mirándonos sin saber qué hacer hasta que reacciono. Me acerco deprisa y la abrazo con fuerza, dando gracias internamente porque está aquí. 
Ella también se abraza a mí. Agarra mi ropa como yo agarro la suya mientras me aprieta contra su cuerpo. Es como si no quisiera volver a separarse de mí, y la entiendo. Yo tampoco quiero.
- He pasado tanto miedo - me dice, entonces, y noto que su cuerpo empieza a temblar mientras sus manos atrapan más mi ropa.
- Tranquila, estás bien - digo, en tono bajo - Ya estás en casa, Saya. Nada malo puede pasarte aquí.
Se separa de mí, entonces. Me mira profundamente a los ojos. Sube las manos hasta mi rostro, y se queda
mirándome. Estoy a punto de decirle las palabras que quiere oír, cuando me besa con suavidad. Jamás sus labios me habían sabido mejor.
Respondo a su beso con la misma suavidad que ella, hasta que me decido a profundizar un poco más. Bajo las manos de su cintura a su cadera y la atraigo hacia mí. Su lengua acaricia la mía, sus dedos se pierden entre mi pelo, y su otra mano se cuela por debajo de mi camiseta.
Bajo más las manos, tocando sus nalgas, hasta que la levanto. Sus piernas atrapan mi cuerpo automáticamente. Nuestros labios no se separan, como si nos fuera a pasar algo si lo hicieran. 
Me doy la vuelta, dispuesto a ir escaleras arriba, por lo que al final tengo que separarme de ella para poder mirar a los escalones. Pretendía no soltarla, ir con ella en mis brazos hasta la planta de arriba, pero ella lo hace. Va subiendo frente a mí, quitándose la parte de arriba del uniforme, quedándose en camiseta interior y pantalones. Terminamos por subir. Entra en su cuarto, girándose en el umbral de la puerta, haciendo un signo con el dedo para que la siga, como si no fuera a hacerlo.
Cuando entro, se está desabrochando el pantalón. Observo cómo lo hace, y cómo bajo ese uniforme ancho aparecen sus femeninas piernas, sus firmes muslos; aunque esta vez tiene algunos moratones aquí y allá.
Ahí está ella, de pronto, en camiseta interior y braguitas. Parece que no se haya ido nunca de aquí. Parece que simplemente haya estado estas largas horas en su cuarto, dormida.
La observo. Su cuerpo me excita y maravilla al mismo tiempo. La manera en la que comienza a jugar nerviosamente con su trenza me hace sonreír, y es entonces cuando siento que algo en mí cambia, o algo en el ambiente. 
Miro cómo acaba por sentarse en su futón, y en ese momento yo aprovecho para quitarme la camiseta. Me siento a su lado y, entrelazando mis dedos con los suyos, vuelvo a besarla. De su boca paso a su cuello, el cual apenas rozo a ratos con los dientes, a ratos con los labios. Ella suspira, y su voz inunda mis oídos. Acaricio con la mano libre los laterales de su cuerpo, notando sus curvas, hasta que me decido a agarrar su camiseta. 
Me alejo un tanto de ella y la desnudo, dejándola en ropa interior. Entonces la empujo muy suavemente, haciendo que se tumbe, quedándome encima. Beso sus labios, luego su barbilla, su cuello, la parte descubierta de sus pechos... y sigo bajando. Termino por deslizar hasta sus tobillos lo que cubre su intimidad, y luego únicamente con la boca consigo que acabe estremeciéndose de placer, que la habitación se llene de su voz, que sus piernas tiemblen.
La abandono unos instantes, yendo a mi cuarto. Me quito lo que me queda de ropa, abro un cajón y saco un preservativo de una caja. Creo... creo que es el momento.
Vuelvo a su habitación. Ella me espera, ya recuperada del clímax, con las rodillas juntas y apoyada en sus antebrazos. Me sorprende que se haya quitado el sujetador, pero me tiendo a su lado y le muestro el preservativo aún enfundado.
Separo los labios, dispuesto a preguntarle si ella quiere, pero se acerca a mi oído y me susurra:
- Házmelo, Kiyoshi.
Sus palabras me provocan un escalofrío, y aumentan mi libido aún más. Pero sigo sintiéndome diferente. No estoy meramente excitado. No quiero solamente tener sexo con ella. Quiero expresarle de esta manera que la quiero. Es lo que siento. La quiero y esta es quizá una de las mayores maneras de demostrárselo. Quiero ver cómo se estremece gracias a mí, pero ante todo quiero entregarme a ella, sólo a ella.
Se tumba mientras yo me encargo de colocar el preservativo. Luego me coloco sobre ella. Tomo una de sus manos, poniéndola a un lado de su cabeza, y entrelazo sus dedos con los míos. Puedo notar su cuerpo temblar, esta vez de nervios, así que antes de hacer nada aprieto con suavidad su mano y beso sus labios con cariño, consiguiendo que se tranquilice un poco. Lo que ella no sabe es que yo también estoy nervioso. 
Entonces, sin apartar mis ojos de los suyos, sin desviar la mirada, empiezo a acercar más mi cadera a la suya. Pronto siento su calor, su humedad, y aunque eso haga que quiera ir más deprisa, que desee llegar más profundo; sigo yendo lentamente. Su pecho se hincha, tomando aire, pero su mirada no se aparta de mis ojos. Yo frunzo el ceño ante la agradable sensación hasta que estoy totalmente unido a ella.
Entonces Saya suelta el aire que había mantenido en sus pulmones. Me quedo observando su rostro, sus ojos oscuros, el lunar en su barbilla. Aprieto sus dedos y ella vuelve a mirarme. Es entonces cuando por fin consigo decirle que la quiero.
Ella esboza una gran sonrisa, y me dice que ella a mí también. Entonces suelta mi mano y se apoya en sus antebrazos, haciendo que de pronto sienta la caliente piel de su torso. Acerca sus labios a los míos. Creyendo que quiere besarme, yo también me muevo hacia ella, pero se aleja, dejando milímetros entre nuestras bocas, para susurrarme una única palabra que termina de avivar la hoguera que hay dentro de mí:
- Sigue.
***
Oigo a Saya salir del baño. Cuando llega al salón veo que tiene el pelo húmedo, todo peinado hacia atrás. Le queda... curioso. Viste apenas con una camiseta que le queda grande y unos pantalones pirata. Entonces se fija en que he preparado algo para comer. Bueno, bastante para comer. Me he tirado un buen rato en la cocina.
- No soy el mejor cocinero del mundo... pero he hecho lo que he podido - digo, sonriendo, mientras ella se sienta a mi lado.
- No tenías que haberte molestado - dice, y me da un beso cariñoso en la mejilla - Ya sabes que yo con una pizza soy feliz.
- Bueno, pero no podemos comer pizza todos los días.
- ¿Cómo que no? Si está bien rica.
- ¿Acaso quieres que engorde y deje de ser tan sexy como un dios griego? - pregunto de broma, y ella se ríe.
- Te querría aunque fueras una bola de sebo - me responde. 
- Sí, me querrías... como amigo - comento yo, cogiendo mis palillos, y como respuesta recibo un golpe cariñoso en el hombro - Eso es un sí - digo más b
ajo, y me vuelve a golpear un poco más fuerte.
Luego empezamos a comer. Me empieza a contar, sin que tenga que preguntarle, cómo le fue el viaje, o misión, lo que fuera. Me dijo que al principio bien hasta que se encontraron con un grupo pequeño de zombies, y aunque el conductor los atropelló, eso hizo que la velocidad de la camioneta bajara un momento y los infectados que quedaban de pie se pusieron a atacarla. Ella y sus compañeros tuvieron que salir y cargárselos. Luego entraron en la camioneta porque el ruido estaba atrayendo a más, y se fueron rápidamente.
El resto del viaje me dice que bastante tranquilito. Debido a la tensión tuvo una pequeña pelea con uno de sus compañeros porque, en cierto momento, se encontraron la carretera cortada por un poste eléctrico caído. Al parecer el tío estaba proponiendo cosas estúpidas para solventar el bache, y ella se las discutía, así que acabaron a tortas. De ahí su herida en la mejilla y los moratones que tiene por el cuerpo.
Que luego de eso, poca cosa más. Consiguieron mover el poste entre todos, llegaron a la ciudad, escoltaron a la inmune y su hijo hasta el hospital, pasaron lo que quedaba de día en una "especie de hotel", según sus palabras; y esta mañana volvieron sin incidentes en el viaje.
- Y el tío ese que se atrevió a ponerte una mano encima, ¿dónde dices que vive? - pregunto, aunque claramente estoy de broma... o no.
Saya se ríe y responde:
- No podrías con él. Es una mole de músculos. Tuvieron que apartarle de mí entre tres.
- Bueno, entonces tendré que colarme en su casa y envenenarle... - digo, poniendo cara de loco.
Saya vuelve a reírse, y luego seguimos comiendo tranquilamente. Acabamos acurrucados el uno al lado del otro viendo las noticias, esperando que digan algo sobre una cura o al menos algún pequeño reportaje sobre la mujer inmune. Pero no dicen nada. Supongo que pasarán unos días hasta que lo anuncien.
A mí casi que ya no me importa. Saya está aquí, conmigo, y no necesito nada más.
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Bueeeeeeeeeeeeeno... pues este ha sido el penútilmo capítulo :')
Qué bonito todo, madre del señor, QUÉ BONITO.
Bueno, ya habéis visto que no he sido mala. No era plan de matar a Saya. Pobre mujer, con lo que luchó para sobrevivir. Y pobre Kiyoshi, perdiendo otra novia. Habría sido muy cruel por mi parte y además, para esta historia, me temo que no pega nada xD
AUNQUE AÚN QUEDA UN CAPÍTULO. TODO PUEDE OCURRIR. MWAHAHAHAHAHA-no xD
No he sido mala, ai promis.
Aunque ya veremos lo que pasa en la siguiente historia. Ya veremos...
[Inserte aquí trollface]
Por otra paaarteee... muchísimas gracias a Cgm y Pao Del Cid por haber comentado el capítulo anterior. Una vez más os digo que sois estupendas las dos y os llevo a tope en la patata.
Ah, y bueno, comentaros que por algún motivo que no llego a comprender me siento muy orgullosa de este capítulo. No es un capítulo increíblemente fantástico en realidad, pero creo que me ha quedado muy bien todo, sí, sí xD 
Hay que confiar en uno mismo.
BUENO, nos leemos el martes con el último :'D
¡Un abrazo muuuuy fuerte para todos!

9 abr 2014

[Intoxicados 22] - Sana...

Me quito los altos tacones y los tiro al suelo para luego patearlos. A la porra ya con ellos. Llevo menos de una hora practicando los bailes esos para tenerlos memorizados cuando terminen las vacaciones y tengo los pies molidos. Menudo invento del diablo los tacones. Que sí, que estilizan las piernas y todo eso, pero a la porra ya. Mis piernas son lo suficientemente bonitas. No tengo necesidad de usar taconazos.
Me paso el brazo por la frente, limpiando mi sudor, y salgo de la habitación. Caminar con los pies descalzos me sienta demasiado bien. Cuando paso por el umbral de la puerta del salón, dispuesta a entrar en el baño a darme un baño fresquito, Kiyoshi me pregunta qué tal me va.
Suspiro y le respondo:
- Voy tirando.
- He oído un golpe - dice, mirándome con los ojos un poco más abiertos de lo normal.
- He tirado los zapatos al suelo - contesto - Te reto a que te subas en esos instrumentos de tortura.
- No me valdrían - responde, encogiéndose de hombros.
- Me da igual - digo yo, negando con la cabeza, y luego añado - Me voy a bañar. Te lo digo para que no entres de improviso en el baño como en otras ocasiones.
Se ríe y asiente con la cabeza, diciendo: "está bien, está bien".
Llego al baño y abro el grifo, regulando el agua para que salga templada tirando a fresca, y luego me desnudo. Tengo que esperar un poco hasta que termina de llenarse, pero merece la pena. En cuanto entro me recorre un escalofrío de placer. Qué bien, agua fresquita en verano, una bañera en la que puedo incluso estirar las piernas de lo grande que es... sonrío, tomo un poco de aire y meto la cabeza bajo el agua. Suelto lentamente el aire, abriendo los ojos y viendo las burbujas que se forman, hasta que no aguanto más y saco la cabeza.
Me echo el pelo hacia atrás y apoyo la nuca en el borde. Debería enjabonarme o algo, pero bueno, tengo todo el tiempo del mundo para hacerlo. Cierro los ojos, pensando en la buena vida que estoy llevando estas últimas semanas. Todo me va bien, y tengo la esperanza de que siga siendo así. Incluso creo que, lentamente, empiezo a superar las muertes a mis manos. Supongo que el hecho de haber salvado varias vidas me ha hecho ver que no soy el monstruo que creía ser.
Eso, y la constante sensación de felicidad. Es porque Kiyoshi está conmigo. Sola también estaría bien, pero a su lado, simplemente, mi tiempo es mejor. Los días se pasan volando, entre conversaciones, jugueteos, risas, hacer la comida, limpiar la casa, salir a alguna parte, ver alguna película, tomar cerveza, darnos cariño, echarnos siestas... y a veces darnos un poco a la pasión, acabar exhaustos mirando los dos al techo mientras nuestros corazones laten con fuerza.
Estoy acordándome de cómo consigue que me estremezca, de cómo sus manos y sus labios recorren mi piel; cuando decido que lo mejor será enjabonarme un poco y que no estaría de más depilarme.
***
- Comprendo. Nos vemos mañana a las ocho.
Cuelgo el teléfono y me quedo mirándolo unos instantes. Me dan ganas de tirarlo al suelo como he hecho esta mañana con los zapatos, pero no lo hago. Lo dejo lentamente en la mesa y me quedo de pie, pensando.
Kiyoshi me llama. Está a dos o tres metros de mí, sentado en el suelo, viendo la tele. Los dos estábamos viéndola hasta que me han llamado. Y de pronto, todo es distinto.
- Saya - vuelve a llamarme, y le miro - ¿Qué pasa?
- Me voy mañana - digo, seriamente.
- Bueno, no es tan grave. Tú estarás en tu piso, yo aquí... incluso puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras. No eres una molestia, precisamente - dice, sonriendo.
- No - digo, y su gesto se torna serio - No me refiero a eso.
- ¿Entonces...?
- ¿Recuerdas que encontré a una inmune? He sido seleccionada para escoltarla a otra ciudad, porque resulta que en el hospital que tenemos aquí no tienen medios para desarrollar una cura. Sabes lo que ello conlleva, ¿verdad? - le explico.
Asiente con la cabeza. Claro que lo sabe. Ir de una ciudad a otra supone salir de una zona libre de zombies a una repleta de ellos hasta llegar a la ciudad destino, que será zona limpia de ellos.
Por suerte iremos en una camioneta, pero igualmente, es peligroso. Quizá incluso haya obstáculos por el camino: postes eléctricos caídos, árboles, zombies taponando... de todo. Puede haber de todo. Puede pasar de todo.
Me acerco a la mesa baja y me siento cruzando las piernas. Apoyo los codos en las rodillas y la cabeza en las manos.
- Bueno, seguro que va bien - dice él, animándome - ¿Cuánto tardarás en volver?
- Se supone que pasado mañana ya debería estar aquí - respondo, sin cambiar mi postura.
Se acerca a mí y me abraza como puede, aunque yo no me mueva. Pasan unos segundos hasta que me río un poco digo:
- Al menos me darán una paga extra.
Kiyoshi también se ríe levemente, y es entonces cuando me decido a abrazarle yo también a él. Al principio es un abrazo normal, pero cuando me doy cuenta de que quizá no vuelva, acabo por sentarme sobre él, como he hecho otras veces. Pero esta vez es distinto. Sólo quiero abrazarle. Y eso hago, con brazos y con piernas, estrecho mi cuerpo al suyo. Me da igual que haga calor. Temo no volver a notar esto. Temo no volver a sentirle tan cerca de mí.
Él también hace lo mismo. Me aprieta con fuerza contra sí.
No sé cuánto tiempo pasamos así, abrazándonos. No lo sé, pero no me importa, porque es como si se parara el tiempo, como si de pronto no hubiera un terrible mañana, como si pudiéramos estar así toda la eternidad. Ni yo le suelto a él, ni él a mí. En silencio, ambos, respirando, apenas moviéndonos. Sí, el tiempo se vuelve... estático.
***
Aprieto los cordones de las altas botas militares. Es un uniforme de camuflaje que sólo he usado un par de ocasiones. Normalmente, me cambio en el trabajo. Tengo otro allí. Este es más para este tipo de casos, o por si el otro acaba en condiciones terribles.
Kiyoshi está a mi espalda, en pijama. A pesar de que podría haberse quedado durmiendo para no madrugar, se ha levantado conmigo, ha hecho el desayuno, el cual hemos tomado juntos, y ahora sigue aquí conmigo, en la entrada de la casa, observando cómo me calzo.
Termino de hacer el nudo de la segunda, bien fuerte, para que no se desate; y entonces me levanto. Suspiro sonoramente. No quiero irme. Quiero quedarme aquí, seguir disfrutando de mis vacaciones. Temo demasiado no volver. Temo tener que volver a matar a alguien. Temo acabar sobreviviendo en zonas abandonadas, como antes. Temo no tener a Kiyoshi a mi lado.
Me giro y le dedico una sonrisa. Él a mí otra, aunque la alegría que muestra no llega a sus ojos.
- Pareces todo un hombre metida en ese uniforme - dice, bromeando.
- Tampoco es que yo sea Miss Feminidad - respondo, esbozando una media sonrisa.
- Eso es mentira, y lo sabes - dice él, acercándose a mí.
Separo los brazos, y él, entendiéndome, viene a abrazarme. Sé que quedan aún un par de minutos para irme, por lo que los aprovecho al máximo, nutriéndome de este momento como si tuviera que sobrevivir gracias a él dos días, como si fuera mi alimento. Entonces Kiyoshi me levanta del suelo, sorprendiéndome, y me da una vuelta en el aire. Me hace reír sin que pueda evitarlo, y cuando me baja, me mira y me dice:
- Bueno, al menos he conseguido que te rías un poco.
- Eres muy bobo - digo yo, y él esboza una sonrisa amplia y empieza a decir:
- Pero te quie-
Le pongo un dedo en los labios, haciendo que se calle, y luego levanto la cabeza para besarle. Igual que hasta hace unos instantes me alimentaba de su abrazo, ahora me alimento de este beso. Lo disfruto todo cuanto puedo, memorizando cada sensación: el calor, sus manos en mi cintura, la sensación de su pelo ondulado entre mis dedos, la suavidad...
Finalmente, nos separamos. Es hora de irme.
- Dime lo que me ibas a decir cuando vuelva - le susurro, separando mi rostro del suyo.
- ¿Y cómo sé que volverás? - me pregunta, claramente preocupado.
- Lo sabes porque quiero escuchar lo que me tienes que decir - respondo - Y voy a luchar contra viento y marea para que me lo digas.
Se queda mirándome unos segundos en los que tengo que retener las lágrimas. El gesto que tiene, la enorme preocupación y miedo que reflejan sus ojos, su boca torcida hacia abajo... todo me hace querer no ir, pero no puedo. Tengo que irme.
- Tengo que irme - digo, dándome la vuelta.
Él se queda callado. Me pongo la máscara de gas, y sigue en silencio. Abro la puerta a la primera Sala de Purificación, y no dice nada. Es cuando se está cerrando la puerta tras de mí cuando le oigo exclamar:
- ¡Tienes que volver! ¡No hemos hecho el amor!
Me giro, con gesto incrédulo. Le veo a través de las puertas, sonriendo. Será idiota. Me hace reír y llorar al mismo tiempo. Las lágrimas caen de mis ojos sin que pueda evitarlo, pero a la vez, río como una boba.
Le miro directamente a los ojos, sin moverme, aunque él no pueda ver los míos, y manteniendo la sonrisa en mis labios, sintiéndome triste y alegre al mismo tiempo, levanto mi dedo corazón y se lo muestro.
Él hace como que se desmaya, como tantas otras veces. Me hace volver a reír.
Incluso en momentos tan difíciles como estos, es capaz de tragarse sus sentimientos para hacerme sentir mejor. Le quiero por estas cosas. Me hace feliz por estas cosas.
Y por estas cosas, voy a volver sana y salva.
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AAARGGHHHH
Acaban de dar las doce T^T Ergo es miércoles.
No me ha dado tiempo a publicarlo, técnicamente, el martes. Pero bueno, AÚN NO ME HE IDO A DORMIR. Sigue siendo viernes, subjetivamente.
Por otra parte, me he tirado hooooras buscando las dos imágenes que he puesto. No esas en particular, buscaba otras, como por ejemplo una chica con uniforme militar (pero o eran imágenes de mierda o eran disfraces en plan sexy o eran dibujos en plan sexy), una chica andando, me daba igual si con tacones o descalza (pero eran todas por calles y eso, no por interiores, y las que había en interiores, había gente cerca), un abrazo en plan triste... y lo mejor que he encontrado, ha sido ese gif.
Total, que no encontraba lo que quería y he tenido que poner esas imágenes, que más o menos se adaptan. Más o menos.
Por otra parte... OMG, DOS CAPÍTULOS PARA EL FINAL.
Vosotros estáis emocionados, yo también... y en este capítulo dejo temsión xD 
Mwahahhaa.
En fin, muchas gracias a Pao Del Cid y Cgm por haber comentado el anterior capítulo. ¡Sois geniales las dos! ¡Sí señor! ¡LA LECHE SOIS!
Y bueno creo que ya está.
Me he tirado casi una hora escribiendo este párrafo. ¿Por qué? Porque me entretengo con tonterías. Así soy yo.
Veeenga, un abrazo para todos ^^

5 abr 2014

[Intoxicados 21] - Raspar

Me pregunto qué leches está haciendo Saya. Lleva un par de minutos mirando unos pantalones largos que ha traído a mi cuarto. No sería raro si fueran unos vaqueros y se planteara ponérselos, pero es que nos disponíamos a dormir. Es la una de la madrugada, ya es hora. Y ella está ahí, con los shorts que usa siempre para dormir puestos, mirando unos pantalones largos de pijama.
- ¿Qué pasa? - le pregunto.
- Que pincho - responde, mirándome y señalando una de sus piernas.
Bajo la vista, e incluso tengo que concentrarme en mirar para darme cuenta de que, efectivamente, han empezado a aparecer pequeños puntos negros a lo largo de sus dos piernas.
- Bueno, ¿y qué? - pregunto, alzando la vista de nuevo.
- Que no quiero rasparte ni pincharte mientras dormimos - responde - Así que creo que lo mejor será ponerme esos pantalones... pero hace tanto calor.
- Mira, Saya - digo, incorporándome - Tú aguantas la molestia de mi bigote cuando está volviendo a salir y todavía no me he afeitado, ¿verdad? - le pregunto, y ella asiente - Pues con esto igual. Mi escaso bigote mal afeitado es el equivalente al vello de tus piernas.
- Bueno, en mis piernas hay mucho más pelo - dice ella, acercándose al interruptor.
- Más que en las mías no - contesto, esbozando una media sonrisa justo cuando apaga la luz.
- Pero eso es porque me depilo - contesta, metiéndose en el futón - Si me lo dejara crecer, te ganaría.
- Habrá que comprobarlo - respondo, y ella responde al instante:
- ¡Jamás!
Me río y, después de que apoye la cabeza en mi pecho, bajo la mano y acaricio la pierna que ha apoyado sobre mí. Ella la aparta de inmediato, y yo le digo que ni pincha ni raspa ni nada. Que vale, tampoco tiene ahora mismo las piernas más suaves sobre el planeta Tierra, pero que no me molesta. 
Ella, a modo de respuesta, pega su pierna a la mía y la mueve de arriba abajo. Y vale, sí, raspa un poco, pero me da absolutamente igual. 
Nos quedamos callados, y estoy empezando a quedarme dormido cuando oigo que susurra: "Buf, qué calor". Se mueve y se aleja de mí, buscando un sitio más fresco, pero al rato vuelve a decir casi las mismas palabras y se incorpora, quedándose sentada sobre el futón.
- Si quieres ve a dormir a tu cuarto, así no te doy calor - susurro mirando su espalda.
- Pero quiero dormir contigo - dice ella girándose un poco hacia mí.
- Entonces... - sonrío en la oscuridad y digo - tendrás que quitarte algo de ropa.
- Sólo si tú te quitas algo también - dice, girándose más. Veo que mueve la cabeza y añade - La camiseta, por ejemplo.
- ¿Y tú qué te quitas? - pregunto, incorporándome un poco, apoyándome en mi antebrazo.
- Los pantalones - dice, y al instante contesto:
- No es justo. Mi camiseta cubre más piel que esos shorts.
Ella se ríe suavemente y se levanta. La luz de la noche le da misterio y sensualidad a su cuerpo. Reconozco sus curvas, sus movimientos. Puedo ver cómo se baja los pantalones y cómo los aparta a un lado con el pie, pero no puedo ver su ropa interior ni sus caderas.
Pero un trato es un trato y acabo por quitarme la camiseta, que también aparto a un lado. Cuando siento su piel volver a tocarme, no puedo evitar que mi mente escape a ciertos pensamientos. Intento pensar que es lo mismo de antes, absolutamente lo mismo, que esos shorts tampoco tapaban tanto; pero saber que está a mi lado con tan sólo dos prendas de ropa... 
De pronto se mueve y se sienta sobre mí. Acaricia mi pecho en sentido descendente para luego volver a subir, y entendiendo sus intenciones, paso mis manos por sus muslos hasta llegar a su cadera, dónde las apoyo.
Ella se inclina sobre mí y me besa, y luego pasa a mi cuello, hundiendo sus dientes, haciéndome perder totalmente la cabeza. Meto las manos por debajo de su camiseta hasta casi llegar a sus pechos, momento en que ella, juguetona, se yergue de nuevo. Se ríe con suavidad y se quita esa prenda también. Ver su torso desnudo iluminado por la luz de la noche me hace darme cuenta una vez más de lo que ya sabía: que,a parte de ser una chica muy atractiva, también es preciosa.
Vuelve a recostarse sobre mí, dejándome sentir su piel caliente, y entonces la agarro y giro con ella, quedándome encima, apoyando mi cadera entre sus piernas. Ella me dedica una traviesa mirada, y me pregunta:
- ¿Hasta donde llegarías esta noche si te dejara?
- Esta noche te haría mía - respondo, y ella se ríe con suavidad.
- Bueno, eso para después, pero de momento hoy puedes hacer esto... - dice, agarrando mi muñeca.
La dirige hasta la unión entre sus piernas y la deja ahí. Me atrevo a deslizar los dedos por dentro de la ropa interior, y ella se deja, por lo que acabo por desnudarla completamente. Me quedo arrodillado entre sus piernas, decidiéndome entre una cosa u otra, pero al final vuelvo a tocarla. 
***
Despierto al notar que ella se mueve. Abro los ojos y pasan un par de segundos hasta que me acuerdo de lo de anoche. Parpadeo un par de veces con cierta incredulidad, y luego sonrío como un gilipollas. Miro a Saya, que parece seguir durmiendo. Tiene los ojos cerrados y está tumbada a mi lado. Mi sonrisa cambia al mirarla a ella. Me siento feliz de despertar a su lado, de que sea mi novia. Estoy empezando a enamorarme demasiado, pero no me importa. Quiero hacerlo.
Ella abre los ojos. Me mira y me sonríe, para después estirarse. La sábana que cubría su cuerpo desciende y veo su torso desnudo. De pronto tengo sentimientos encontrados de admiración a la belleza de su cuerpo y de la excitación que me provoca, pero decido quedarme con lo primero, aunque se me hace difícil.
Se incorpora, sentándose, y luego se gira un poco para acariciar mi mejilla. 
- Tienes un cuerpo muy bonito - le digo, piropeando - No digo sexy, que también, si no bonito. 
- No creo que sea para tanto - contesta ella, sonriendo - Y tampoco lo pudiste ver muy bien anoche.
- Pues déjame verte bien - digo, y para mi sorpresa, ella se encoge de hombros y se levanta.
Puedo apreciar cada curva, cada detalle, cada lunar. De algún modo, me fascina, y de pronto es como si comprendiera por qué los grandes artistas, todos aquellos escultores y pintores, estaban tan obsesionados con la desnudez.
- Bueno, supongo que ya verás que no es para tanto - dice, comenzando a vestirse.
- ¿Qué dices? Estás estupenda - contesto, levantándome.
- Si, ya, con las estrías en los muslos y también por-
- Oh, vaya, las estrías típicas del crecimiento durante la adolescencia. Qué cosa tan fea - interrumpo, claramente sarcástico, mientras me pongo la ropa interior.
- No te importan los pelos, no te importan las estrías... ¿qué eres? ¿El chico perfecto? - pregunta ella, poniéndose la camiseta.
- ¿Lo dudabas? - respondo, haciéndome el chulo, y se ríe.
Me pongo la camiseta, y cuando saco la cabeza, encuentro el rostro de Saya a escasos centímetros del mío. Intenta besarme pero me alejo, y al instante añado esbozando una media sonrisa:
- Créeme, a estas horas mi boca sabe y huele a cloaca - me excuso.
Ella enarca ambas cejas y se encoge de hombros. "Tú te lo pierdes", dice, y luego va al piso de abajo. Suspiro, sonriendo. Tengo a mi lado a una chica que lo tiene todo. Tengo la posibilidad de hacerla feliz, y no voy a desaprovecharla. Me gusta demasiado verla sonreír, sentir su cariño cuando me abraza, que no se escandalice por tonterías. Y anoche, cuando por fin sentí su cuerpo estremecerse y contonearse ante el placer que le dí únicamente con mis manos, cuando pude admirar la belleza de su desnudez, cuando me sentí satisfecho con lo que hicimos y con cómo lo hicimos; me di cuenta de que literalmente lo tenía todo.
Por desgracia también acumula mucho sufrimiento, algo que carga sobre sus hombros a diario. Quizá por eso sea tan calmada, tan pasota en algunos sentidos, porque ha vivido mucho como para escandalizarse; pero bueno, aquí estoy yo para hacer que vaya olvidando o superando todos sus demonios.
Y sabiendo que hace poco encontró a una mujer que decía ser inmune... quién sabe, quizá haya un futuro para nosotros.
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Ya, ya sé que es Sábado. Pero son las 3:53, ahora mismo, de la madrugada. Técnicamente sábado, pero como no me he ido a dormir... SIGUE SIENDO VIERNES. MWAHAHAHAH.
Vale, oc, no. Ya sé que es sábado :')
Pero bueno, el asunto es que el capítulo está aquí para todos vosotros. AHORA SÍ QUE QUEDAN TRES DDDD: Os prometo un final guays y tres capítulos estupendos. Una recta final que no os podéis perdeeeer <---- y eso ha sonado a anuncio de alguna peli o algo xDDD
Eeeeen fin... pues eso. No quiero que se me hagan las cuatro de la mañana (que se me harán, pero bueno), así que... asín rápidamente... ¡Muchas gracias a Cgm y Pao Del Cid por haber comentado la entrada anterior! Os repito y os seguiré repitiendo que ambas sois la caña ^^
Nos leemos el martes con más Intoxicados.
¡Disfrutad de estos últimos capítulos!
Y un abrazo muuuuuy fuerte :3

1 abr 2014

[Intoxicados 20] - Inmunidad

Hoy, por fin, es el último día de limpieza de zombies de la zona norte de la ciudad. Después de que pasen los equipos de limpieza de calles, y los de revisión de nivel de gas venenoso en edificios; toda la gente podrá volver a sus casas. 
Mis sentimientos respecto a esto son confusos. Por un lado quiero volver a mi pequeño apartamento por aquello de tener intimidad y hacer lo que quiera cuando quiera, pero por otra parte echaré de menos la compañía de Kiyoshi. 
Estoy recorriendo junto a una compañera una de las calles, cuando de pronto, vemos a una mujer caminando con el que parece su hijo. Nos acercamos de inmediato para comprobar si están bien, y vemos que, aunque el niño lo está, ella tiene el brazo izquierdo lleno de mordiscos.
Mi compañera aleja rápidamente al niño de su madre, temiendo por su vida, pero esta reacciona al instante. Agarra el uniforme de mi camarada, lo que hace que intente separarlas, pero entonces grita:
- ¡Soy inmune! ¡SOY INMUNE!
La suelto al instante, incrédula. No puede ser. Un inmune al virus zombie. Si hay un inmune, hay una cura. Si hay un inmune, podremos librarnos de esos seres. Incluso los que todavía vivan podrían ser... curados. 
- ¿Cómo sabemos que no mientes? - pregunta mi compañera, apuntándola con su arma.
- Mira estos mordiscos - responde la mujer, y nos enseña su brazo - Se nota que son de hace semanas. De hecho seguramente tengan que... - enmudece, y me doy cuenta de que es por su hijo. Debe tener apenas seis años.
- Fujimori, - me llama mi compañera - ¿cuál es el procedimiento ante caso de inmune?
- Escoltarlo a un hospital tras comunicar al jefe - respondo, recordando las clases de instrucción. 
Entonces, pidiéndole a la madre que agarre a su hijo y que espere unos instantes, utilizo el walkie-talkie. Comunico la situación y, después, vamos todos al único hospital en funcionamiento de la ciudad, que está en la zona este.
Cuando llegamos de vuelta a la trinchera norte antigua, la que estaba antes de la horda y la que ahora nos toca reforzar; mi compañera y yo somos asaltadas a preguntas sobre nuestro encuentro con la inmune. Nos dicen que quizá consigamos alguna medalla de algo o algún tipo de reconocimiento, pero lo dudo. Nosotras apenas somos protectoras de una pequeña parte de lo que antes fue el distrito de Shibuya, en Tokio. No somos militares, ni policías ni nada por lo parecido. Se necesitaba gente para proteger las zonas reconstruidas y limpias, y nosotras, como el resto de los compañeros, decidimos aceptar.
Así que sé que no tendré ninguna clase de reconocimiento. Como mucho, la inmune nos recordará, pero siquiera sabe cómo son nuestras caras. Puede que ahora, entre mis compañeros, seamos un par de heroínas; pero no seremos más. 
Aunque tampoco me quejo. Nunca he querido una vida de fama.
***
- ¿¡QUÉ!? - exclama Kiyoshi en cuanto pronuncio la palabra "inmune" - ¿UNA INMUNE? ¡Santo Dios! ¡Estamos salvados! - dice, levantándose con una gran sonrisa en el rostro, aunque al instante su alegría desaparece - Claro, que yo tendré que seguir llevando la máscara de gas por todas partes...
- Bueno, todos tendremos que llevarla a no ser que inventen algo para limpiar el aire - comento.
- ¡Da igual! - dice, entonces, sorprendiéndome - Son buenas noticias. De hecho, está siendo una buena temporada, ¿no crees? Primero empezamos a salir y luego resulta que la inmunidad existe. ¡La vacuna seguro que llega dentro de poco!
- Pero hay que tener en cuenta qu- empiezo a decir, pero me interrumpe arrodillándose frente a mí y posando sus dedos sobre mis labios.
- ¿Sabes lo que terminaría de rematar la temporada? - me pregunta retóricamente mientras aparta los dedos - Que pudiera estrenar una caja de preservativos - se responde, y luego mueve las cejas exageradamente.
- Mira, Kiyoshi - le digo, agarrando sus manos - Existe una cosa... una cosa sana que te puede ayudar con esas tremendas ansias de falsa reproducción tuyas... - comienzo a decirle, como si fuera un adulto explicándole cualquier cosa a un niño.
- El porno - responde él, sin cortarse, y yo asiento con la cabeza - Ya, a ver, recurriría a eso, pero resulta que, primero, la conexión a Internet en esta casa es prácticamente nula; y segundo, tengo la suerte de tener novia - abro la boca para protestar de broma, pero añade - Una novia inteligente, divertida y preciosa que me ha demostrado en más de una ocasión que se toma estos temas con mucha naturalidad.
- Sí, vale, pero igualmente hace años que no me acuesto con nadie y eso hace que esté un poco temerosa, lo que se suma a los tíos aquellos que... - mis palabras se cortan por sí solas al acordarme, y desvío la mirada.
- Ya, ya me lo dijiste - dice Kiyoshi, acariciando mi rostro - Lo comprendo. Tú tranquila, que ya sabes que yo todo esto lo digo en broma. No te quiero sólo por ser un bombón y tener vagina.
Me río y le miro a los ojos:
- ¿Nunca te cortas al hablar o qué? - le pregunto, sonriendo.
- ¿Qué pasa? ¿No te gusta que sea así? Si quieres digo "entrepierna". Suena más suave que... - se acerca a mi cara y añade - vagina.
- Eres idiota - le insulto, riéndome - Pero bueno, me alegra que... - enmudezco de n
uevo y abro mucho los ojos.
- ¿Qué pasa? - me pregunta, preocupado.
- Espera, espera... has dicho... ¿has dicho que me quieres? - le pregunto, y al instante sus ojos se abren tanto como los míos - Sí. Lo has dicho - digo, sonriendo. 
- Bueno... - dice, sonrojándose y alejándose un poco de mí.
Se sienta en el suelo, con las piernas cruzadas, mirando a un lado. Su cabeza está gacha y juguetea con los mechones de su pelo.
- Puede ser que lo haya dicho, sí - dice en tono de voz bajo - Y no sé si ha sido un poco pronto como para decir algo así.
- ¿Qué más da? - pregunto yo, acercándome a él - Que sí, que llevamos muy poco tiempo juntos, que nos conocemos desde hace apenas unos meses, pero, ¿y qué? A la porra con eso. Quiéreme, si quieres.
- ¿Y tú a mí no? - salta, de pronto, mostrándome su rostro totalmente enrojecido - Oh, no - añade al instante, exagerando - Nuestros sentimientos no son recíprocos - dice, y hace como que se desmaya.
Me río y me tumbo a su lado, momento que él aprovecha para abrazarme y darme unos cuantos besos rápidos en los labios. Me acurruco como puedo a su lado, disfrutando de la sensación, hasta que llega el momento de hacer algo de cena.
***
Kiyoshi toca en el piano que tiene en su casa. Me ha dicho que esta melodía solía tocarla para su ex-novia, porque le encantaba. De hecho, me ha dicho que es la que estaba tocando cuando tuve que rescatarle, o lo que fuera. Que por eso comenzó a llorar.
También ha estado hablando de ella. Creo que, aunque esté conmigo, todavía no ha superado que ya no está con ella. No me importa, la verdad. Puedo comprender lo que siente. Yo todavía no supero la muerte de Aiko, ni la de mi padre. No supero que no pueda volver a verles, que no estén conmigo. Le entiendo.
Apoyo la cabeza en su hombro mientras veo cómo sus dedos, más anchos y largos que los míos, se deslizan por las teclas del piano. Ahora mismo, Kiyoshi no sólo está tocando el piano, se está enfrentando a los recuerdos de cuando lo hacía para su anterior novia.
Al parecer era una chica genial, con la que me habría encantado tener una amistad. Yo no sé si soy tan genial como ella, no sé si las expectativas de Kiyoshi están muy altas. Sé que está conmigo, sé que me gusta muchísimo y que acabaré queriéndole con todo mi corazón. Sé que cuando estoy con él parece que nada más exista, que el mundo se reduce a nosotros dos y no hay zombies, ni gas venenoso, ni nada. Sé que me tranquiliza abrazarle, sé que no hay mejor sensación que oírle respirar cuando duermo a su lado.
Supongo que para él también es así, y supongo que tampoco necesita más.
De pronto veo que pasa de una melodía a otra en un instante. Termina con la primera y va a la siguiente. Cierro los ojos. No me importa un pequeño concierto privado de piano, aunque sean canciones un tanto tristes. Respiro con tranquilidad hasta que le oigo cantar. No esperaba eso, por lo que presto atención a la letra para enterarme de lo que dice.
Y en cierto momento alzo la cabeza y le miro con el ceño fruncido. Él sigue tocando y cantando, mirando a las teclas. Yo niego una y otra vez lo que canta en mi cabeza, pero dejo que se exprese. Hasta que llega un momento en el que no aguanto más: poso mi mano sobre la suya, haciendo que pare. Él cierra los ojos y frunce el ceño.
- Nunca correré para alejarme de ti - le digo, acariciando su pelo con la otra mano.
- Es sólo que... - dice él sin abrir los ojos - eres tan... quiero decir, lo tienes todo, Saya. ¿Qué soy yo a tu lado?
- Eres la única persona en el mundo con la quiero estar - le respondo - Eres quien me hace reír a carcajadas, quien me acompaña día a día, quien hace que me levante todos los días sonriendo - me río un poco y él me mira - Justo hace un momento pensaba que... que qué era yo al lado de tu ex novia, y de pronto me vienes con estas.
Esboza una media sonrisa triste y dice:
- Somos un poco tal para cual.
- Somos un par de idiotas - añado, y esta vez se ríe más animadamente.
- Entonces tendremos hijos el doble de idiotas que nosotros - comenta, mirándome con cierta alegría.
- Eh, eeeh... - digo, alejándome - Primero que si me quieres, luego que si hijos... ¿Qué será lo siguiente? ¿Pedir mi mano? - pregunto, de broma.
Levanta una mano, como haciendo que espere, y se levanta para luego arrodillarse en el suelo. Me empiezo a reír de lo serio que está, más aún cuando me mira a los ojos y dice:
- Saya Fujimori, ¿quieres comida china para cenar?
-¡Sí, quiero! - exclamo, levantando los brazos.
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Bueno, bueno, bueno, BUEEENOOOOOO...
Esta vez a tiempo, ¿eh? Si es que soy la caña (no xD).
A ver, antes de nada... las mates no son lo mío, ¿sabéis? Os dije que quedaban tres capítulos cuando quedaban CINCO. Cinco contando este, claro, así que ahora quedan cuatro xD No me juzguéis, ¿vale? "Pero Misora, es una suma simple". Shhhh... ya lo sé. Pero las mates y yo nos odiamos a muerte desde que nací.
Por otra parte partosa parteada... pues no sé qué más deciros. Que os quiero :')
Muchas gracias a Pao Del Cid y Cgm por haber comentado el anterior capítulo, y también por seguir esta historia ^^ Sois estupendas las dos.
Por cierto, Artefactos fue de alienígenas, Intoxicados va de zombies... y Carne entre los dientes irá de criaturas sobrenaturales en plan fantasía xD AHÍ LO DEJO.
Eeeeh... ¡ah! La primera foto, es un mordisco de mentira, ¿vale? xD Todo maquillaje y apósitos y eso. Espero que no os haya dado asquete ni nada.
Y bueno, creo que nada más. Nos leemos el viernes ;)
Uuuun abrazo muy fuerte para todos ^^

Edit: se me olvidó decir que el vídeo que he puesto es de lo que Kiyoshi le canta a Saya xD Ahora sí, yastá.

30 mar 2014

[Intoxicados 19] - Par

Bebemos tranquilamente en un karaoke para intolerantes que hemos encontrado. Saya se negaba a volver a la discoteca, aunque sí que le apetecía salir por la noche a pasar un buen rato, y hemos terminado por encontrar este sitio. Hay buen ambiente: música más que conocida sonando de fondo, gente que ríe en sus mesas, una pequeña zona libre donde bailan unas cuantas chicas y un par de chicos... y por supuesto, la zona con karaoke, apenas una pequeña tarima con dos micrófonos y una pantalla por la que pasan las letras.
Saya y yo, por nuestras consumiciones, tenemos varias fichas para escribir las canciones que queremos cantar. Es pronto y no hay muchas peticiones, por lo que las hemos rellenado rápido al tiempo que mirábamos la lista. Saya ha escrito únicamente una, y yo otra. Hemos dejado un par de fichas para más tarde.
Las llevo a la barra y cuando me giro, veo a un tipo que se ha acercado a Saya y se ha sentado a su lado. Ella se aparta un poco de él, aunque conserva un gesto agradable en el rostro. Él, sin embargo, la mira como un león acechando a un antílope. Recorre su cuerpo con los ojos descaradamente, sin preocuparle que ella pueda sentirse incómoda. Incluso centra su mirada en el leve escote de su camiseta de tirantes mientras le habla.
Frunzo el ceño. No me molesta el hecho de que coquetee con ella, incluso me parece normal, es una chica guapa y que de pronto está sola. Me molesta que lo haga así, que busque únicamente su cuerpo sin preocuparse de si ella estará cómoda.
Me acerco, dispuesto a alejar a ese capullo, cuando veo que Saya esboza una sonrisa que jamás había visto en su rostro. Parece una chica borracha que va a acostarse con cualquiera. Me quedo quieto, confundido, más aún al ver cómo se acerca a él ladeando la cabeza, y él a ella, y cómo baja una mano a lo que intuyo es su entrepierna.
Está a punto de besarle cuando el tío pega un chillido y se levanta.
- ¡Joder, estás loca! - le grita.
- Vete buscar a otra lerda que aguante tus babas encima de sus tetas - le suelta ella.
- Que te follen - dice, y entonces Saya se ríe irónicamente, me señala con un gesto de cabeza y responde:
- Sí, lo hará él, y seguro que el triple de bien que tú.
El tío me mira con gesto de cabreo, y yo le saludo con la mano haciéndome el inocente, esbozando una sonrisa encantadora. 
- Buah, una tía como tú tampoco es que merezca un cuerpo mejor que el de ese - dice el tío mientras yo me acerco.
- Puede que tú estés más cachas, pero a él le mid- le tapo la boca a Saya, la miro con indignación fingida y digo:
- Cariño, tampoco hace falta hundir su hombría.
Unas chicas que estaban mirando atentamente la escena se ríen y el tipo se va indignado, caminando un poco raro. Me siento al lado de Saya, que esboza en sus labios una incontenible sonrisa de victoria, y le pregunto:
- ¿Se puede saber qué le has hecho?
- Ehm... le di un puñetazo suave en... ya sabes dónde - me responde, y luego se ríe.
- Malvada - digo, insultándola de broma, y ella se gira hacia mí y me da un repentino beso en los labios.
- ¿De verdad crees que lo soy? - me pregunta retóricamente, para después levantarse - Es mi turno de cantar.
Le da un trago a su bebida y camina con paso decidido a la tarima, a la cual sube, para después tomar el micrófono. Pasan un par de segundos, seguidos por dos golpes a platillos de batería, hasta que una guitarra comienza a sonar.
Y luego ella canta con seguridad, siquiera mirando la pantalla. Una canción en nuestro idioma. Sonrío al ver que por fin pronuncia algo adecuadamente al cantar, pero mi sonrisa se borra al ver lo que expresa cuando canta, y puedo ver que deja atrás la vergüenza para poner en cada sílaba cada uno de sus sentimientos, incluso lo que parecen ser sus recuerdos, lo que ha sentido y lo que quiere llegar a sentir.
No puedo evitar sentirme aludido con todo lo que dice. Creo que canta para mí, y se confirma más en los momentos en los que se decide a mirarme, a dedicarme cortas miradas para después volver a mirar al frente.
La gente que está atenta a su pequeño concierto se anima a dar unas pocas palmas, y algunos que incluso saben la canción cantan con ella en el estribillo. Hasta que llega un momento en el que el acompañamiento de instrumentos cambia, acallándose para dejar paso a que la voz deslumbre, y toda esa parte, cuatro frases, las dice sin dejar de mirarme.
Y cuando termina de cantar, mientras las últimas notas de la guitarra resuenan por el local, justo después de dedicarle una sonrisa al pequeño público, me mira a mí y me sonríe de otra manera. Me sonríe dulcemente y luego me guiña un ojo, para bajarse de la tarima, venir a la mesa, y decirme que es mi turno.
- Deberías haberme dicho que me la ibas a dedicar - digo mientras me levanto, sintiendo mis mejillas arder, aunque no sé si es porque me toca cantar o por lo que ha hecho ella.
- ¿Yo? ¿Dedicarte esa canción? Qué va - dice irónicamente.
- Ahora voy a quedar como un completo imbécil por la canción que he elegido - digo, alejándome.
- Y yo me lo pasaré genial viéndote desde aquí.
- Un "where is my mind" para la señorita - digo, haciéndole una pequeña reverencia.
***
Me ha costado, pero he conseguido que Saya salga a bailar. No lo hace mal del todo. Bueno, lo hace como todo el mundo, en realidad. Sin destacar y haciendo leves movimientos para no molestar a quien tiene alrededor. Pero las tornas han cambiado. De pronto, a alguien le ha dado por cantar una lenta. 
Me ha mirado, preguntándome qué hacer con sus ojos, y yo me he encogido de hombros. Ella se ha acercado a mí, ha pasado los brazos por encima de mis hombros, apoyándolos; y yo la he tomado de la cintura. La manera más normal y simple de bailar una lenta.
- ¿Vas a besarme? - me pregunta de pronto.
- Bueno, si me dejas - contesto, esbozando una media sonrisa.
- Es lo suyo... canción lenta, bailoteo tontorrón, la chica que te gusta... todo desemboca en beso.
- Pero no estamos en una comedia escolar estadounidense.
- Estamos en el post-apocalipsis, que es aún mejor - dice ella irónicamente, para luego reírse y agachar un poco la cabeza.
- Saya, deja de ser tan guapa - le digo, sin contenerme, y ella me dedica una mirada interrogante - Bueno, no dejes de serlo. Pero deja de serlo. En serio, me dejas... 
- Te dejo K.O. a cada pestañeo - dice ella, con sorna, y luego añade seriamente - No soy para tanto, Kiyoshi, y lo sabes.
- ¿Perdona? - pregunto, frunciendo el ceño - Eres la chica más guapa que conozco.
- ¿Más que Scarlett Johansson? - me pregunta ella, escéptica.
- A esa no la he visto en persona, no cuenta - respondo, y ella se ríe.
- Eres muy bobo - me dice, pero veo sus mejillas encenderse. 
- O bobo o avispado, Saya, pero las dos cosas no, ¿eh? Que me confundo - contesto, haciéndola reír nuevamente.
- ¿Vas a besarme o no?
- No lo sé. Sí, seguramente. Me gusta besarte, y no tengo motivos para no hacerlo - contesto.
- Pues hazlo ya - dice ella, desviando la mirada - ¡Hazlo antes de que-!
Atrapo sus labios con los míos interrumpiendo sus palabras, y me separo un par de segundos después.
- ¿Antes de qué? - pregunto, apoyando mi frente en la suya.
- De que me arrepienta, pero creo que jamás me arrepentiría de algo así - dice, y luego me abraza - A la mierda, Kiyoshi. Seamos novios.
- Espera, espera - digo, alejándola de mí - ¿En serio me lo dices? ¿Quieres que seamos pareja? ¿DE VERDAD? - le pregunto, emocionado.
- Sí, pero no hace falta que lo grites... - dice ella, mirando a un lado.
- ¿Que no lo grite? ¿QUE NO LO GRITE? - exclamo, y luego hago como si fuera a ir a la tarima para anunciarlo por los micrófonos.
Pero Saya me agarra del brazo mientras se ríe, tirando de mí, diciendo que soy muy idiota. Y es bastante probable que sea así. Que sea un completo y absoluto idiota. Pero ella me gusta demasiado, y que quiera ser mi chica es la mayor alegría que podría darme. Por eso sonrío como el idiota que soy. Por eso me siento tan repentinamente feliz.
***
Llegamos a casa a risas a través de nuestras máscaras de gas, dados de la mano. Saya se quita la suya antes que yo, y luego me da un beso a través de la misma. Me quito yo la mía, sintiéndome un tanto mareado, ansiando una bocanada de aire fresco.
El mundo se mueve un tanto a mi alrededor. No me he pasado bebiendo, por lo que debe faltarme aire. Me paso una mano por debajo de la nariz al notarla húmeda, y al mirar, veo que estoy manchado de sangre. Me relamo los labios, limpiándola, y entonces veo a Saya apoyada contra la pared, observándome con una mirada llena de fuego, enrollando su fina trenza entre sus dedos.
- Pareces un vampiro disfrutando de la sangre - dice, bajando la mirada a mis labios.
Esbozo una media sonrisa.
- ¿Quieres que te convierta? - le pregunto, y a modo de respuesta, ella gira la cabeza a un lado mostrándome la tersa piel de su cuello.
Me acerco, y cuando estoy al lado, deslizo una mano por su cintura hasta sus lumbares, atraigo su cuerpo al mío, y luego me agacho para acabar por hundir mis dientes en su cuello. Oigo cómo suspira, y su caliente aliento chocando contra mi piel me enciende.
La levanto con las dos manos, apoyando su espalda en la pared, y ella se aferra a mí con brazos y piernas, atrapándome. Me doy un segundo para observar su gesto expectante antes de lanzarme a sus labios, antes de sentir su calor, antes de notar sus manos agarrando mi piel.
Nos perdemos a cada instante más en el frenesí. Pronto estoy acariciando la piel que se oculta tras su camiseta, y pronto ella se mueve para volver a estar de pie. Se quita todo excepto la ropa interior, dejándome absolutamente extasiado con las formas de su cuerpo, con las constantes curvas, con la absoluta feminidad de cada milímetro de su piel.
Me quito yo mi camiseta y estoy desabrochando el botón de los pantalones cuando alzo la mirada y le pregunto:
- ¿Hasta dónde llegaremos esta vez, Saya?
Ella no responde, por lo que vuelvo a bajar la mirada para terminar de quitarme los pantalones, y cuando vuelvo a levantarla, irguiéndome, estando tan sólo en ropa interior, como ella; descubro que ha sacado los brazos de los tirantes del sujetador, dejándolo sólo agarrado por el broche a la espalda.
Entonces, ella me mira clavándome la oscuridad de sus ojos. Me mira como una leona al cazar. Y así, responde a mi pregunta:
- Hasta aquí.
Se lleva las manos a la espalda, y me vale ese segundo para saber lo que va a hacer, y aún así, me sorprendo al ver cómo su sujetador cae a sus pies.
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Que sí, que es domingo, que ya lo sé T^T
Dos días seguidos publicando tarde. Esto no puede ser, por mucho que haya estado ocupada - que lo he estado, la verdad.
Pero bueno, ya os prometo por lo más sagrado que la próxima semana no me retraso. Y... tal.
La buena noticia es que ya tengo preparadas varias entradas para retomar el reto diario de 2014 (bieeen, fieshta).
Y cambiando de tercio, esas son las canciones que cantan Saya y Kiyoshi. La letra de la primera tiene cierta (cierta) importancia, así que clickando AQUÍ podéis ver la traducción al español.
¿Y sabéis lo que me ha costado encontrar una maldita foto de unos labios DE TÍO manchados de sangre? Jolín, qué trabajazo. Toooodos eran de mujer. TOOOOOOOOOODOS. Y yo como: "Santo Dios, Kiyoshi no tiene unos labios tan femeninos, es que lo cuela".
Pero bueno, la encontré :'D
Por cierto... mmm... os comunico que... QUEDAN TRES CAPÍTULOS. Así que aprovechad los que vienen todo lo que podáis xD
Pero recordad que luego viene otra historia, que he decidido titular Carne entre los dientes, y seguramente conste de dos partes. Ya la iréis viendo ;)
Daré cosa de dos o tres semanas de descanso de historias largas tipo estas, y luego empiezo con esa, y mientras tanto puedo ir escribiendo los capítulos que faltan :)
En fiiiin... muchísimas gracias a Cgm (que ya te he respondido lo del libro, por cierto) y a Pao Del Cid por comentar el anterior capítulo ^^ ¡Sois lo mejor de lo mejor!
Un abrazo muuuuy fuerte para todooos, y nos leemos la próxima semana, el martes.
¡Sus quiero!

26 mar 2014

[Intoxicados 18] - Pasos

Me despierto sintiendo los párpados pegados. Me basta con rascarme un ojo para saber que tengo las pestañas llenas de legañas. Además noto un rastro de lágrimas secas por mis mejillas.
Me incorporo, dispuesta a lavarme la cara, y descubro que estaba tumbada en el suelo del salón, con la cabeza apoyada en una de las piernas de Kiyoshi, que yace a menos de un metro de mí, todavía dormido.
La luz de sol atravesando los paneles de protección exteriores ilumina su desordenado cabello rubio, haciéndolo aún más claro que de costumbre. Tiene los ojos tapados por su antebrazo, y respira profundamente.
Sonrío al verle así y me levanto, yendo al baño, donde me lavo la cara. Me miro en el espejo y después, abro el grifo de la bañera, acordándome de anoche, de cómo Kiyoshi no me preguntó a cuántos había matado, si no por qué lo había hecho; de cómo cuando empecé a sentirme tan mal conmigo y con todo, fue capaz de estar a mi lado y tranquilizarme. De cómo se mantuvo despierto hasta que conseguí dormirme.
La bañera se va llenando y mientras yo me desvisto sin demasiada prisa. Espero un par de minutos, hasta que por fin está llena, momento en el que oigo la puerta abrirse.
- ¡Otra vez no! - exclama Kiyoshi - ¡Y encima esta vez estás fuera!
Entro en la bañera lo más rápido que puedo y luego me quedo mirando al rubio, que ha apoyado el brazo en el marco de la puerta, y la cabeza en el brazo. Tiene los ojos cerrados y gesto de cansancio.
- No te pongas así - digo - A la que se le ha visto el culo, y a saber qué más, es a mí.
Se desliza hasta el suelo al tiempo que hace que llora y dice:
- Al final sí que va a ser cierto que soy un pervertido.
- No, no lo eres - digo, y él me mira con cierto escepticismo - Y puedes demostrármelo.
- ¿Cómo? - pregunta, incrédulo.
- Yéndote y dejando que me bañe tranquilamente - respondo, esbozando una media sonrisa.
Él asiente, se levanta, y cuando creo que va a salir, entra rápidamente, coge toda mi ropa y se va riéndose, cerrando la puerta.
- ¡Otra vez no! - exclamo, sabiendo que tendré que volver a perseguirle.
***
Ha dejado la ropa en mi cuarto, pero no me deja entrar. Está en medio de la puerta y no se aparta. De hecho, la agarra con la mano para que no pueda abrirla. Y aquí estoy yo, envuelta en una toalla como la última vez, intentando recuperar lo que es mío.
- Déjame pasar o sabrás lo que es bueno - le amenazo. 
- Uuuuh, mira cómo tiemblo - me responde, esbozando una sonrisa juguetona.
- ¡Verás! - exclamo.
Comienzo a hacerle cosquillas, y en seguida se revuelve y se empieza a reír, pidiéndome que pare. Intento abrir la puerta, pero es parar de hacerle cosquillas y recuperar su postura de portero de discoteca. Así que vuelvo a hacérselas, y le digo.
- ¡No pararé hasta que me dejes pasar!
- ¡Y yo nunca me apartaré de la puerta! - me responde, entre risas.
- ¿Ah, sí? 
Paro de hacerle cosquillas, pero meto las manos en los pantalones cortos que lleva y se los bajo hasta los tobillos, dejándole en ropa interior de no ser por la camiseta.
- ¿Qué haces? - me pregunta, sorprendido.
- No sabes de lo que soy capaz - le digo, apuntándole con el dedo - Como no me dejes pasar, puedes acabar con tus vergüenzas al aire.
- No podrás...
Elevo sendas cejas, mirándole a los ojos, y meto los dedos en la tira elástica de sus bóxers, en los laterales, y tiro de ella hacia abajo con fuerza. Pero él me agarra rápidamente las muñecas y dice:
- Vale, vale, pasa, tía loca.
Se aparta de la puerta y la abro con gesto de victoria en el rostro. Veo mi ropa de pijama usada encima de mi futón, pero no está la ropa interior. Me giro y veo a Kiyoshi con una sonrisa de satisfacción en los labios. Señala a su cuarto con un par de gestos, y luego echa a correr. Oigo cómo cierra la puerta de éste.
Bufo un poco, aunque en realidad me estoy divirtiendo, y me visto con ropa limpia.
Luego camino por el pasillo y pienso que podría ir al salón a ver la tele y esperar a que se cansara del juego, pero en realidad me lo estoy pasando tan bien que decido seguirle el rollo. 
Intento abrir la puerta, pensando que Kiyoshi la estará sosteniendo por detrás, pero para mi sorpresa la puedo abrir sin problema.
Le veo sentado encima de su futón, y dice:
- Para nada están bajo la manta.
Suspiro y me lanzo a su lado, intentando apartarle de encima para que me deje recuperar lo que es mío, pero es difícil. Se resiste como ninguno. 
Entonces vuelvo a hacerle cosquillas, haciendo que baje sus defensas, y de algún modo acabo encima de él somentiéndole a base de hacerle reír. Pero me agarra los brazos y me hace parar. Se ríe y yo también, respirando agitadamente los dos. 
Después se incorpora, soltándome, pero yo no me aparto de encima de él. Estoy bien aquí. A él parece sorprenderle, y yo le dedico una sonrisa coqueta.
- No juegues con mi lib... - comienza a decir, pero para al ver cómo me acerco a él.
Le doy un beso suave en los labios, seguido de un par más, hasta que llegamos a uno más prolongado e intenso. Él desliza sus manos por mi cuerpo, por encima de la ropa, hasta llegar a mis caderas, las cuales agarra. Mientras tanto yo le beso con pasión desmedida, perdiéndome a cada segundo en lo que siento: sus manos, el calor que desprende, sus besos, la suavidad de su pelo.
Nos separamos un segundo y eso sirve para que pase de tener sus labios contra los míos a tenerlos bajando por mi cuello, acariciando y erizando la piel de éste, hasta que se decide por atrapar junto con los dientes la zona que lo conecta con los hombros.
Me aferro a él ante el suave placer que me provoca, y luego le separo de mí. Hago que se quede tumbado, y le miro desde arriba. Miro esos ojos expectantes, que no saben si centrarse en los míos, en mi rostro o en el resto de mi cuerpo.
De pronto esboza una media sonrisa y me dice:
- No sé si podré esperar a hacerte el amor cuando sé que podría hacer de todo contigo ahora mismo.
Me río con suavidad y le pregunto sensualmente, metiendo una mano por debajo de su camiseta:
- ¿Y si te dejara hacer algo? 
- ¿Algo como qué? - me pregunta, incorporándose un poco.
- Prueba - respondo, y me lanzo de nuevo a sus labios, para después ir a su oreja y susurrarle - Hagamos que esto sea un primer paso.
Tras decirle eso subo las manos por su torso y le vuelvo a empujar, esta vez más suavemente, hacia atrás. Puedo sentir su excitación por todas partes: en cómo hunde los dedos en mi piel, en cómo envuelve su lengua con la mía, entre mis piernas, en sus respiraciones.
De pronto agarra mi camiseta y me la quita. Se queda nuevamente sentado y está a punto de tocarme el pecho cuando yo le quito la camiseta a él, haciendo que tenga las manos en mi cintura, y que baje a besos por cuello hasta llegar a mis pechos, los cuales también besa.
Luego alza la cabeza reclamando la unión de nuestras bocas, y yo respondo a su petición, para después sentir sus manos subiendo por mi espalda para llegar al broche del sujetador, pero le freno.
Él desliza entonces sus dedos a los laterales de mi cuerpo, siguiendo el recorrido hasta mis senos, los cuales atrapa en sus grandes manos.
Y seguimos así durante un rato largo, apenas besándonos, mordiéndonos, sintiendo nuestras pieles, atreviéndonos a tocar un poco más allá; hasta que la pasión se va desvaneciendo lentamente y acabamos el uno tumbado al lado del otro, sólo dándonos la mano, con los dedos entrelazados.
Miramos los dos al techo, y no sé si él, pero yo me siento terriblemente cómoda estando medio desnuda, a su lado, con plena tranquilidad. Entonces le oigo moverse. Se apoya en su antebrazo y me mira con el ceño fruncido:
- ¿Por qué no me has dejado quitarte el sujetador? - me pregunta.
- Bueno, me daba un poco de vergüenza - le respondo - Y me parecía demasiado para esta vez.
- No me dejas verlas pero sí tocarlas - dice él, enarcando una ceja.
- Dicho así suena un poco absurdo, sí.
- Entonces... ¿me dejas verlas? - pregunta, y luego me guiña un ojo exageradamente.
Le golpeo el hombro con cariño y me incorporo, dispuesta a ponerme la ropa, comer algo, y peinarme.
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Bueeeno... ES MARTES Y-
Ah, no, que es miércoles. Jeje. JEJE.
Tiradme tomates, ¿vale? xDDD Por publicar con retraso.
También es cierto que ayer tuve un día ajetreado y tal, de curro y de clase de escritura. Todo el día fuera de casa :'D Pero igualmente tuve tiempo para subir y no lo hice. ¿Por qué? Porque soy boba. Muy boba. Y ya está. Me entretengo con gilipolleces y pasa lo que pasa.
En fin... qué mal xD
Y bueno, quiero que sepáis una cosa. Me he organizado mentalmente para hacer lo que tengo que hacer con este blog, y lo haré en este orden:
1. Responderé todos los comentarios atrasados.
2. Retomaré las entradas diarias.
3. Escribiré la tercera entrega de Vuestras Peticiones.
Y ya está. Espero tenerlo todo para la semana que viene porque joder, JODER, ya me vale.
En fin, como siempre agradecer a Pao Del Cid y Cgm que comentaran el anterior capítulo. ¡Os aprecio muchísimo a las dos!
También aprecio muchísimo a todos aquellos que leéis pero no comentáis :3 
Un abrazo muuuuy fuerte para todos y nos leemos el viernes con más Intoxicados.
Y perdonad el retraso de nuevo D:

21 mar 2014

[Intoxicados 17] - Pizza

Estamos nuevamente mis compañeros y yo en la zona norte de la ciudad, despejando sus calles de zombies. Apenas nos queda ya una pequeña parte, pero el problema es que se extienden y llegan a otras zonas y tenemos que estar totalmente seguros de que no queda ninguno, porque si se le dice a la gente que vuelva a sus hogares y queda alguno, el virus podría expandirse nuevamente.
Así que estamos revisando un edificio, el interior, cuando oímos un grito. Me sorprendo porque no debería haber nadie aquí, debería haber sido todo evacuado, pero parece ser que hay un humano. 
El jefe de mi grupo me indica a mí y a otro que le sigamos, y eso hacemos. Nos dirigimos a la zona donde ha sonado el grito, que va seguido por más chillidos y pasos rápidos pero cortos. Alguien que parece desplazarse y que sigue gritando a intervalos.
Subimos un piso, y luego otro, hasta que tras girar una esquina oímos el chillido viniendo de dentro de uno de los apartamentos. Tiramos la puerta abajo y descubrimos, frente a nosotros, la espalda de un zombie. Sin dudar el jefe le pega un tiro en la cabeza, y el ser se desmorona a nuestros pies, mostrando después un hombre de mediana edad totalmente pegado a una pared, con puro terror en sus ojos.
Es entonces cuando me acuerdo de los dos hermanos que murieron a mis manos. Entré en un edificio, buscando tanto refugio como comida, y me encontré con un par de hombres. Les apunté con una pistola que había conseguido de un policía muerto, asustada, temiendo que pudieran hacerme algo, pero ellos me tranquilizaron y dijeron que no pasaba nada. Me propusieron unirme a ellos, y estaba tan desesperada que acepté.
Mas aquella primera noche, en aquel piso, me despertaron unas manos acariciando mis muslos por encima de los pantalones. Me alejé automáticamente y descubrí que se trataba de uno de los dos hermanos, que enseguida atrapó mis muñecas y las puso a ambos lados de mi cabeza, apoyando su peso sobre ellas.
Sus palabras sonaban asquerosas a mis oídos, y le pegué una patada para que se apartara de mí. Intenté huir, aunque el otro hermano me atrapó, metió las manos por debajo de mi ropa, comenzó a tocarme. Luchaba con todas mis fuerzas pero a cada segundo que pasaba me veía más atrapada y más desnuda. Temía que acabaran por violarme, pero logré tomar una de sus armas y disparé, sin acertar demasiado, contra ambos. 
Pero acerté lo suficiente como para reducir su movilidad, lo que me permitió dispararles a quemarropa. No disfruté aquello, pero por primera vez no lloré por matar a alguien.
Esta vez no es así. El hombre se acerca nosotros, se arrodilla con gesto desesperado, dejando caer sus lágrimas, y se abraza mis piernas. Me está tocando los muslos, también, como aquellos hermanos, pero de una manera distinta. Parece un niño abrazándose a las piernas de su madre. Tiene el mismo llanto desesperado.
Es por ello por lo que me ofrezco voluntaria a llevarle a la nueva barricada norte.
***
Llego a casa agotada. En cuanto me quito la máscara de gas emito un profundo suspiro de cansancio, apoyo la espalda contra la pared y me deslizo por esta hasta llegar al suelo. 
Es entonces cuando aparece Kiyoshi vestido únicamente con una camiseta y unos calzoncillos. Le miro, frunciendo el ceño con confusión, y veo cómo se apoya en la pared, pone cara de seducción exagerada y cambia la voz para decir:
- Hola, nena.
Echo a reír sin poder evitarlo, y él empieza a decir: "¿Qué? ¿No es sexy? Yo pensé que te lo resultaría. Me preparo para darte una sorpresa y tú me lo pagas con risas. Muy bonito, ¿eh? Muy bonito", lo cual sólo hace que me ría aún más.
Acabo medio tirada en el suelo, y para cuando vuelvo a mirarle, está con los pantalones puestos.
- Habría sido más sexy si hubieras ido con pantalones y sin camiseta - le comento, limpiándome una lágrima de la risa que me ha dado.
- Pero eso es terriblemente común - comenta él - Quería darle un toque diferente al asunto. Pero que vamos, si quieres... - añade, y sin dudarlo se quita la camiseta.
Aunque a pesar de la seguridad con lo que lo ha hecho, se sonroja levemente y mira a un lado, intentando mantener un gesto neutro.
- ¿Se supone que tengo que mirar lo buenorro que estás? - le pregunto, con sorna.
- ¿Acaso no lo estoy? - dice, y se pasa una mano por unos abdominales apenas marcados.
- Bueno, no estás mal - respondo yo, mirando las zonas por las que va pasando su mano.
Hasta que me doy cuenta que está bajando demasiado y alzo la mirada, con una ceja enarcada, para encontrarme unos ojos llenos de curiosidad y unas mejillas un tanto enrojecidas.
- No te voy a mirar ahí - digo, y él emite un profundo suspiro de alivio.
- Pues menos mal, porque me daba un poco de vergüenza que lo hicieras - dice, eliminando toda pose sensual.
- ¿Entonces para qué bajas la mano a esa zona? - le pregunto, mientras me levanto.
- Tenía curiosidad por saber hasta donde mirarías - contesta él - Además de que, bueno, algún día lo harás.
Río suavemente y me acerco a él, descalzándome en el pequeño descansillo, para después acariciarle sensualmente con un dedo la mandíbula y decirle en tono bajo:
- ¿Quién dice que no lo he hecho ya?
Le guiño un ojo y voy para el salón, donde me encuentro una pizza preparada y aún humeante.
- No puedes jugar así con mi libido, Saya - dice, en el pasillo, antes de llegar al salón.
Se sitúa a mi espalda, porque me he quedado quieta en el umbral de la puerta, y pasa los brazos por mi cadera, abrazándome desde atrás.
- Sé que no es mucho, pero supuse que vendrías cansada - me dice.
- Es un detalle - respondo, sonriendo, y apoyando un poco del peso de mi cuerpo en él.
- Podría haber hecho más, la verdad, pero la cocina y yo som- 
Le interrumpo girándome y poniéndole un dedo sobre los labios. Paso los brazos por sus hombros, ahora cubiertos por una camiseta, mientras siento sus manos en mi cintura, y le doy un beso suave. Me separo de él para dedicarle una sonrisa y le digo:
- Gracias.
***
El tiempo pasa a su lado tan rápido que me parece que a cada pestañeo pasan horas. De pronto son las tantas de la madrugada, y aquí estamos, de risas, aunque ya con sueño. Pero llevamos horas hablando, picoteando cosas, bebiendo refrescos, con la tele de fondo. Ahora mismo ponen una película de serie B sobre una invasión de plantas carnívoras parlantes que devoran a los humanos.
Pero a nosotros el argumento de la película no nos importa. Nos importa que estamos aquí, los dos, hablando y compartiendo momentos juntos, conociéndonos un poco más. Me siento como en una pequeña fiesta, cuando el ruido de la misma sigue a tu alrededor, pero tú te cierras a la conversación que tienes con alguien y el mundo se reduce a los dos.
Pero sé que no tengo que irme a casa, ni andar pensando en madrugar, ni nada de eso. Estoy completamente relajada.
De pronto Kiyoshi mira a la televisión con gesto sorprendido, y cuando intento preguntarle qué ocurre, me hace callar levantando la mano. Se queda mirando a la pantalla, y yo también, porque no sé qué pasa. Al rato relaja su cuerpo, vuelve a mirarme y dice esbozando una sonrisa triste:
- Esa melodía que está sonando... solía tocarla para mi novia
- Si quieres cambiamos de canal - digo, pero él niega con la cabeza.
- No, tengo que empezar a enfrentarme a esos recuerdos - responde, y luego me señala con su vaso inclinándolo un poco - Y tú deberías hacer lo mismo, porque lo que te despertó a gritos hace unas semanas no fue una simple pesadilla.
- Me enfrento a ello a diario, Kiyoshi - le digo, seriamente - Todos los días, desde que me despierto hasta que me duermo y, a veces, como has podido comprobar, también durante el sueño.
- ¿Por qué me dijiste que no eras buena persona? - me pregunta, y bajo la mirada.
- Porque... no creo que lo sea - respondo, en tono un tanto triste, y antes de que pueda preguntarme algo más, añado - Si realmente quieres salir conmigo, tienes que saber algunas cosas de mí.
- ¿Qué cosas? - pregunta, con cierto temor.
- Yo... - digo, y luego trago saliva - Yo he matado a gente. A personas. No a zombies. A personas.
Su respuesta provoca un tenso silencio. Miro su rostro, entre sorprendido y atemorizado. Parece estar pensando en algo.
- ¿Y por qué lo hiciste? - me pregunta de pronto, asustado - Dime que fue para sobrevivir.
- Y porque me lo pidieron, también - respondo, y veo el alivio en sus ojos.
- ¿Cómo alguien puede pedirle que lo mates?
- Gente que es mordida. Gente que no quiere convertirse en un bicho sin conciencia. Gente que quiere morir conservando su humanidad - respondo, sintiéndome repentinamente triste - Un compañero de trabajo, una amiga, un padre.
- ¿Mataste... a tu padre? - me pregunta, y noto cómo mis ojos se empapan en lágrimas.
- ¡Y a mi mejor amiga! - grito, estallando - ¡Y a un compañero! ¡Y a unos que intentaron matarme! ¡Y a otros que casi me violan!
Me llevo las manos a la cara y comienzo a llorar, con sollozos que se convierten en gritos cortos, con balbuceos que ni yo entiendo. Maldita sea, tenía que sobrevivir, tenía que seguir adelante y luchar por mi vida... pero a la vez es tan horrible.
Entonces noto las manos de Kiyoshi atrapando mis muñecas, haciendo que deje de taparme el rostro. Hago fuerza porque necesito encerrarme en mí misma un rato y porque no quiero que me vea tan mal, pero tiene más él, así que prácticamente me obliga a dejar las manos en el suelo, y a que levante la cabeza. Hace que me calme, con palabras, y evitando que me encoja sobre sí misma, evitando movimientos de cierre.
Al final acabo tumbada en el suelo, con la cabeza apoyada en sus piernas, todavía sollozando, pero mucho más tranquila. Acaricia mi cabello, y entonces, me dice suavemente:
- Estoy intentando comprender por todo lo que has tenido que pasar, pero lo único que logro pensar es que haré que seas feliz. Por mucho esfuerzo que me cueste. Te lo mereces.
Me quedo mirándole unos instantes, y luego cierro los ojos. No sé si me lo merezco o no, pero lo que no puedo negar, es que me hace sentir bien, y que no voy a negarme a algo así.
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Creo, CREO, que con esto ya se han sabido las siete personas que mató Saya: estos dos tipos de este capítulo, los dos que intentaron atacarla, su padre, su mejor amiga... y su compañero de trabajo.
Pero bueno, en este capítulo gracias a su ayuda ha conseguido salvar a una persona más :3 Y ya iréis viendo respecto a este tema lo que va pasando.
Bueno, os cuento más cosas... quizá, Y SÓLO QUIZÁ, haga otro blog para la siguiente historia; porque de momento tiene dos partes ._. No está escrita ni la primera, pero es que estoy planeando una segunda, aí que he pensado que quizá otro blog para seguirla estuviera bien... pf, no sé. Ya veré xD Pero voy adelantando por si las moscas, aunque de Intoxicados todavía nos quedan unas semanas.
Por otra parte, todavía sigo escribiendo la tercera entrega de Vuestras Peticiones. No acaba de gustarme una de las tres que me pedisteis (no la petición en sí, si no cómo me ha quedado), pero bueno, ¡lo conseguiré! No lo dudéis.
Bien, respecto al siguiente capítulo, le tocaría narrarlo a Kiyoshi... pero cometí un error y me he dado cuenta de que lo escribí narrando desde Saya -__- Así que nada, el siguiente también por Saya.
Y... creo que nada más. Muchas gracias a Pao Del Cid y Cgm por haber comentado el anterior capítulo. ¡Sois estupendas, chicas! ^^
Un abrazo muy fuerte para todos, Y A VER SI ESCRIBO MÁS PARA EL RETO DE 2014, NARICES xDDD
Si es que pecando tanto de pereza no voy a ningún lado.